El 30 de diciembre de 1897, el ALFONSO XII dejaba Cádiz en demanda de Barcelona, llevando a bordo al cabecilla puertorriqueño de la revolución cubana señor Rius Rivera, quien «viajará en cámara de primera clase e ira escoltado por varias parejas de guardia civiles» según anunciaba el diario ‘El Isleño’, en su edición del 29 de diciembre de 1897. Rius Rivera era el sustituto de Maceo, y era llevado a Barcelona para encarcelarlo en el castillo de Montjuich; había llegado a Cádiz, desde Cuba, en el vapor COLON.
El 31 de diciembre de 1897 -continua Sanahuja- a las 1130 horas, el ALFONSO XII daba fondo en Barcelona y desembarcaba al líder antillano, quien, en medio de gran expectación, era trasladado al castillo de Montjuich.
El ‘Diario de Reus’, en su edición del día 2 de enero de 1898, contaba que al llegar Rius Rivera a Barcelona se dio orden a la Guardia civil para que se hiciera cargo del preso, y al efecto se dirigieron al embarcadero de la Paz tres parejas de infantería y cuatro de a caballo al mando de un teniente, quien se embarco al poco rato en una golondrina con una pareja de a pie. Al llegar a bordo del vapor-correo la citada fuerza, se le hizo entrega del jefe insurrecto, quien protesto al ver que se le iban a colocar esposas en las manos, alegando que el Consejo de guerra celebrado en La Habana le había indultado, ordenando su destierro á la Península. Por fin se le pusieron las esposas, y, acompañado de la pareja y de otra y un cabo que le custodiaban desde Cádiz, fue trasladado a la golondrina en la que trataron de interrogarle tres periodistas, a los cuales contestó diciendo que no tenía que dar explicaciones a ningún periodista. Durante el trasbordo desde el vapor al muelle, parece que solicitó que se le condujera en coche al castillo, a lo que no accedió el jefe de la fuerza, cambiándose algunas palabras algo duras. Al poner pie a tierra, fue conducido a pie al castillo, pasando por el paseo de Colon y calle del Paralelo, escoltándole la Guardia civil que fue a buscarle. Rius Rivera es de regular estatura, moreno, lleva bigote algo canoso y representa tener unos cincuenta años. Sus facciones revelan un carácter enérgico y arrogante. Vestía con elegancia gabán y sombrero hongo negro; en los dedos llevaba sortijas de brillantes. A las dos y media llegó la comitiva al rastrillo de la fortaleza, en la que ocupa Rius uno de los pabellones altos, amueblados con bastante confort. Parece que durante el día se le permitirá pasear por la muralla del segundo recinto y por la plaza de armas de aquella fortaleza.

Prolegómenos de la Guerra Necesaria
Explica Sanahuja que en 1895, la situación política y militar en Cuba se degradaba por momentos, y todos los buques de Trasatlántica, sin excepción, actuaban más como transportes de tropas que como elegantes liners. El 24 de febrero de 1895 estallaba la Guerra de Independencia de Cuba -o la Guerra de 1895- con el llamado Grito de Baire, en la que liderados por José Martí, los cubanos se alzaron contra los ejércitos españoles en lo que el líder cubano calificó como guerra necesaria.
José Martí, deportado a España en 1871 sin un juicio en regla, volvió a Estados Unidos y creó el Partido Revolucionario Cubano, luchando por conseguir unir a su causa a patriotas puertorriqueños y estudiando a fondo el porqué del fracaso de la Guerra de los Diez Años.
España, por su parte, ponía al mando del ejército colonial al general Arsenio Martinez Campos, artífice de la Paz de Zanjón, y reforzó considerablemente las tropas enviando cantidades ingentes de soldados por vía marítima.
Tras el fracaso de Martínez Campos, a quien Vicente Sanahuja califica de militar pulcro, ortodoxo e inteligente, el Gobierno español decidió enviar al general Weyler, que puso en marcha la política de “reconcetración”, confinando en campos ad hoc a millares de campesinos, muchos de los cuales acababan muriendo de hambre y enfermedades. Además, el general Weyler (bautizado por la prensa norteamericana como Butcher Weyler) mandó fusilar a cuantos independentistas caían en sus manos. Una espiral de locura -concluye Sanahuja- que acabo en 1898, con la derrota de España ante los Estados Unidos de América; los nuevos imperialistas.
En 1897, McKinley sustituía a Cleveland en la presidencia de los Estados Unidos; su equipo estaba compuesto por algunos destacados partidarios de la expansión imperialista americana, jaleados con entusiasmo por una prensa deseosa de demostrar al mundo que América, el continente, les pertenecía en exclusiva.
Muchos años después de las aciagas guerras de 1898, José Luis Asúnsolo García publicaba en la revista ‘Militaria’, número 13, año 1999, un artículo bajo el título La Compañía Trasatlántica Española en las guerras coloniales del 1898, del que Vicente Sanahuja cita los siguientes párrafos:
Las guerras coloniales del 98, que acabaron con la soberanía española en los archipiélagos del Atlántico y del Pacifico pusieron de manifiesto ante la opinión publica mundial, y ante la española en particular la fragilidad del sistema político de la Restauración y la incapacidad de respuesta de la sociedad española ante la crisis.
(…) “Hasta el último hombre, hasta la última peseta” fue una frase desafortunada que se atribuye a Cánovas, pero que Sagasta asumió plenamente. Los Gobiernos de la Regencia, incapaces de encontrar una solución diplomática, optaron por recurrir a las armas, decisión errónea que sólo consiguió prolongar una agonía política colonial que acabó finalmente en desastre. El resultado fue que España pasó de ser una potencia mundial a convertirse en una nación de segundo rango con escaso protagonismo en el contexto internacional a partir de entonces.
La tragedia del MAINE pondría fin al Imperio español y vería el nacimiento de una gran potencia imperialista; los Estados Unidos de América.
La muerte del segundo ALFONSO XII
Volvamos a la vida marítima del ALFONSO XII, fondeado en Barcelona el el 31 de diciembre de 1897, siempre al mando del capitán Moret. He combinado los textos de José Ricart y Giralt (‘Figuras marítimas que desaparecen’, separata de la Revista General de Marina, publicada en Madrid en 1928 por la Imprenta del Ministerio de Marina); y Rafael González Echegaray (‘Los nueve cruceros de la Trasatlántica’, Revista General de Marina, febrero de 1962), ambos citados por Sanahuja en la biografía del segundo ALFONSO XII.

