Del último viaje del MINDANAO recoge Sanahuja una documentación extraordinaria: las cartas que un político cordobés de nombre Manuel Villalba Burgos remitió a la Península y que se publicaron en doce ediciones del Diario de Córdoba. Escribe Manuel Villalba:
El barco en que navegamos, ISLA DE MINDANAO, como sabes, está montado con el lujo y el confort tan un palacio. Las noches de mar tranquilo se toca el piano y se canta, mientras otros juegan al tresillo y otros juegos, y cada dos o tres horas la campana llama al comedor, pues aquí siempre se va comiendo. Por la mañana, a las siete, a quien no se ha levantado le llevan al camarote té, café o chocolate con pastas; a las diez, el almuerzo, que se compone de cinco platos fuertes, entremeses y café; a la una, refresco de limón, naranja u horchata, pastas y fiambres; a las cinco, vuelta a comer otros cinco platos fuertes, café y champagne y, a las nueve, chocolate, té o café con pastas y fiambres. De manera que aquí, se repite aquello de la zarzuela El caballero particular, y hay también personas con estómago de gutapercha que bajan a todas horas a engullir como Heliogábalo.
Yo no puedo con tanto alímento y sólo al almuerzo y a la comida bajo y, aun así, solo tomo dos o tres platos de los que más me apetecen, y alguna vez el refresco de mediodía o el té de la noche.
(…)
Querido Ricardo: reanudo mi relación, suspendida a la llegada de PortSaid, donde paramos seis horas para hacer carbón.
Una vez echada la escala y dada por el capitán la orden de que estuviéramos a bordo a las doce de la noche, saltamos sobre los infinitos botes tripulados por árabes que vienen gritándonos: “aquí, españoles” y nos conducen al muelle mediante una peseta por persona cobrada antes de desembarcar, pues son sumamente desconfiados.
Apenas dados unos cuantos pasos en la calle principal que parte del muelle comenzamos a ver, a derecha e izquierda, tiendas y bazares de toda clase de géneros tanto de Oriente como de Occidente, llamando la atención, en primer término, los objetos de nácar y marfil y los abanicos y plumas de avestruz.
La población, seguramente la más cosmopalíta del mundo, es de una fisonomía tan sin género que no hay con qué compararla, como no sea consigo misma. En ella todo es movimiento, coches con caballitos árabes tranvías de vía estrechísima y por doquier árabes y judíos, más a menos andrajosos, que venden baratijas, fósforos y barajas que, con misterio y en voz baja, llaman escandalosas al ofrecerlas al transeúnte, siendo frecuente que con este cebo den el timo a más de uno vendiéndole una baraja francesa de lo más común y sin nada que justifique lo del escándalo por una peseta o más, cuando sólo vale unos cuantos céntimos.
No se ve una mujer árabe y las pocas hebreas que transitan llevan el rostro tapado con una parte de su andrajoso vestido que, sirviéndole de careta, anudan a la frente con un tubo metálico. Las demás mujeres son francesas, inglesas, italianas, alemanas y españolas.
Hay varios cafés cantantes en los que un público ignaro y casi en su totalidad alcoholizado por la cerveza, el ron, el cognac y la ginebra, que no son más que variedades del alcohol alemán, oye couplets, en su mayoría franceses, de muy mal gusto, con música y movimientos cancanoseos, que suelen corear entre chupada y chupada en las enormes pipas turcas alquiladas para fumar dentro del establecimiento. Hay un café más lujoso, que llaman El Dorado, donde se representan piezas del teatro turca y en el que, abusando de los extranjeros y más de los que desembarcan por pocas horas, cobran un peso por la entrada.
Lo que sí está bien organizada es la policía, compuesta de árabes con uniforme a la inglesa, que vigilan constantemente, yo solos en sus respectivos distritos, o ya en patrullas que lo recorren todo, hasta el punto de que, entre tantos ladrones como aquí hay, están completamente garantidas las personas y los bolsillos como en el pueblo de Europa en que mejor montada esté la policía.
