NAUCHERglobal dedicó varios meses a publicar por tramos un trabajo de investigación del capitán de la marina mercante y periodista Eugenio Ruiz Martínez demoledor de las falacias, mentiras y medias verdades sobre el naviero Antonio López López, primer marqués de Comillas, fundador de la Compañía Trasatlántica, al que una alcaldesa de Barcelona exaltada e intolerante, Ada Colau, derribó del pedestal que le había construido el empresariado catalán en 1884, un año después de su muerte. La alcaldesa, que en su haber tiene grandes logros para la ciudad, menospreciaba (no sé si ya ha aprendido) a los emprendedores con éxito y odiaba a quienes creen en la nación española y consideran que la monarquía constitucional es un régimen político que ofrece estabilidad democrática. Y eso fue justamente la figura de Antonio López y de su sucesor Claudio López Bru. Sorprendente fue descubrir que la fuente de donde manaban las falsedades sobre el naviero era una única persona, Martín Rodrigo Alharilla, dedicado, entre otras, a historiar las empresas de los comillanos. Su trabajo de investigador consistía en tomar los datos que de alguna manera podían perjudicar la memoria de López desechando todo lo que fuera en dirección contraria. Un sectarismo que culmina al considerar válidas y ciertas las idioteces y mentiras que el yerno de Antonio López, carcomido de envidia y rencor, escribió en un panfleto infame, ignorando que el tal Pancho Bru escribió tres panfletos, a cual más miserable, y que un sencillo análisis al alcance de un estudiante de primero de carrera habría llegado a la conclusión de que las afirmaciones del rencoroso eran pura invención para perjudicar a su yerno y a su hermana. Bien es verdad que Alharilla ha podido gozar de unos cuantos corifeos, tan sectarios como él, que dan por buenas las patrañas (ninguna prueba se aporta, sólo insidias) sobre la actividad negrera de Antonio López y le añaden alguna pincelada, como por ejemplo afirmar que el primer buque de Antonio López, el GENERAL ARMERO se dedicó a la trata, algo materialmente imposible examinado el tipo de barco y la documentación de su actividad.

Incluso una persona que pugna por ser veraz y ecuánime, y objetivo en sus juicios, como Vicente Sanahuja, autor de las biografías de los buques que comentamos, ha caído en la trampa y cita como fiable la siguiente afirmación de Alharilla en su libro ‘Los marqueses de Comillas, 1817-1925. Antonio y Claudio López’: De hecho eran las subvenciones de Ultramar (sic) las que garantizaban la supervivencia de una empresa que sin las mismas se hubiera declarado en quiebra. No es exagerado afirmar que, sin las ayudas estatales, la Trasatlántica era un negocio ruinoso.
Es decir, afirma Alharilla que Trasatlántica era un bluf, una empresa corrupta que sólo se mantenía de las «ayudas» del Estado, un negocio ruinoso. Una afirmación falsa, pues no eran «ayudas» ni «subvenciones», sino el precio contratado por un servicio conseguido en pugna con otros navieros, que demuestra la inquina de Alharilla contra el fundador de Trasatlántica (¿por qué esa aversión, impropia de un historiador digno de tal nombre?), pues ignora y desecha la historia de la empresa y de todas las navieras que competían con Trasatlántica y ganaban dinero; ignora también la trayectoria del empresario Antonio López, plagada de negocios brillantes y rentables, Trasatlántica entre ellos. Es más, el lazo que unía a la naviera con el Estado resultó al fin perjudicial para Trasatlántica, obligada a cumplir unas duras exigencias a un precio congelado, en momentos en los que de haber podido dedicar sus buques a otros tráficos hubiera ganado mucho dinero. En fin, obviedades que MR Alharilla y sus corifeos desconocen o no quieren saber para no estropear su discurso doctrinario. Sin el contrato con el Estado, Trasatlántica hubiera podido poner sus buques en tráficos con fletes altísimos. Para Trasatlántica, el trato con el Estado acabó por ser su ruina, o al menos una parte importante de su ruina. Pero el insidioso Alharilla, que debería saberlo (y que tal vez lo sabe), opta por una afirmación que demuestra su mala fe y su ignorancia intencionada. De ser un historiador cabal, Alharilla debería, si acaso, cuestionar la generosidad del patriotismo monárquico de Antonio López o el vaticanismo a ultranza de su hijo Claudio López como causas comprobables, entre otras, de la ruina final de Trasatlántica. Pero los innobles prefieren destruir sin entrar en enredos ideológicos. Mentira es afirmar que la Trasatlántica era un negocio ruinoso que sólo se mantenía por las subvenciones, dinero regalado. Y mentira es denigrar sin prueba alguna a Antonio López como un empresario dedicado a la trata, es decir a transportar cautivos de África para esclavizarlos en Cuba.

