El SCOT rindió su último viaje a la colonia de El Cabo entre el 25 de julio de 1903, cuando partió de Southampton, y el 12 de septiembre en que atracó en el puerto base, algo más de 6.000 millas navegadas, con 108 pasajeros, 554 sacas de correo y un buen número de paquetes postales y oro sudafricano por valor de más de 250.000 libras esterlinas. Agotó todo el año 1904 esperando un nuevo futuro. Tras pasar por dique para limpiar fondos, en octubre de 1905 se ultimaba la venta del SCOT, rey indiscutible de la línea sudafricana, a la naviera alemana Hamburg Amerika Linie, que lo bautizó con el nombre de OCEANA y el propósito de dedicarlo a un tráfico nuevo entre Nápoles y Alejandría. Pero se lo repensaron y decidieron que el viejo SCOT haría mejor papel como yate oceánico en viajes de crucero intercalados con la línea a Egipto. El primer crucero sirvió para transportar y acoger a los participantes en el XV Congreso Internacional de Medicina y Cirugía, que había de celebrarse en Lisboa del 19 al 26 de abril de 1906.

La Hamburg Amerika había iniciado en 1893 los primeros servicios de cruceros de placer conocidos. En verano, salían de Hamburgo hacia los parajes de la costa noruega, hasta el cabo Norte y el sol de medianoche, los majestuosos fiordos y los pequeños pueblos de pescadores. En 1907 estos cruceros tenían una duración de 22 días. Debe tenerse en cuenta –apunta Vicente Sanahuja– que las infraestructuras en casi todos estos puertos eran casi nulas y los desembarcos de los pasajeros se efectuaban por medio de los botes de vapor, que llegaban a pequeños y frágiles muelles de madera perdidos en la inmensidad salvaje de la naturaleza; debía ser toda una experiencia impensable para los estándares actuales.
Los cruceros al cabo Norte nos han dejado un considerable número de extraordinarias fotografías tomadas por los cruceristas y conservadas o reproducidas en diferentes museos y libros. Sanahuja no ha resistido la tentación de incluir un buen número en su obra sobre el segundo ALFONSO XII, fotos bellísimas de un mundo virgen que ya no existe.

Los cruceros al círculo polar ártico se combinaban con otros hacia el Sur o con viajes especiales con colectivos homogéneos. De esta clase fue el crucero iniciado el 1 de septiembre de 1908. Lo narraba así el diario ‘El Progreso’ de Santa Cruz de Tenerife, del 24 de agosto:
Confirmase que el día 10 de septiembre llegará al puerto de Santa Cruz el vapor OCEANA, yate de recreo de la Hamburg-Amerika Linie con 330 médicos alemanes que están haciendo un viaje de estudios con cuyo fin se quedarán unos seis días en dicha población. Antes de llegar a esta isla el yate tocará en los puertos siguientes: Ostende, Isle of Wight, San Sebastián y Madeira, y de vuelta para Hamburgo en los de Tánger y Lisboa. La excursión se hará bajo la dirección del profesor doctor E. Von Leyden.
En San Sebastian, los físicos alemanes fueron recibidos por el rey Alfonso XIII, que acababa de llegar de Cowes, vía París, donde había pasado unos días regateando, de acuerdo con la anotación de Sanahuja.

