La abolición de los gremios y sus concomitantes cofradías afectó a la cohesión de la gente de mar, no tanto a su devoción por coincidir con el revival religioso de la Restauración. Se mantuvieron las muchas fiestas y romerías marineras, caso a la Virgen de la Bonanova desde la Barceloneta, al tiempo que los patrones tradicionales perdían atractivo, reflejado en la celebración de San Telmo:
“En la iglesia de Santa Clara y en la Barceloneta todavía subsisten los altares a San Telmo, pero lo que es el gremio o la hermandad, sí que hace años que no da señales de vida, al menos en fiestas religiosas y profanas” (Lo Pensament Catalá, 14.05.1901).
Cinco días después de este artículo de Ramón N. Comas Pitxot, por Real Decreto se proclamó a la Virgen del Carmen patrona de la Armada Española y consecuentemente de las cuatro marinas (militar, mercante, pesquera y recreativa). Tenía mucho sentido en Andalucía porque esta advocación había calado entre la gente de mar a finales del S. XVIII. No así en Barcelona, donde su proclamación fue sobrevenida por el escaso arraigo que gozaba entre sus marinos a pesar de la gran popularidad que los barceloneses profesaban a esta advocación por ser la patrona del barrio del Raval y, sobre todo, por la fe que les inspiraba su escapulario para tener una buena muerte y evitar el purgatorio, con el “sálvanos en vida y muerte”.

El convento carmelita del Raval (1292-1835) irradió durante siglos la devoción a la Virgen del Carmen, aunque hasta 1609 no lo celebró como su patrona, sino la Ascensión de María. Luego fue a más y el día del Carmen llegó a ser la segunda fiesta religiosa de Barcelona después del Corpus y solo la Cuaresma superaba las fiestas del Carmen en predicación. Se celebraba en todos los templos de la ciudad, acudiendo mucha gente de fuera. Era la Fiesta Mayor del Raval con misa solemne, procesión, feria de juguetes, verbenas, bailes lujosos y festejos mil durante dos días donde las mujeres se emperifollaban y pedían en chanza un marido “rico o pobre, pero que venga pronto”. Tras el derribo del convento (bullanga de 1835), la festividad pasó al cercano convento de los Jerónimos y desde 1913 a la actual dedicada a la Virgen del Carmen (Raval), donde siguen celebrando la festividad a pesar de que han dejado de procesionar su imagen.
Tanta popularidad tuvo que se levantaron en su honor altares en Santa María del Mar (1861), en la iglesia de Nuestra Señora de Belén… y hoy sigue patente en la hermosa basílica de la Virgen del Carmen (avenida Diagonal/calle Bruc) o en las hornacinas (parte alta de la Rambla, plaza del Rey). Pero nada de esto ni los siguientes conventos y centros carmelitas ni sus cofradías ni los numerosos gozos (goigs) dedicados a esta advocación tenían ni tienen en Barcelona relación con el mar; salvo los marinos que durante una época cumplieron sus promesas yendo de rodillas y con un cirio encendido en la mano desde el puerto hasta el altar de la Virgen pasando por la Rambla a las horas más concurridas.

Dando por hecho que la Armada celebró el Carmen el mismo 1901, la primera otra referencia que dispongo de que se festejara en Barcelona es la misa que el Asilo Naval (1907) celebró en la cubierta de su buque fondeado en el puerto a la que asistían en primera fila las señoras benefactoras, más una representación de la Armada y muchos más. La Virgen del Carmen se hizo rogar hasta ser la patrona de la gente de mar en Cataluña, más si cabe en la capital. Arturo Masriera ni la menciona en su libro “Oliendo a brea” (1924) a pesar de que trata también la devoción de los marinos en dos de sus capítulos (Exvotos, Ermitas y santuarios) haciendo referencia a los santos y advocaciones de la Virgen en todo el litoral catalán. Otro indicio de que la festividad del Carmen tardó en cuajar en Barcelona fue que no consta que los niños de la banda del Asilo Naval (1877-1937) participasen fuera del barco en festividades o procesiones en su honor, a pesar de que se les solía llamar para que tocasen en las ceremonias de diversa índole porque era un modo de ayudar a su centro para huérfanos de marinos. Como también les aportaba ingresos la venta de medallas del Asilo Naval con la imagen de la Virgen del Carmen.