La devoción del marqués don Claudio
Casi legendaria es la devoción y amor por el Vaticano que embargaba a Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas y heredero de su padre al fallecer de forma súbita el hermano mayor. En todas las biografías de buques de Trasatlántica recoge Vicente Sanahuja alguna anécdota o suceso que tiene que ver con el trato de favor con que eran tratados los religiosos católicos en los buques del marqués. El ISLA DE PANAY no fue una excepción.
En el viaje a Manila de abril de 1886, embarcó en el PANAY el sacerdote y poeta Jacinto Verdaguer, capellán de los López en el palacio Moja de Barcelona. Desembarcó en Port Said para de allí dirigirse con varios acompañantes a los santos lugares del cristianismo. Y en ese mismo viaje embarcaron a última hora en Barcelona cuatro padres y cuatro hermanos de la orden de los capuchinos que iban de misión a Filipinas. Como no había alojamiento en camarote para los misioneros y el pasaje iba completo, comenta Sanahuja que por orden gubernamental desde Madrid se desembarcó parte de la carga para embarcar la suya, no muy profesionalmente, y se construyeron en cubierta doce camarotes para los religiosos; la labor de los carpinteros a bordo era fundamental e imprescindible y la de la Iglesia a la hora de manipular políticamente era bien conocida.
No es ocioso recordar aquí la costumbre de los buques de Trasatlántica de rezar el rosario todas las noches y celebrar misa a bordo los domingos por el capellán del buque o por algún sacerdote u obispo que figurara como pasajero. La vehemencia de Claudio López para con el Vaticano llegó al extremo -uno más- de gastar una fortuna para llevar de viaje a Roma a un numeroso grupo de obreros (es de suponer que arrancados de las garras sindicales y socialistas).

El accidente del práctico Veiga, en el puerto de Vigo
El día 1 de noviembre de 1887, a la entrada en Vigo, la lancha del práctico, al salir a por el PANAY, dio la voltereta a consecuencia del mal tiempo y fallecieron éste y los tres marineros que llevaba. Sobre este triste hecho, la Gaceta de Galicia, en su edición del 3 de noviembre de 1887, citando ‘La Concordia de Vigo’, anotaba:
EI temporal de anoche ha causado en esta ría cuatro víctimas. El mar arrojó ayer a la playa de Balea cuatro infelices marineros, que a las once y media de la noche del sábado habían salido del muelle de piedra en dirección a las islas Cíes, para esperar allí al vapor ISLA DE PANAY y conducirle a puerto. Como ninguno de estos ha sobrevivido a la catástrofe, imposible es saber a ciencia cierta lo que habrá ocurrido, pero teniendo en cuenta el estado en que fueron hallados la embarcación y los cadáveres es de presumir que una racha de viento habrá volcado aquella estrellándola contra las rocas de Balea, y que los náufragos lucharon algún tiempo con las olas, siendo por fin impotentes sus esfuerzos para ganar a nado la playa.
Dos de los cadáveres estaban completamente desnudos y con bastantes heridas en la cara y en el cuerpo. El práctico de número, Manuel Veiga apareció con la cabeza destrozada. Hacía poco que ingresara en el cuerpo, tenía 32 años, era viudo y deja en triste orfandad a dos niños de corta edad. Uno de los tripulantes era hermano de éste [el práctico], recién casado y fue la otra noche la primera vez que hacía servicio en bote de practico. Todos ellos vivían en la Ribera del Berbés.
Anoche fueron conducidos sus cadáveres al cementerio de esta ciudad, donde después de practicada la autopsia, recibirán cristiana sepultura. ¡Descansen en paz!
Tras la cita, Sanahuja comenta una afirmación del almirante Julio Guillen Tato en el libro ‘El Lenguaje Marinero, Discurso leído ante la Real Academia Española el día 23 de junio de 1963, en su recepción pública, por el Excm. Sr. D. Julio F. Guillen’: El empleo de la metáfora alcanza, en muchas ocasiones, sutilezas inefables. Una de estas, según él autor citado, era la siguiente: Las hay que aliñan lo patético con cierta ironía, tal que «salvarse con arena en los bolsillos’: que es como arroja la mar los cadáveres a la playa. La visión de un cadáver en la playa bien merecía semejante ironía, concluye Sanahuja.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada es una acuarela del vapor ISLA DE PANAY cargando el hierro en una rada tropical en medio de una mar bruñida y cristalina, obra de Palmira Domingo Cornadó, publicado en la página 7 de la obra de Vicente Sanahuja sobre el buque.
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