(…)
En virtud de la idea que yo tenía formada del canal de Suez mi desencanto, querido Ricardo, ha sido grandísimo al llegar a él y, más todavía, al recorrerlo en toda su extensión de 87 millas, o sea, treinta leguas mal contadas.
Ya sabía yo que casi todo el istmo que unía los continentes asiático y africano, al menos en su parte más estrecha, pertenecía al gran desierto de la Arabia y, por lo tanto, que la absoluta falta de vegetación, aparte algún pequeño oasis, le daría un aspecto de aridez verdaderamente desconsolador; pero así y todo, nunca creí que las orillas del canal estuviesen tan desprovistas de esos encantos que ofrecen las de todos los ríos del mundo.
No fijándose en sus cien metros de anchura más parece una acequia de las que, con las azadas y apartando a uno y otro lado la tierra para que corra el agua, hacen los hortelanos para regar sus huertas.
(…)
[Navegando por el mar Rojo] …la luna, y el mar, por efecto del tenue viento de la racha, había rizado un poco el límpido cristal de las aguas, toda la inmensa planicie era ya un finísimo encaje, ora un rico brocado que despedía millares de luces de su áurea urdimbre, sobre la cual revoloteaban infinitos diminutos pececillos como electrizados por aquel inimitable e inenarrable panorama. Después, la noche y el mar despidiendo fulgores, como si toda la superficie se hubiese frotado con fósforos.
Durante los tres primeros días de navegación por este asfixiante már hemos tenido una temperatura agradabilisima, un tiempo primaveral, Y por las mañanas y las noches frío, hasta el punto de usar abrigos. Hoy, que es el cuarto, sigue el tiempo fresco y como esta noche llegaremos a Adén, término del mar Rojo, habremos hecho su travesía sin tener que tomar un abanico, aquí donde es rara la expedición en que no hay alguna asfixia, sobre todo en ciertas épocas del año.
En este momento divisase tierra a babor; es que pasamos sorteando la Arabía Félix y frente a Moka, donde se cría el mejor café del mundo, y poco más allá confrontaremos con Tierra Santa.
Son las tres de la tarde y estamos o la vista de la isla de Perim, en el estrecho de Bab-el-Mandeb o boca del infierno. Se cuenta que antes de poseerla los ingleses., trataron de apoderarse de ella los alemanes, mandando al efecto un buque de guerra; pero los ingleses, que sospecharon algo, los festejaron y una vez averiguadas sus intenciones, mientras se holgaban en el banquete con que procuraron distraerlos, fletaron un barco y se adelantaron a tomar posesión, con lo que, fortificando ambas orillas de este estrecho, poseen hoy la llave del mar Rojo. Sí la historia es o no cierta, como me lo contaron te lo cuento.
(…)
Domingo de Pascua Aunque todos los día presenciamos dos espectáculos por demás poéticos, la misa por la mañana y el rosario por la noche, a bordo, hoy ha revestido la primera más solemnidad debido a la elocuente oración que después de la misa nos ha pronunciado el capellán D. Juan Alberti, cuyo tema ha sido el cumplimiento de las profeclas, en la que a pesar de sus cortas dimensiones, pues así lo exigían las circunstancias y el lugar en que la pronunciaba, ha dado gallarda prueba de poseer una palabra fácil y fluida al servicio de conocimientos teológicos nada comunes. Ya sabía yo, aprendido en el tiempo que me honra con su amistad, que el señor Alberti en punto a cultura general y gusto literariose separa mucho de lo adocenado; así es que no me causó extrañeza su preciosa plática.
Esto, que es justicia y nada más, no empecé para que en capítulo aparte le demuestre mi agradecimiento por su amabilidad y solicitud en proporcionarme datos para estas ligerísimas impresiones que en cartas familiares remito a la madre patria, haciendo un verdadero tour de forcé dado el estado de laxitud en que, por efecto de la temperatura y el estado deánimo, se encuentran mi cabeza y mi cuerpo.
