Seis meses después del inicio del conflicto en Oriente Medio, la situación en el estrecho de Ormuz sigue sin resolverse. Miles de marinos en la región continúan viviendo y trabajando en condiciones de alto riesgo e incertidumbre. Si bien algunos buques y sus tripulaciones han logrado salir del golfo Pérsico, hasta 400 barcos que transportan a unos 6.000 marinos no han podido partir de forma segura desde que comenzó el conflicto.
Los efectos de esta crisis son graves, tanto a corto como a largo plazo. La interrupción de cadenas de suministro vitales de combustibles, fertilizantes y otras materias primas tiene consecuencias para las comunidades y las economías de todo el mundo. En julio, el Consejo de la OMI aprobó una resolución sobre la protección de las rutas marítimas vitales, reafirmando que el derecho de paso en tránsito a través de los estrechos utilizados para la navegación internacional no debe verse amenazado, obstaculizado, denegado, entorpecido, menoscabado ni suspendido. Asimismo, instó a un retorno coordinado y sostenible a la navegación sin trabas a través del estrecho de Ormuz. Para cumplir este compromiso, es necesaria una renovada voluntad política y cooperación.
Insto a todos los Estados miembros y al sector del transporte marítimo a colaborar con la OMI y con el conjunto del sistema de las Naciones Unidas para impulsar soluciones prácticas que restablezcan la libertad de navegación a través del estrecho. El deterioro de la seguridad marítima en todo el mundo —desde el mar Negro hasta el mar Rojo y el golfo de Adén— nos perjudica a todos. Sin embargo, resulta especialmente angustioso para los miles de marinos inocentes afectados.

