En septiembre/octubre de 1893, el segundo ALFONSO XII trajo a la Península desde La Habana a la la plantilla de dirección del ‘Diario de la Marina’. Escribe Vicente Sanahuja que era el más importante y más antiguo de los periodicos coloniales. De apoyo total al Gobierno de la nacion y favorecido y protegido por ésta fue toda una institución sin la que no se entiende la historia y vida en las Antillas. Y reproduce de ‘La Ilustración Española y Americana’, edición del 8 de febrero de 1896, Año XL, Numero V lo siguiente:
El Diario de la Marina cuento cincuenta y seis años de existencia próspera, en que el favor del público no le ha faltado un solo día, ni la consideracion de las autoridades que han regido el país. La fundó D. Isidoro Arango de Lira, muerto el año de 1861, en desafio, por D. Benjamín Fernández Vallin, fusilado la víspera de la batalla de Alcolea, por el coronel Cevallos Escalera. Han figurado en su dirección hombres ilustres en todas las carreras: ingenieros como D. José Ruiz León y D. Manuel Fernández de Castro, magistrados como D. Ignacio Gonzalez Olivares, politicos como D. Dionisio Alcalá Galiana, altos empleados como D. Femando Fragoso, D. Luciano Pérez de Acevedo y otros periodistas. De su administración han salido dos directores, D. Gabriel Diaz Granados y D. Victoriano Otero. Dirigelo en la actualidad el Sr. D. Nicolás Rivera, á cuya iniciativa debe el diario las grandes reformas que en estos momentos introduce en sus paginas, y que fue, hace poco tiempo, víctima de una agresión tan falaz como indigna, hábil y traidoramente preparada por despechados y ruines enemigos.

El Diario de la Marina, pertenece á una sociedad anónima que, más que el lucro, persigue el bien del país, al que el periódico consagra sus esfuerzos. Al frente del Consejo administrativo de esa empresa so halla el Sr. D. Prudencio Rabell (…) acaudalado industrial, propietario y hombre de grandes y generosas iniciativas. Es dueño de la gran fábrica de cigarros La Legitimidad, con sus anexas La Hidalguía, La Honradez, Maura, El Fénix y otras; presidente también del Consejo directivo del Benemérito Cuerpo de Bomberos del Comercio; vicepresidente del partido reformista, y alma y vida del célebre Movimiento Económico. El Sr. Rabell nació en Caldetas, á siete leguas de Barcelona y llegó á Cuba el año de 1838, permaneciendo en ella basta 1841, y volvió en 1851 para no abandonar el país que tanto quiere, al que tanto debe y al que devuelve con usura en beneficios positivos, los favores con que ha recompensado su laboriosidad y honradez. Pertenecen al referido Consejo administrativo del Diario hombres de igual fama y generosos impulsos, como D, Manuel Valle, expresidente de la Diputación Provincial, coronel de voluntarios, presidente de la Unión de Fabricantes de Tabacos y del Centro Asturiano; el Conde de la Mortera, senador del Reino, jefe del partido reformista, gran propietario; D. Francisco González Álvarez, acaudalado propietario y diputado provincial; D. Ramón Arguelles, banquero, propietario, dueño de inmensa fortuna, Presidente de la Empresa Unida de los Ferrocarriles de la Habana; D. Manuel Hierro y Mármol, respetado comerciante, y D. Emeterio Zorrillo, hacendado, exbanquero y electo director del Banco Azucarero que se ha fundado en la Habana.
Dirige actualmente el Diario de la Marina, como queda dicho, el Sr. D. Nicolás Rivera y Muñiz, sobrino del ilustre chantre de la catedral de Oviedo, de igual nombre y apellido, que por su virtud y saber fue nombrado por toda Asturias el Santo…
…Ha montado un extenso servicio telegráfico que comprende las noticias de España, las de la Islas y las de toda Europa y América. Dá dos ediciones diarias, y tiene una tirada de más de 25.000 ejemplares.