Y ya que de eclesiásticos se trata, no he de olvidar a mi amigo don Bonifacio Alniga, joven de raro mérito literario y científico y de múltiples aptitudes artísticas, una de las personas que por todos conceptos contribuyen a hacer amena la vida en estos viajes que tanto cansan y aburren por lo largos y molestos. Y como entiendo que el oro es muy fácil distinguirlo entre los demás metales y recuerdo aquello de que lo que por sí se alaba no es menester alaballo, basta con decir que el señor Alniga, sin llegar ni con mucho a la edad que maldecía Espronceda, llamándola funesta edad de amargos desengaños, pues sólo cuenta veintiséis, es hoy chantre de la catedral de Manila.

Bien sé que su exagerada modestia ha de atribuir estas alabanzas al cariño y las simpatías que desde el comienzo del viaje existen entre él y yo; pero no es asl pues sólo le hago justicia, y no cumplida, suum cuique fribuere.
Hablemos del rosario, yo que tan larga digresión nos ha separado del punto principal en el orden de estas impresiones. A las ocho de la noche un marinero, campana en mano, recorre los distintos departamentos del barco tocando a rosario. Inmediatamente acuden todos, y el primero el capitón, y, colocados alrededor de un altar que se improvisa sobre cubierta, el capellán de a bordo reza el rosario y la letanía.
El espectáculo es bello y conmovedor en extremo. La obscuridad de la noche, el movimiento y ruido del barco, el oleaje del mar confundiéndose con el Santa María, ora pro nobis de los que rezan, constituye uno de los cuadros más sorprendentes y conmovedores de un viaje por mar.
En el rosario, como en la misa, se borran todas las diferencias y se olvidan todas las categorías al practicar la doctrina de Aquél que predicó lo igualdad y nos llamó a todos hermanos, viéndose al general y al encopetado gobernador confundidos con el humilde marinero y hasta can el indio deportado, pues en estos actos acuden a primera todos los pasajeros de las distintas clases que van en el barco en demostración de que, si ante la sociedad existen privilegios y categorías, ante la religión no hay más. que hermanos.
(…)
Son las ocho de la mañana y pasamos frente a la isla llamada Minikoi, formada de coral y cuya superficie está cubierta por exuberante vegetación, entre la que abundan las palmeras. Aquí hay un hermoso faro y cada barco que sigue esta ruta paga por adelantado a Inglaterra cinco libras esterlinas cada vez que pasa a la vista de él. Estamos a treinta y una horas de Colombo, por lo que mañana haremos escala y visitaremos la renombrada capital de Ceilán.
(…)
Reina gran contento y cada cual se prepara y dispone para saltar a tierra después de siete eternas singladuras, pues el trayecto de Adén a Colombo es el más largo de las cinco escalas que se hacen en las nueve mil y pico de millas que separan a la ciudad condal de Manila. Son las nueve de la mañana y, aunque hasta las tres no divisamos tierra, ya comenzamos a ver gaviotas y el mar está totalmente cubierto de algas, fenómeno que engañó a Colón en aquellos amargos días de su inmortal odisea en busca de las Indias, creyendo que era señal de próxima tierra, cuando tantas penalidades y tantos conflictos tenían que vencer su constancia y su fe para conseguir el éxito de su legendaria empresa
(…)
A uno y otro lado, pero principalmente por el de estribor, hay varios cayos que parecen grandes macetas de albahaca cuyos tiestos estuvieran sumergidos en el mar, que con sus aguas cubre parte de los troncos, abundando mucho la palmera cuco que produce la fruta llamada vea-rrefd. Damos vista a la inmensa bahía y al muelle, y entre pintorescos lagos y jardines, montañas rusas y puentes colgantes se divisa la ciudad [Malaca], que despierta la curiosidad de todos y que dentro de poco recorreremos como touristas, formando parte de la numerosísima población flotante que de todas las naciones del mundo la visitan a diario.
