Llegaba a Barcelona el ISLA DE MINDANAO, de vuelta, con su triste cargamento de enfermos y heridos de la campaña en Filipinas, el 30 de septiembre de 1897, y en la edición de La Vanguardia del 1º de octubre de ese año, se anotaba:
Llegada del ISLA DE MINDANAO.
Procedente de Manila llego ayer a este puerto el trasatlántico ISLA DE MINDANAO.
A las seis de la mañana el vapor disparó el cañonazo de reglamento y poco después se presentó la Sanidad, comenzando el desembarque del pasage.
A las nueve comenzó el de los enfermos y heridos procedentes de la campaña de Filipinas, quienes eran trasladados a la plaza de la Paz, donde aguardaban las ambulancias del Sanatorio da San Gervasio, de la Cruz Roja y del Hospital militar. También había las camillas de los cuerpos de la guarnición con sus correspondientes dotaciones.
Los enfermos eran conducidos por un vaporcito «Golondrinas» al embarcadero, en cuyo seno se apiñaba numeroso gentío. Algunos por su propio pié y otros por medio de las ambulancias se dirigieron hacia el cuartel de Atarazanas, donde se les sirvió caldo, vino y panecillos.
De los enfermos desembarcados, 53 fueron trasladados al sanatorio de la Cruz Roja; 31 al sanatorio de la Diputación y 13 al hospital militar. Los restantes se trasladaron al Depósito de Ultramar. 410 son los enfermos que ha conducido el ISLA DE MINDANAO, ó sea: del ejército 16 oficiales, 182 soldados y clases y 52 inútiles, y de la armada 8 oficiales, 150 soldados y clases y de inútiles, sin contar otros pasajeros que también venían enfermos. El número de fallecidos durante la travesía ha sido de 26 y de ellos 23 son soldados y clases del ejército y de la armada.

Más interesante, escribe Sanahuja, era la crónica de la llegada del vapor correo que narraba el diario El Diiuvio, en su edición del viernes, 1º de octubre de 1897 que anotaba:
Ayer por la mañana echó anclas en el ante-puerto el ISLA DE MINDANAO, correo de Fílipinas. Al poco rato de haber el trasatlántico disparado el cañonazo de saludo víose rodeado de gran número de pequeñas embarcaciones, en espera de pasa¡eros que trasladar a tierra. Esperaban en el embarcadero de la Paz a los soldados enfermos o heridos que en dicho buque han regresado a la Península, las ambulancias de la Cruz Roja, del Sanatorio de la Diputación y el Ayuntamiento y del Hospital militar. También acudieron al muelle, en virtud de lo recientemente dispuesto por la autoridad militar los camilleros de los cuerpos de esta guarnición, provistos de los utensilios necesarios para socorrer de momento y trasladar a su destino los infelices soldados inútiles.
Revisada la documentación por la Sanidad marítima, dispúsose que el pasaje fuese admitido a libre plática, quedando el buque, los tripulantes y el cargamento sometido tres días de observación, práctica incomprensible, pues sí amenaza una infección, ¿por qué se permite a los pasajeros entrar como Pedro por su casa en Barcelona? No se explica eso de que a los tripulantes y carga se ls considere propagadores de gérmenes morbosos, y á los pasajeros exentos de trasmitir las enfermedades que se temen, siendo así, que por espacio de muchos días han estado todos en inmediato contacto.
Pero no perdamos tiempo en hacer observaciones que, por muy lógicas y atendibles que sean, sabemos ya de antemano, precisamente por eso, que desoirán quienes podían poner término a la anómala costumbre desde hace algún tiempo introducida en el ramo de Sanidad marítima de Barcelona. Y prosigamos la reseña del desembarco.
Primero trasladaronsé á tierra los pasajeros, y a eso de las nueve se comenzó a llegar al muelle, en vaporcitos golondrinas, los soldados heridos o enfermos. El espectáculo, que como es de suponer, partía el corazón, fue presenciado por numeroso público; los guardias municipales de á pie y caballería y los agentes de policía encargados de la vigilancia del muelle pasaron las de Caín para hacer retroceder al público cada vez que atracaban al embarcadero las pequeñas embarcaciones atestadas de infelices, extenuados unos por el clima del Archipiélago y otros con el cuerpo lleno de balazos. Algunos dirigiéronse por su pie al cuartel de Atarazanas; muchos tuvieron que ser conducidos en brazos. Allí se efectuó el reconocimiento y la clasificación de los recién llegados, a los cuales suministraron tazas de caldo, café con leche, vinos generosos, bizcochos, etc., las damas de la Cruz Roja. En el trayecto comprendido entre el embarcadero y el cuartel gran número de personas contemplaron, dolorosamente impresionadas, el paso de la triste comitiva. Muchos de los soldados parecían cadáveres.
Cincuenta y tres de los enfermos llegados en el ISLA DE MINDANAO, todos de infanterfa de Marina, fueron trasladados al Sonotono de la Cruz Roja, 31 al Sanatorio oficial y 13 al Hospital militar. A los restantes trasladóndoseles al Depósito de Ultramar desde donde se les enviara a sus destinos.
El ISLA DE MINDANAO embarcó en Manila 609 pasajeros y entre ellos 410 heridos ó enfermos. De éstos, 150 pertenecen al ejército y los demás a la armada. Durante la travesía fallecleron 23 soldados y clases del ejército, dos jesuitas y un particular.