El ¡Diario de La Marina’, apostilla Vicente Sanahuja, era de importancia capital para el Gobierno de la nación.
Comidas a bordo
Citando a Emerencià Roig, Vicente Sanahuja explica como eran las comidas a bordo de los veleros que coexistían con los vapores. La diferencia con respecto a éstos eran más que notables. En los veleros, el pasaje de primera clase se alojaba a popa en unos pequeños camarotes, mal iluminados, que solían dar a un salón comedor en donde se hacia la vida social y compartían experiencias con el capitán y pilotos del buque. Los de tercera clase se alojaban en sollados a proa, compartiendo vida con los marineros de a bordo.

La manutención era muy curiosa y en primera clase se componía del llamado café de popa, una infusión de café de Puerto Rico, negra, concentrada y aromática. En esta infusión, durante los primeros días de viaje, los pasajeros mojaban pan tostado o tierno que se había comprado en el último puerto de escala, y cuando éste se acababa recurrían a las galletas de calidad que los proveedores de galletas regalaban a los capitanes de los veleros. Para comer había disponible una pequeña variedad de guisados a los que se añadía un plato de bacalao o pez palo estofado o condimentado con ajo y aceite. De postres eran dispuestos churros y frutos secos, como higos, nueces o almendras, de fácil estiba y larga duración. Los domingos y festivos se mataba algún cabrito o gallina para romper la monotonía del viaje; el ganado vivo se llevaba en pequeñas jaulas a proa del buque y solía haber un tripulante encargado de su mantenimiento. Los pasajeros de tercera comían, si el tiempo era bueno, en cubierta y si no lo hacían en los lúgubres sollados. Para desayunar tomaban el llamado café de proa, que era un café claro, ligero y poco aromático,hecho con los residuos del café de popa del que disponían pasajeros de primera, capitán y oficiales, y en él mojaban galleta ordinaria. Para almorzar y cenar los tripulantes y pasajeros de tercera comían un puchero compuesto de arroz, garbanzos, tasajo y un entrante de bacalao o pez palo con habichuelas guisadas que comían en una fuente común.
En el vapor ALFONSO XII, el segundo con este nombre, estuvo enrolado el famoso cocinero de Trasatlántica Melquíades Brizuela, un genio impulsor de la gastronomía a la que aplicaba técnicas innovadoras para satisfacer sus platos de fantasía. La naviera aprovechaba la celebridad de Brizuela para encomendarle la preparación de banquetes organizados por la autoridades civiles y militares en los puertos de recalada del buque. Sanahuja cita el ágape en honor de los oficiales de dos buques de guerra rusos que coincidieron en el puerto de Cádiz con el ALFONSO XII a principios de octubre de 1893. Se celebró en el Ayuntamiento gaditano y presidieron el evento el gobernador civil y el alcalde.
Fallecimiento del capitán Gardón
La Compañía Trasatlántica realizó varios viajes transportando pasajeros y mercancías con destino final a Chicago, Estados Unidos, donde había de celebrarse, entre el 1 de mayo y el 30 de octubre de 1893 -aunque se celebraron numerosos actos conmemorativos desde el 21 de octubre de 1892- la World’s Columbian Exposition, llamada oficialmente Feria Mundial: Exposición Colombina. Se trataba de una muestra universal conmemorativa del cuarto centenario de la llegada de Cristóbal Colón al Nuevo Mundo en 1492, si bien, en realidad, como apunta Sanahuja, el objetivo era mostrar al mundo el inmenso poder de la nueva potencia mundial naciente. Y añade: se debería -y no se hizo- haber tomado buena nota del poder extraordinario del enemigo potencial al que se vería enfrentada España.

El último viaje del segundo ALFONSO XII a las Américas relacionado con la Exposición Mundial Colombina finalizó en Barcelona en diciembre de 1893, donde dejaba la carga de 6.000 sacos de azúcar mascabado y 350 sacos de café de Puerto Rico que, añade Sanahuja, daban vida por unas horas al mercado de la plaza.