El siguiente crucero organizado a bordo del OCEANA tenía por destino las Indias occidentales. Salió de Hamburgo el 5 de enero de 1909, llegó a Nueva York el dia 17 y realizó desde ese puerto base, diversos cruceros por las islas del Caribe. En mayo de ese mismo año regresó a Hamburgo para una nueva temporada de cruceros al norte.
Bajo banderas de Norteamérica
A finales de 1909, el OCEANA fue fletado por Quebec Steamship Company, sociedad filial de una naviera canadiense, la Bermuda-Atlantic Steamship, creada en Toronto por inversores americanos, que tenía su sede operativa en Nueva York. Tenían intención de dedicar el glorioso yate de crucero a una línea regular entre Nueva York y las Bermudas. El primer viaje del OCEANA en esa línea se inició el 15 de enero de 1910 desde la gran urbe estadounidense. En un viaje posterior, al OCEANA le cupo el honor de transportar a Mark Twain, gravemente enfermo, desde Hamilton a Nueva York. Una semana después de desembarcar, el 21 de abril de 1910 moría el gran escritor en su casa de Redding.
En julio de 1910, el OCEANA regresó a Hamburgo para la campaña de cruceros al cabo Norte, finalizada la cual el buque fue vendido a la Bermuda-Atlantic por 40.000libras esterlinas, que lo matriculó en Toronto y le puso bandera canadiense. El OCEANA realizó su primer viaje como buque canadiense en enero de 1911, entrando de lleno en la feroz competencia entre navieras por la línea Hamilton (Bermuda)-Nueva York, con bajadas de precio temerarias y carreras suicidas de velocidad entre buques. En uno de esos viajes, comentando la extraña desaparición del médico de a bordo, Nicola de Attleboro, que probablemente se suicidó tirándose al mar, Vicente Sanahuja escribe: Era otro de aquellos misterios que, cuando ocurrían a bordo de un buque, eran muy difíciles de resolver; el océano se tragaba los cadáveres y con ellos las evidencias.

Casi por sorpresa, en junio de 1912, la Bermuda-Atlantic entraba en suspensión de pagos y el OCEANA quedaba en poder del síndico de quiebras que traspasó la propiedad a Morse Dry Doks, el astillero acreedor con la mayor deuda impagada, que mantuvo al buque inactivo hasta 1914. Los motivos de tal quiebra fueron las deudas impagadas de algunos créditos utilizados para la compra de buques, aunque tuvo también mucha culpa la actuación de algunos directivos venales que actuaban por su cuenta contra los intereses de la compañía. Escribe Sanahauja:
De esta forma, por egoísmo, incompetencia, avaricia o mala praxis, murieron y morirán miles de empresas que bien gestionadas hubieran dado jugosos beneficios y bienestar social; son las consecuencias del llamado capitalismo liberal, en que lo único que importa es el dinero en sí mismo.
El OCEANA fue objeto en 1914 de diversas operaciones y simulacros de fletamento y venta. El dueño de Morse Dry Doks era también propietario de una naviera, Hudson Navigation Company, empresa a la que utilizó para matricular el buque en Nueva York a resguardo de la bandera de los Estados Unidos de América. Con esa protección y merced al inicio de la primera Guerra Mundial, el OCEANA fue de nuevo puesto en servicio, en diciembre de 1914, para la línea a Bermuda, aunque Sanahuja no ha encontrado nada que pueda probar que realizó algún viaje en ese tiempo. Los últimos coletazos del viejo SCOT con el nombre de OCEANA los resume así Vicente Sanahuja:

Del 10 de diciembre de 1914 al 8 de marzo de 1915, y aunque la propiedad del buque era de Morse Dry Dock, la Bermuda American Steamship Company ordenó una serie de trabajos de mantenimiento y reparación valorados en 100.000 dólares por los astilleros. Aun en 1917, la situación legal todavía coleaba y el poco recomendable socio Chas W. Morse iría a juicio reclamándole a la antigua naviera, aquella cantidad (…)
El 13 de agosto de 1915, a través del bróker marítimo John Preston, se extendía un recibo al representante de Trasatlántica, Francisco García de los Ríos, que justificaba el cobro del 10 por ciento del valor pagado por el buque OCEANA comprado a Morse Dry Dock; aquel buque que era ya casi obsoleto tendría su última juventud bajo la contraseña española. Trasatlántica pagaría por él 56.500 libras esterlinas; vistas las fechas y el buque, aquella era una buena operación comercial.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica.
NOTICIAS RELACIONADAS
Un proyecto de excepcional valor cultural. Treinta biografías de buques de Trasatlántica
PROYECTO TRASATLÁNTICA. El tercer ALFONSO XII, un vapor de pompa y circunstancia (1). Nacido HAVEL
PROYECTO TRASATLÁNTICA. El tercer ALFONSO XII, un vapor de pompa y circunstancia (2). Pobre METEORO
PROYECTO TRASATLÁNTICA. El primer ALFONSO XII, un barco de leyenda (1)
PROYECTO TRASATLÁNTICA. El primer ALFONSO XII, un barco de leyenda (y2)
PROYECTO TRASATLÁNTICA. El segundo ALFONSO XIII, un milagro de belleza (1). Primero fue SCOT