Lo primero que encontramos al desembarcar son los calesines, tirados aquí por chinos, que llaman chirríchan, pero en número tal que desde el desembarcadero hasta el Botany-Garden, distante de cuatro a cinco kilómetros, así como por todas las calles, parques y paseos, no hay un espacio de veinte metros en que, ya parados o ya en movimiento, no se encuentren estos vehículos, que están clasificados de la 2a, y 3a clase y numerados.
No pude enterarme del número total de ellos, pero basta con decir que entre los números más altos de los que encontramos al paso apunté el 2.754. Además hay otros muchísimos arrastrados por pequeñas jacas y de cuatro asientos; uno de éstos ocupé yo con el número 363, pues aunque el precio es triple preferí pagarlo a verme conducido por hombres, los cuales aquí, por una de esas injusticias sociales que manchan la historia, figuran todavía muy por bajo del elefante y el caballo en la escala de los seres.
Otro fenómeno sociológico, que prueba como todavía se practica por aquí la ley de castas, es vercomo un chino acomodadose pasea orgullosoy vestido con lujo y distinción arrellanado en una calesa, que otro de su propia raza, en cueros, jadeante y empapado en sudor, arrastra con mas o menos velocidad, según cuadraal caprichodel que al final de la jornada le ha de dar para que coma un poco de morisqueta como se daun hazde heno o de sácate a un carabao, o un pienso de paja y cebada a un caballo. También es digno de notarse como entre las razas, que por aquí bien poueden llamarse inferiores, existen barreras verdaderamente infranqueables en lo relativo a la superioridad de unas sobre otras. Un malayo condiera muy por bajo de él a un chino, como un árabe a un malayo y como un mulato o un negro americano, que posee bienes de fortuna, mira con cierto aire burgués a todos los anteriores y se da tono de tourista con más sans façon que cualquier europeo.
Digamos algo, aunque sea a grandes rasgos, de lo que hemos visto, al correr de un coche, en las cortas horas que permanecimos en tierra. Es Singapoore una ciudad originalísima, no sólo por su corte especial, si se nos permite la frase, y por la distribución de sus barrios y sus calles, sino también por las costumbres de las infinitas razas que la pueblan así como por los tipos de todos los países que, como población flotante: contribuyen a darle vida y animación.
(…)
Esta noche, más o menos temprano, fondearemos en la gran bahía de Manila, terminando el viaje, como he dicho antes, más tranquilo y feliz que declaran haber conocido los que llevan hechos hasta quince o veinte redondos, como dicen los marinos de esta línea trasatlántica.
Para que todo sea completo he de consignar que en la larga travesía no ha ocurrido accidente alguno desagradable, ni aún siquiera el más leve disgusto ni la más pequeña incorrección, caso raro si se tienen en cuenta las distintas procedencias, costumbres, educación, caracteres y gustos de la numerosa sociedad de todas edades, sexos y estados que viaja a bordo del MINDANAO. Es verdad que esto tenía que suceder, y así lo suponíamos todos desde que nos embarcamos, al conocer lo escogido y selecto de las personas que la componían y que excuso enumerar tanto por ser conocida del público de España y del archipiélago por sus respectivos periódicos, cuanto porque no encaja en el carácter de estas impresiones. A las hermosas ysimpáticas señora y señoritas de Gorgollo, a las bellas y distinguidas esposas de mis dignos compañeros señores Gurrea, Muñiz y Balbuena, gobernadores de La Laguna, Tayabas e Ilocos Sur, pudiera agregar muchas más, cuyos nombres ignoro; así como sería prolijo enumerar a personas tan distinguidas como mi digno compañero el gobernador de Bulacan señor Cuervo, el correctísimo y bondadoso caballero general Palacios, mi vecino de camarote; el excelentísimo señor don Andrés López, a quien debo atenciones sin cuento; los ilustrados y simpáticos sobrinos del gobernador general de Filipinas, don Ricardo, don Eduardo y don Adolfo Augustin, y otros muchos.