El buque zarpó de Barcelona el día 25 de diciembre de 1893 para un nuevo viaje a las Antillas al mando del incansable (capitán) Gardón. El día 2 de enero salía de Las Palmas -donde desembarcó el célebre compositor, director de orquesta, organista, pianista y militar francés Charles Camille Saint-Saëns- y el 11 dejaba Puerto Rico con destino La Habana, donde llegó el 14 de enero de 1894. A las dos horas de atracar en el muelle de Trasatlántica fallecía a bordo, el capitán Antonio Gardón, marino experto y persona muy estimada tanto en Cádiz como en la capital de gran Antilla. El finado capitán ingresó en la Compañía Trasatlántica el 11 de agosto de 1879 de tercer oficial; ha mandado los vapores BALDOMERO IGLESIAS, PASAJES, VILLAVERDE, MEXICO, CADIZ Y ALFONSO XII. Antes de pasar al servicio de dicha empresa mandó diversos buques de vela (diario El Isleño, 24 de enero de 1894).
Vicente Sanahuja apostilla: el valiente Gardón había mandado, entre otros, el bergantín LOLA y la barca KIKA en viajes hacia y desde el Caribe, con lo que a su llegada a Trasatlántica ya tenía un profundo conocimiento de la línea.

Probablemente, el primer oficial sustituyó al capitán fallecido hasta la llegada del buque a Cádiz, entonces puerto base de la línea (cambiaria a Santander unos meses después). La naviera entregó el mando del segundo ALFONSO XII al capitán Francisco Moret, uno de los mejores capitanes de Trasatlántica, que gobernó el buque hasta su embarrancada a causa del acoso de un buque militar norteamericano en 1898.
El capitán Francisco Moret y Martín
José Ricart i Giralt, a quien Sanahuja califica de formidable personaje de nuestra vida marítima, escribió una separata de la Revista General de Marina, publicada en Madrid en 1928 por la Imprenta del Ministerio de Marina con el título de ‘Figuras marítimas que desaparecen’ donde ofrece su visión sobre la vida del marino Francisco Moret y Martin, y sobre la pérdida del ALFONSO XII.
Después del Vicealmirante D. Ramón Estrada y del Capitán de la Marina mercante D. Jaime Sustz le tocó el turno de pasar a la eternidad al que fue amigo nuestro de casi toda la vida D. Francisco Moret y Martín, antiguo primer piloto y Capitán decano de la Compañía Trasatlántica e Inspector de la misma.
El Sr. Moret ha estado en activo servicio hasta la hora de su muerte, pues durante estos últimos tiempos de su vida era el representante de la Compañía Trasatlántica en la Cámara de Comercio de Barcelona, muy al contrario de lo que noticiaba erróneamente un periódico al decir que el Sr. Moret hacía tiempo estaba jubilado por la Compañía Trasatlántica.
Nació nuestro biografiado en la ciudad de Cádiz en 1851 y estudió en la Escuela de Náutica, cuyo director fue el inolvidable D. Francisco Fernández Fontecha, cuyo Tratado de Navegación vino a sustituir la antigua y notable obra de D. Gabriel Ciscar. Aquel Tratado estuvo de libro de texto tanto en España como en las Repúblicas hispanoamericanas hastra que a asu vez fue sistituido el texto de Fontecha por el de Estrada (…) El sr. Moret navegó cinco años seguidos en buques de vela hasta que en 1873 ingresó como Oficial en la Compañía Trasatlántia de D. Antonio López; recorrió todo su escalafón de Oficiales hasta que en 1883 fue ascendido a Capitán con el mando del vapor VILLAVERDE, destinado a la carrera de Costa Firme y las Antillas.