El 7 de enero de 1898 llegaba a Málaga, y el 8 estaba en Cádiz, saliendo hacia Puerto Rico y Cuba el día 10 de enero con 11 jefes y oficiales, 4 suboficiales, 65 soldados, el pasaje civil y 12 Hermanas de la Caridad, que eran uno de los requisitos solicitados por Trasatlántica al gobierno para efectuar los viajes con enfermos y heridos; en cada buque de la compañía deberían navegar, al menos, dos Hermanas de la Caridad.
También embarcaba una caja de palanquines, 78 bultos de medicamentos, 200 sacas de correspondencia, y, para desembarcar en Puerto Rico medio millón de cartuchos Máuser, 63 cajas de granadas y otros materiales de guerra. Unas fechas antes se realizaba la 14ª expedición de tropas a Cuba en la que el ALFONSO XII no participaba.
El día 24 de enero fondeaba en La Habana, y el día 10 zarpaba de aquel puerto en dirección a Cádíz, con 776 enfermos y heridos. En aquellas fechas, el Diario Oficial del Ministerio de la Guerra anunciaba su siguiente salida desde Barcelona el día 5 de marzo y desde Cádiz el 10 del mismo mes, transportando a 1.930 reclutas de la 1ª y 3ª regiones. 1.322 embarcarían en Barcelona y 608 en Cádiz. Formaba parte de un conjunto de vapores que debían llevar a Cuba 9.970 individuos de tropa; los vapores eran los ANTONIO LOPEZ, MONTSERRAT, ALFONSO XIII, BUENOS AIRES, COLON y el citado ALFONSO XII. Era esta la 15ª expedición de tropas a Cuba.
El día 20 de abril de 1898, el ALFONSO XII salió de Puerto Rico para España El segundo ALFONSO XII regresó a España de su penúltimo viaje al Caribe en mayo de 1898. Fue entonces armado de crucero auxiliar e incorporado a la tercera División de la Escuadra de Reserva en compañía del BUENOS AIRES y del ANTONIO LOPEZ.
El Capitán Moret, al mando del ALFONSO XII, salió de Cádiz hacia el Caribe en la madrugada del 16 de junio junto a la flota del almirante Cámara, que se dirigía a Filipinas. Cuando el Marqués de Comillas, en Cádiz, despidió a los buques de su flota, que integraban una gran parte de la escuadra de Cámara, despedía para siempre al ALFONSO XII y al ANTONIO LOPEZ; la suerte de estos dos correos estaba definitivamente echada. Desde el 19 de mayo se mantenía la escuadra yanqui, al mando del almirante Sampson, en acecho de la española en constante patrulla desde cabo Maysi a cabo La Cruz.