Al salir de Manila ingresaron en la enfermería, en gravísimo estado, 137 soldados.
Entre los que han regresado figura Jasé Llerendi García, soldado del 9º regimiento do cazadores, quien perdió lo vista a consecuencia de la explosión de una bala al rechazar a 400 insurrectos, los cuales pretendieron rescatar un convoy que conducían nuestras tropas el día 3 de Mayo del corriente año, desde Malabon o Novoliches, casi a las puertas mismas de Manila.
Últimos viajes
El 5 de octubre de 1897 se despachaba hacia Liverpool y escalas y el día 6 de octubre salía de Barcelona. El 9 de octubre llegaba a Cádiz, llevando a bordo al distinguido marino D. Víctor Concas, que llegaba para hacerse cargo del buque de la Armada INFANTA MARIA TERESA.
El 10 de octubre desembarcaba el sobrecargo, D. Jerónimo Angulo, siendo sustituido por D. Francisco Moxó, que venía del MONTEVIDEO. Desembarcaba también el 1º Oficial, D. Pablo Roig, siendo sustituido por el de igual graduación D. Miguel Saura.
El martes, 12 de octubre, le veía en Vigo, en demanda de Coruña, y el 14 de octubre entraba en Santander, junto al ALFONSO XIII, a las 1800 horas.
Unos días después finalizaba su triste viaje en la industrial Liverpool, donde sufría pequeñas reparaciones y mantenimiento; a su llegada a Inglaterra se confirmaba que todas las plazas de 1ª y 2ª clase estaban agotadas para el viaje que debía emprender a Manila, desde Barcelona, el siguiente 4 de diciembre.

El 30 de noviembre de 1897 llegaba a Barcelona, y según el diario La Opinión, en su edición del 2 de diciembre de aquel año, efectuaba las siguientes operaciones:
En el vapor-correo de Filipinas ISLA DE MINDANAO llegaron anteayer a Barcelona varios oficiales y médicos de la Armada, cinco sargentos, cuatro cabos de infantería de marina y 255 marineros de la Armada. Por la tarde se empezaron a embarcar en el buque con destino a Filipinas dos millones de cartuchos Maüser, 600.000 de Remington, cuatro millones de elementos para cartuchos, 50.000 estopines, 16.058 kilos de medicamentos y 500 metros de filoseda.
El buque, al mando del competente Antonio Roldós Baleta, estaba ya en funciones de transporte de guerra.
Se embarcaban también 500 uniformes para la tropa y la correspondencia se admitía en correos hasta las 1400 horas.
El 4 de diciembre de 1887, por la tarde, tras embarcar tropas, quince Hermanas de la Caridad, pertrechos militares y carga general, partía hacia Manila; se acercaba la tragedia de la guerra del 98. Debe anotarse que los embarques de las Hermanas de la Caridad se hacían por deseo -y a su cargo- del marqués de Comillas.
El 11 salía de Suez para Adén, el jueves, 16 de diciembre, carboneaba en Adén; el 23 estaba en Colombo; el 28 salía de Singapur Y el domingo, día 2 de enero de 1898, llegaba a Manila.
El viernes 18 de febrero de 1898, en un tránsito de tan solo 28 días, forzado por las circunstancias, el ISLA DE MINDANAO entraba en Barcelona conduciendo al intendente de Hacienda D. Carlos Peñaranda, a ocho jefes, 21 oficiales y 417 soldados para Barcelona, y a siete jefes, cuatro oficiales y 315 soldados de infantería de Marina y de la Armada para Cartagena, Cádiz y la Coruña.
En la travesía habían fallecido 25 soldados; uno de ellos murió poco antes de desembarcar. La mayoría de los soldados se encontraban bien, aunque muy demacrados. Hay 19 gravísimos y 30 graves, todos ellos conducidos al sanatorio y al hospital militar, según citaba el diario Las Provincias, de Valencia, en su edición del 18 de febrero de 1898; eran tiempos muy duros y tristes para la juventud del país, escribe Sanahuja.
Debido a necesidades de la guerra latente, a finales de febrero zarpaba de Ferrol, en dirección a Liverpool, llevando a bordo las tripulaciones de los destructores OSADO y AUDAZ que se construían en Inglaterra. El 1º de marzo está en Santander y el 4 de marzo de 1898 estaba en Liverpool; su siguiente viaje a Oriente sería el último.
El 22 de marzo, en un tránsito de 9 días desde Liverpool y escalas, llegaba a Barcelona con 19 pasajeros. El día 26 de marzo de 1898 partía hacia Manila con importantes pasajeros a bordo y con la noticia en prensa situando a la escuadra americana en Hong-Kong; algún diario optimista anotaba que «el viaje de estos barcos yankees solo obedece al deseo de producir efecto».
Llegó a Manila el 22 de abril de 1898, la guerra ya se había declarado y el fin del ISLA DE MINDANAO suscitaba pocas dudas, si alguna.
NOTA DEL EDITOR. Todas las fotos y citas, salvo que expresamente se diga otra cosa, han sido obtenidas de los libros de Vicente Sanahuja, glosados en el Proyecto Trasatlántica. La foto de portada es una foto del ISLA DE MINDANAO ya modernizado. Archivo fotográfico del Museo Marítimo de Barcelona.
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