Después de este vapor tuvo el mando de los vapores correos MEJICO, VERACRUZ, SANTO DOMINGO, ISLA DE LUZON, MONTEVIDEO, ANTONIO LOPEZ y ALFONSO XII; siendo de notar que después de tantos años de navegación y haber efectuado 13 viajes redondos de Barcelona a Manila, otros 10 viajes al Río de la Plata y 65 a Cuba y Puerto Rico, en su hoja de servicios no consta haber sufrido ningún naufragio, ni siquiera averías en sus buques, lo que es de admirar y demuestra el conocimiento que de su profesión tenía el Capitán Moret y la práctica en el manejo de los grandes trasatlánticos.
El Sr. Moret podremos decir era el Capitán favorito de la distinguida sociedad de Buenos Aires, y cuando en la hermosa ciudad del Río de la Plata anunciaban los periódicos la próxima llegada del vapor correo ANTONIO LOPEZ o del MONTEVIDEO, que mandaba el finado Capitán, al momento se llenaban las listas de pasajeros antes de llegar el buque a puerto. Tan grande era el crédito que gozaba nuestro biografiado en aquella República hermana nuestra.

Un hecho muy notable de mar que consta en el historial del Capitán Moret es el salvamento del vapor trasatlántico PELAYO, de la Casa naviera Roca Hermanos, de Barcelona. El correo trasatlántico ANTONIO LOPEZ, al mando del Capitán Moret, navegaba rumbo a Montevideo cuando el día 12 de mayo de 1892 avistó por la proa un vapor de mucho tonelaje con la bandera española izada y las del Códígo pidiendo auxilio. El Capitán Moret, a pesar de la mar gruesa que reinaba, se dirigió al PELAYO hasta comunicar con él, enterándose que este barco tenía roto el arbol de la hélice e inundado el compartimiento de popa. Se temía de un momento a otro que cediera el mamparo por la presión del agua y hacía cinco días que estaban en aquella situación, trabajando en el achique del agua, no tan solamente los marineros, sino que también los pasajeros.
El Capitán Moret se ofreció a trasbordar los pasajeros; mas ambos Capitanes acordaron probar a remolcar el PELAYO hasta el puerto de San Vicente de Cabo Verde, que distaba 270 millas. En recorrerlas emplearon ambos buqués cuarenta y dos horas; y a pesar de reinar mar gruesa y de haberse roto uno de los remolques, el Capitán Moret tuvo la satisfacción de ver fondear al PELAYO sano y salvo en el puerto de San Vicente de Cabo Verde, siendo acto verdaderamente emocionante el momento en que todo el pasaje y tripulación del PELAYO despedía con vivas frenéticos de agradecimiento al Capitán Moret y tripulación del ANTONIO LOPEZ, cuando este buque salió del puerto para continuar su navegación al Río de la Plata.
El Sr. Moret durante el tiempo qué duró nuestra última guerra colonial transportó con su buque ANTONIO LOPEZ, y después con el ALFONSO XII, 20.000 soldados a las Antillas, siendo milagroso que no tuviera ningún accidente ni en personal ni en material.
(…) El total de millas navegadas por el Capitán Moret ascienden a 1.015.000, cuya enorme suma representa tanto como haber dado la vuelta al mundo más de 49 veces.

El Capitán D. Francisco Moret y Martin, cuya gran modestia era bien conocida de todos los marinos, nunca solicitó recompensa alguna; mas a pesar de esto, el crédito de sus méritos pesó lo suficiente para que se le concedieran tres cruces del Mérito Naval de primera clase y una de segunda, otra del Mérito Militar de segunda clase y placas de Isabel la Católica, del libertador Bolívar y del Mérito Agrícola, de Francia; además estaba condecorado con las medallas de oro, de plata y de bronce de la Sociedad Española de Salvamento de Náufragos por salvamentos efectuados durante su larga navegación y por ser el Capitán que se interesó más por la benéfica Sociedad marítima.
El capitán Moret, concluye Sanahuja, fue un formidable personaje histórico, merecedor de las condecoraciones obtenidas; fue, también, brillante exponente de la valía de los capitanes de Trasatlántica.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada es una acuarela obra de Roberto Hernández, El Ilustrador de Barcos.
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