Al terminar la feliz navegación en compañía tan distinguida y digna, acordándome del antiguo adagio de mi tierra de que «los gitanos no quieren a sus hijos con buenos principios”, se me ocurre preguntar, teniendo en cuenta la ley de las compensaciones: ¿En qué vendrá a parar tanta belleza? ¿Qué serie de impresiones tendré que consignar hasta que termine la honrosa misión que por el Gobierno de la patria se me ha encomendado en estas apartadas colonias?
Ya cuando veíamos tranquilas las aguas del traidor Guardafüí, fresco el ambiente del abrasador mar Rojo y como el estanque del Retiro de Madrid el mar de los Bajíos, nos preguntábamos en broma:¿ En qué vendrán a parar estas misas? ¡Quiera Dios que tales supersticiosas consideraciones, que estas agoreras preguntas no sean contestadas con una de esas realidades horribles con que la Providencia suele sorprendernos frecuentemente!
Pocas horas nos faltan para llegar al término de nuestro viaje y por ello, después de dar gracias a Dios, es de justicia tributar el homenaje debido a aquellas personas que con tanto esmero como pericia nos han trasladado aquí.
He oído decir muchas veces que en el tiempo que lleva la Compañía Trasatlántica de hacer la travesía de Barcelona a Manila no se registra un solo siniestro.
Ahora me lo explico, pues así tiene que suceder, salvo una desgracia, si todos los barcos de su hermosa flota están tripulados por marinos tan notables como el capitán del MINDANAO, don Antonio Roldos, y oficialidad tan inteligente y atenta a su deber como la que tiene a sus órdenes. Y como no quita lo cortés a lo valiente, ni está reñida la seriedad con la educación y el cariño, yo debo hacer constar, aprovechando esta ocasión y cumpliendo con un deber que la justicia y la gratitud me exigen de consuno, que estoy agradecidísimo tanto al capitán, que me ha atendido y facilitado cuantos datos le he pedido de latitudes etc., como al resto de la oficialidad, pues le debo deferencias que jamás olvidaré; la mismo creo que sucederá a todo el pasaje, por la consideración y afabilidad con que le han tratado desde el capitán hasta el último tripulante.
(…)
Son las seis de la tarde y damos vista al Corregidor, por el que pasamos a las siete y minutos.
Las sirenas y las bengalas avisan el paso del MINDANAO, que lleva el correo, y la plaza nos contesta con idénticas señales; entramos en bahía y a las 9 y 30 minutos se oye el grito de ¡fondo!, e inmediatamente se dispara el cañonazo. Acuden varios vaporcitos con la Sanidad y por algunas familias, y quedamos anclados hasta las seis de la mañana, hora a que vendrá por nosotros y por los equipajes un vapor de la Compañía.
No hemos podido disfrutar del magnífico panorama que ofrece la entrada en la gran bahía, y sólo se divisan las luces de Manila y de Cavite.
Concluye el viaje y con él terminan las impresiones, aunque no son pequeñas las que hemos tenido al recibir el abrazo de nuestros compatriotas que acuden a saludarnos a bordo y nos dan cuenta de la perfidia yanki y del sublime espectáculo que ofrece nuestra querida España, aprestándose a una guerra inicua y desigual con el solo propósito de sacar incólume su honra.
Al prever los desastres que pudiéramos sufrir, al contemplar los peligros de una situación angustiosa y comprometida para la patria española, ¡qué de pensamientos afluyen a nuestra mente, cuan terribles responsabilidades vemos en lontananza y qué de cargos quieren pronunciar los irritados labios, a los cuales, sin embargo, sellan el patriotismo y la gravedad de la situación!
Quiera Dios dar acierto a nuestro gobierno, como valor y pericia tienen nuestra marina y nuestro ejército, para salvar todas las dificultades presentes y asegurar los derechos de nuestra soberanía en el porvenir.
Nosotros, que nos vemos entre una insurrección de los indígenas y la poderosa escuadra norteamericana que nos bombardeará dentro de pocos días, entramos en Manila llenos de ardoroso entusiasmo y dispuestos a demostrar al mundo que los españoles son siempre, y en todas partes, los hijos de los que en Bailen y en Talavera, en Zaragoza y Gerona, hicieron morder el polvo a los soldados del gran conquistador de los tiempos modernos.
