Decíamos ayer que en la biografía marítima del capitán Agustín Gibernau, escrita de su puño y letra, se echaban en falta dos misiones de especial relevancia: su etapa al mando del ALICANTE durante la guerra del Rif; y el viaje a la costa sudamericana del Pacífico con el ISLA DE PANAY a fin de abrir una nueva línea comercial con Chile, Perú y Ecuador
Respetemos la cronología. El 16 de junio de 1918, Gibernau era relevado en el mando del CATALUÑA para enrolarse como capitán en el ISLA DE PANAY. Escribe Vicente Sanahuja:
Aquel mando suponía el reconocimiento a su valía por parte de la Compañía Trasatlántica, ya que era una misión comercial que, aunque desarrollada brillantemente por el capitán Gibernau, estaba condenada al fracaso debido a la mala gestión política de la Compañía, ya en horas bajas.
(…) En aquellos años ya mandaban más los contables que los emprendedores de ingenio; la política mandaba sobre las razones comerciales, no había cerebro y los condicionantes económicos del grupo de compañías se imponían sobre los técnicos de la naviera.
El viaje se inició en Barcelona el 19 de julio de 1918 y culminó en el mismo puerto el 29 de noviembre, tras doblar el cabo de Hornos de ida y vuelta, atravesar el canal de Magallanes y tocar los puertos de Punta Arenas, Valparaíso, Antofagasta y El Callao.
El diario La Vanguardia, edición del 30 de noviembre de 1918 constataba que el viaje había sido todo un éxito, que la actuación del capitán y la tripulación había sido magnifico, pero que la presencia del PANAY en esta línea fue flor de un día; todo un fracaso comercial a pesar del ruido de fondo generado.

La misión del ALICANTE
Tras pasar por el SANTA ISABEL y por el SAN CARLOS, en octubre de 1919 los directivos de personal de Trasatlántica destinaron al capitán Gibernau al vapor ALICANTE. Este buque -comenta Sanahuja- se convertiría en hospital flotante, junto al CLAUDIO LOPEZ Y LOPEZ, y “a pesar de sus inadecuadas instalaciones, al mando de don Agustín Gibernau se haría famoso en las guerras marroquíes e incrementaría la leyenda de su capitán».
Por los servicios prestados en el ALICANTE, elogiados de forma unánime, el capitán Gibernau recibió en marzo de 1923 la medalla de oro de la Cruz Roja. Aunque tal vez la mayor recompensa fue la decisión de la naviera de otorgar a Gibernau el mando de uno de sus mejores buques, el vapor que nació como SCOT, después OCEÁNA y acabó como el segundo ALFONSO XIII.

Siguió alimentando su leyenda. El ALFONSO XIII (segundo) cayó en un ciclón tropical en febrero de 1923. Los pasajeros y la prensa declararon que el capitán manejó con extraordinaria pericia la situación y que estuvo a punto de ser arrastrado por una ola gigantesca que le golpeo mientras permanecía en el alerón. A su saber profesional añadía Agustín Gibernau una notable cultura y unas dotes personales que le hacían especialmente apto para mandar un gran buque de pasaje, donde en cada escala era habitual celebrar algún banquete o acto similar con las autoridades del puerto. De modo que la naviera decidió en 1927 entregar el mando del tercer ALFONSO XIII, recién salido de astillero, al capitán Agustín Gibernau, aunque poco después se lo pensaron mejor y el 1 de diciembre de 1927 le nombraron capitán inspector con residencia en Barcelona. Vicente Sanahuja calcula que hasta ese momento, Agustín Gibernau había superado de largo el millón de millas navegadas.
La quiebra social que provocó la guerra civil
La historia se repetía. Como capitán inspector, Gibernau cumplió con talento y eficiencia cuantas misiones se le encomendaron y resolvió con acierto los problemas que surgían del día a día de los buques. Así que en febrero de 1936, Trasatlántica nombró al capitán Gibernau inspector general de buques y servicios, y jefe del personal de mar.
Escribe Vicente Sanahuja que Gibernau “fue baja en la compañía Trasatlántica injustamente el 31 de enero de 1939, por motivos políticos, debido a la guerra civil española. Era una víctima más de la irracionalidad de una dictadura militar”.

De los años de posguerra se tienen pocas noticias. Consta que, en febrero de 1943, la Gerencia de Buques Mercantes para Servicios Oficiales anunciaba al capitán Gibernau que debía trasladarse a Cádiz para tomar el mando del vapor RIA DE VIGO, que fue adjudicado a la Empresa Nacional Elcano en julio de ese año y vendido en 1948 a la Naviera Morey, de Barcelona, donde el capitçan de la marina mercante Agustín Gibernau Maristany debió navegar hasta su jubilación en abril de 1952.
Poco después de jubilarse, “como una maldición que asola el alma de los mejores hombres”, murió a los 71 años, en Masnou, el capitán Agustín Gibernau Maristany.
Vicente Sanahuja cierra el libro con estas palabras:
Pasados los años, serenas las almas y reposado el tiempo, no podemos menos que, humildemente, escribir estas líneas sobre este notable hombre bueno, de aquellos a quien la historia nunca les hace justicia, que deberían perdurar por siempre en la memoria de sus queridos familiares, amitos y paisanos, ya que escribieron, como en este caso, brillantes páginas de ciencia marinera, humanidad y bondad más allá de lo que manda el deber y la dignidad humana… Acerba semper et minmaturamors eorum qui inmortale aliquid parant.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada muestra al capitán Agustín Gibernau Maristany poco antes de ser nombrado capitan inspector de Trasatlántica. La obra pude verse en el Archivo Histórico Municipal de Masnou.
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