El ALFONSO XII recaló en aguas de los islas Tobago y Granada el día 27 del mes de junio, entre seis y siete de la noche. Había allí un barco yanqui que guardaba aquel paso; pero sin duda no vio al ALFONSO XII o no lo creyó barco español. Cruzó el buque por entre los placeres de la Víbora y Caimanes, recalando en Cienfuegos la tarde del 2 de julio.
Bajo una turbonada espesa que cubría la costa, el capitán Moret, dando pruebas de su pericia, llegó a aproximarse a menos de cinco millas del puerto, procurando entrar; mas no lo pudo conseguir, porque llegaron cuatro buques de guerra norteamericanos. Uno de ellos se destacó, persiguiendo al ALFONSO durante tres horas, sin resultado alguno, porque el vapor trasatlántico logró escapar forzando la máquina. A bordo todo estaba dispuesto para tomar una grave resolución.
El pundonoroso capitán Sr. Moret tenía proyectado volar el barco antes de que cayera en manos de los enemigos. Rebasada la isla de Pinos, otros dos buques persiguieron al trasatlántico, también sin resultado alguno. Ya libre, avistó el cabo de San Antonio, pasando cercano, resolviendo entonces el capitán dirigirse a la Habana para procurar fondear en el puerto de la capital de la isla.
A las ocho de la noche del día 4 de julio se encontraba el ALFONSO XII casi pegado a la costa de Bahía Honda, y a las diez moderó la máquina frente a Mariel, celebrándose Junta de Oficiales, que acordó seguir a La Habana. Serían próximamente las once de la noche cuando se avistó el faro del Morro, y a poco, un buque enemigo por la proa; no habían transcurrido muchos minutos cuando aparecieron otros. El trasatlántico navegó a varios rumbos para librarse de ellos, pero como eran muchos no pudo conseguirlo. Los buques yanquis dispararon 27 cañonazos, pasando los proyectiles entre las jarcias y los palos. El Capitán mantenía su propósito de recurrir a todo antes que entregar el barco a los yanquis, y decidió entrar en Mariel, a riesgo de varar. Efectivamente; perseguido y cañoneada su buque embocó el puerto a las doce y media de la noche, varando en la entrada.
Desde las siete de la mañana hasta las dos de la tarde del día 5 de julio de 1898 dispararon los barcos yanquis contra el ALFONSO más de 700 cañonazos. El ALFONSO fue incendiado y, ardiendo por todas partes, el hermoso trasatlántico quedó convertido en verdadera hoguera.
El capitán Moret dio una versión más colorista de la muerte del segundo ALFONSO XII:

Ordené lanzar la carga por la borda con la esperanza de que flotase contra la costa que estaba tan solo a un disparo de distancia. Arriamos un bote Y nos preparamos para dinamitar el buque. Vi a los americanos que no perdían tiempo para destrozar el buque y emplazamos el explosivo entre las dos chimeneas del buque, e instantáneamente exploto formando una columna de humo tan denso y tan negro que pareció una inmensa nube que oscureciese la atmosfera y haciendo dificil la respiración.
En ese momento de abatimiento un fuego de líquido corrosivo envolvió el buque y se bebió la madera como una serpiente hambrienta. La tripulación, sin esperanza, apenas tuvo tiempo para tirarse al agua y escapar de aquel horno ardiente.
Concluye Sanahuja: Aquello había consumido el mejor buque de la Compañía Trasatlántica y el orgullo de la flota.
Vicente Sanahuja recoge amplios testimonios documentados que informan y explican la muerte del segundo ALFONSO XII por los cañones de los buques norteamericanos. A las versiones anteriores les falta reconocer quienes fueron los yanquis que ametrallaron y bombardearon el trasatlántico.

En primer lugar, el HAWK, yate convertido en buque de guerra, que fue quien descubrió el intento del ALFONSO XII de entrar en La Habana burlando el bloqueo, lo interceptó y lo persiguió obligando al liner a embarrancar en el puerto de Mariel. Hasta allí siguió disparándole. Desde tierra y desde el buque se defendieron y obligaron al HAWK a pedir ayuda a dos buques de guerra mayores, el PRAIRIE y el CASTINE. Estos con armamento superior acallaron el fuego desde Mariel y aplastaron e incendiaron el ALFONSO XII, cuyos restos permanecieron a la vista a la entrada de Mariel durante más de una década.
Los tripulantes del vapor se salvaron, fueron trasladados a Cienfuegos y desde Santiago de Cuba regresaron a España en el REINA MARIA CRISTINA, que una vez firmado el armisticio pudo navegar sin amenazas. Llegaron a La Coruña el 3 de septiembre de 1898.
Vicente Sanahuja cierra la obra con este comentario: De esta manera acababa la vida marítima del segundo vapor nombrado ALFONSO XII en la Compañía Trasatlántica; con honor, gallardía y espíritu de servicio hacia su patria.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada muestra el yate armado USS HAWK, que interceptó al ALFONSO XII cuando intentaba entrar en La Habana y lo persiguió hasta que el vapor embarrancó a la entrada del puerto de Mariel.
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