Apostilla Sanahuja que el valor de este documento radica en la visión desde dentro de aquellos viajes interminables y permite imaginarse el tremendo exotismo de las plazas visitadas, así como la admiración y sorpresa que sentiría el pasaje por cualquier novedad o noticia recibida tanto a bordo como en los desembarcos que pudiesen efectuar; estas experiencias, se viven, o ni con cien millones de palabras se pueden explicar.
Hundido a cañonazos
Aventura Vicente Sanahuja que El ISLA DE MINDANAO, según parece, aunque no podemos de ninguna manera confirmar, ni hemos comprobado de buena fuente que fuese así, pudo llegar a Manila pintado con los colores de los buques de la marina de guerra rusa y bajo bandera rusa, desde Singapur, para tratar de evitar la presión y control de los americanos; era la guerra.
El vapor fue destruido cerca de Bacoor Bay, el 1º de Mayo de 1898, al cañón, por el USS CONCORD antes de que la tripulación pudiese abandonar el barco.

El ‘Diario de Manila’ del 4 de mayo de 1898 narraba con estas palabras el ataque:
Como no podemos reconstruir la sangrienta escena vivida el último domingo en aguas del Cavite, no daremos una descripción, que solo sería una pálida sombra de los grandes hechos que quedaran reflejados en las páginas de la historia. Cuando el escuadrón enemígo viróo hacia Cavite, la tripulación del vapor ISLA DE MINDANAO oyó los tambores mandando retirada y respondió con entusiasmo con tres vivas para el Rey, para la Reina y para España, que se oyeron en nuestras líneas.
También citaba el diario:
En este segundo asalto fue silenciado el fuego del arsenal y los buques continuaron cañoneando los humeantes restos de los cañoneros. Un cañonero americano, que parecía no tener nada mejor que hacer, se destacó del escuadrón y se dedicó a acabar con el ISLA DE MINDANAO.
No fue un solo buque el que atacó al ISLA DE MINDANAO. Según parece éste llegó unos días antes del inicio de hostilidades con grandes cantidades de material y munición y, en el momento de la batalla, el capitán Roldós mandó vararlo entre Las Pinas y Bacoor, siendo el CONCORD enviado a examinar su situación, momento en el que ambos buques se dispararon entre sí, escaramuza a la que se añadió el OLYMPIA, dejando al vapor español ardiendo y destrozado, abandonando la tripulación el buque y ardiendo este durante todo el día y toda la noche.
El primer maquinista del ISLA DE MINDANAO era escocés, de apellido McKinley, y por él se supo, tras haber llegado éste a Hong Kong, que milagrosamente no hubo bajas en el vapor correo español.
Un relato excepcional de la pérdida del MINDANAO, firmado por el mismísimo capitán Antonio Roldós, se publicó en muchos medios españoles, entre ellos el ‘Diario de Tenerife’, del 9 de julio de 1898:
La toma de Cavite y la pérdida del MINDANAO. Relato de un testigo presencial. En las oficinas de la Compañía Trasatlántica, en Madrid, se ha recibido la siguiente interesante carta.
Manila, 11 de mayo.
Muy señor mío y de mi mayor consideración: Con mucho sentimiento tengo que darle la triste noticia de que el 1 º de este mes la escuadra americana, después de haber destruido la escuadra española, destruyó al vapor ISLA DE MINDANAO. La tripulación se salvó toda y no hay que lamentar ninguna desgracia personal. No se ha podido salvar nada; los tripulantes se salvaron con la ropa que tenían puesta. El buque estaba descargado; solamente quedaban á bordo unos cien bultos. A mi llegada á este puerto, que fue sin novedad el 22 de Abril, á diez horas de la noche, me enteré de que se había declarado la guerra con los Estados Unidos.
El día 23, por consejo de las autoridades de Marina y de común acuerdo con el señor inspector y consignatario, salí para el arsenal de Subic con objeto de tener el buque más seguro que en Manila, puesto que en él había la escuadra española; estuve dos horas en aquel puerto y por orden del general de Marina salí para el de Manila.
El día 30 recibí orlen del capitán del puerto de cambiar de fondeadero; obedecí, yéndome á Cavite frente a Bacoor; en Cavite había la escuadra española.
El 1º de Mayo a las cinco y media de la mañana vi la escuadra americana cerca de Cavite que, rompiendo el fuego sobre la plaza y escuadra española cañoneaba también el vapor ISLA DE MINDANAO; viendo que no tenia modo de defender el buque de los fuegos enemigos, levé anclas y a toda máquina fui a fondear frente a las peñas en tres brazas de agua, y anegando la bodega á fin de que quedase el barco varado, y de este modo evitar que cayese en poder del enemigo.
Tiró el enemigo 12 cañonazos al MINDANAO; solamente una bala hizo un pequeño desperfecto al palo trinquete. El primer combate entre las escuadras y la plaza de Cavite, duró hasta les siete y media de la mañana que se retiró fuera de tiros la escuadra americana, y entonces pude notar que la nuestra estaba casi destruida.
A las once de la mañana volvió la escuadra americana á continuar el ataque; destruida la escuadra española y cesado el fuego de las baterías se destacó un buque de la escuadra americana y poniendo proa al vapor MINDANAO lo bombardeó e incendió. Al notar fuego en mi camarote y cuarto de derrota y segunda cámara producido por las granadas que reventaron el buque, y viéndome en la imposibilidad de salvar el MINDANAO, por continuar todavía el bombardeo sobre él, dí la orden de embarcar en los botes y abandonar el buque.
Al pisar la playa tuve el consuelo de ver que toda la tripulación estaba salvada y sin ningún herido.
Durante el tiempo que empleamos en ir con los botes a la playa estuvimos cañoneados por el buque americano, y estando ya en tierra y escondidos detrás de la arboleda, aún nos tiraron cinco cañonazos que por fortuna no nos hicieron nada; por fin, unos á pié y otros en carromatos, llegamos todos á Manila, donde recibimos toda clase de auxilios por parte de la Compañía.
Solamente me falta decirle que he quedado muy satisfecho del cumplimiento de su deber, tanto de los oficiales como de los tripulantes: todos han cumplido las órdenes con puntualidad, y al hacer abandono del buque, se hizo con mucho orden. La escuadra española está toda destruida.
No puedo ir á ver el estado en que ha quedado el vapor MINDANAO, porque los americanos están apoderados de Cavite y con sus cañones dominan los alrededores donde se halla varado el buque.
Deseando que Dios conserve su vida, etc , etc. -Antonio Roldos
Por su distinguido comportamiento en la defensa exterior de la plaza de Manila desde el 20 de julio al 8 de agosto de 1898, al capitán Antonio Roldós y Baleta, y al Oficial de Puente, Joaquín Galobardo Beltrán, se les concedía la Cruz de 1ª Clase del Merito Militar Rojo; y a los marineros Pedro Juan Plá Morales, Juan Canals Vila, Agustín Majón Barbasa, Manuel Fernández Hernández y Rafael Cardinell Calderón se les concedía la Cruz de plata del Merito Militar Rojo.
Hay fotos que muestran que, cerca de Manila, a unos metros del fuerte de San Antonio Abad, durante decenas de años, estuvieron los restos de un vapor con cuatro calderas, dos grandes y dos ligeramente más pequeñas, que podrían ser los despojos del ISLA DE MINDANAO.
De esta forma, brava y contundente, concluye su obra Vicente Sanahuja, acababa la vida marítima de aquel viejo vapor diseñado para el transporte de ganado y convertido en bizarro liner colonial; ad usque fidelis, pudo haber sido su motto.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada muestra la pintura de Alfonso Sáez, cirujano naval español, titulada ‘Batalla de la bahía de Maniloa, 1 de mayo de 1898. Naval History and Heritage Command.
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