Ni siquiera el Apostolado del Mar de Barcelona (1927) estuvo inicialmente vinculado a las advocaciones Virgen del Carmen y Stella Maris. Lo sería tiempo después, siendo corroborado por Pío XII cuando en 1957 colocó al Apostolado del Mar, presente ya en varios países, bajo el patronazgo de Nuestra Señora, y de Stella Maris por la tradicional asociación que hacían los marinos entre la estrella y la Virgen María, caso de España con Nuestra Señora del Carmen por ser la patrona de los marinos desde 1901.
La Virgen que navega de patrona
La gente de mar de Barcelona veneró a la Virgen del Carmen tiempo después de que ya fuera homenajeada incluso con procesiones marítimas en numerosas localidades españolas (Santurce, 1907), también en Cataluña (Lloret de Mar, 1920). Aun sin tradición, la fiesta de la nueva patrona era demasiado atractiva para no festejarla: el buen tiempo en julio, la fascinación que provocan el mar y los barcos, la primera ocasión en Barcelona de celebrar una festividad que agrupase a todos los relacionados con la navegación… El resto lo hizo el franquismo al promocionarla y consolidarla todo lo posible, a resultas de lo cual hoy sirve de nexo a la mayoría de las localidades costeras y gente de mar del país. Un parangón imposible de superar por cualquier otra fiesta de índole sectorial. Y más cuando la variedad de contextos que ofrecen las localidades en que se celebra a lo largo de los 8.000 kilómetros de costa añade un plus de espectacularidad.

Además, a Barcelona todo le venía hecho. La feliz idea de pasear en barca a la Virgen del Carmen fue del barrio marinero de La Guía (Puerto de Santa María, 1895) y la Salve Marinera surgió gracias a un grupo de guardiamarinas que, en 1872, al presenciar la zarzuela El molinero de Subiza (estrenada en 1870) adoptó un estribillo para cantarlo a la Virgen en la base naval del Ferrol. La obra, ambientada en la Navarra medieval, expone un enrevesado romance entre nobles conjurados… pero la referencia a “la Estrella de los cielos” con relación a la Virgen, al estilo del poema “Stella Maris” de Lope de Vega, favoreció que los jóvenes marinos la relacionaran con la Estrella del Mar y, por ende, inicialmente a la Virgen del Rosario, entonces patrona de la Armada. La actual letra y música de la Salve Marinera es una adaptación/arreglo de los años cuarenta del siglo pasado, cuando para entonces se había convertido en el himno de los marinos, pescadores y otros colectivos relacionados directamente con el mar.
Las primeras festividades del Carmen se celebraron en la parroquia de San José y Santa Mónica, más conocida por esta última (madre de San Agustín), situada en la Rambla, cerca del puerto y aledaña a la Comandancia Naval de Marina. Siendo una constante en Barcelona que los marinos celebren su patrona de espaldas a la Orden Carmelita y sin mención alguna al escapulario devocional que porta la Virgen. Tras la misa solemne en Santa Mónica (agustinos), la procesión marítima con la imagen del Carmen partía de esta iglesia, pasaba por Colón y la embarcaban en las escalinatas de la Puerta de la Paz, navegaba hasta la bocana y volvía por el recorrido inverso. Hasta años después, las celebraciones no se hicieron en la parroquia de San Miguel del Puerto, quizá porque al principio las impulsara el Apostolado del Mar, quien desde su fundación en 1927 hasta 1947 tenía la sede/residencia en la Casa de Máquinas del Puerto (actual arranque del Maremágnum), pero para las misas y otras actividades religiosas dependía de la iglesia de Santa Mónica (hoy cedida al culto greco-católico ucraniano, rito bizantino).

Las grandes festividades marítimas del Carmen en Barcelona se dieron hace más de medio siglo, coincidiendo con el boom del sector naval, con los máximos históricos de gente de mar y de sus flotas mercante y pesquera, con el incontestable apoyo franquista y con una religiosidad popular todavía robusta. Queda esto patente en las fotos con las muchas embarcaciones que acompañaban a la Virgen a rebosar de pescadores y de sus familiares y en las actividades y bailes que se celebraban para la ocasión. Al poco, este contexto favorable dio un vuelco y en los años setenta se suspendió la procesión marítima porque Stella Maris rechazó que las autoridades franquistas obligasen a los marinos a participar. Algo similar había pasado en el S. XIX cuando una cofradía marinera inducía festejar a su patrón invitando a los cófrades a refrescos/aperitivo y hasta les pagaba 2,5 pesetas “con tal que añadan más individuos de los que acostumbran a ir” a la procesión. Ambos casos denotaban que la festividad estaba en precario porque muchos de los que deberían estar interesados no acudían motu proprio.
Más de una década después, cuando hacia 1985 la Cofradía de Pescadores propuso al Stella Maris recuperar la procesión del Carmen, no fue fácil y hasta 1991 se limitó a recorrer andando los 400 metros que había entre la entonces sede del Stella Maris (calle Escar) hasta el muelle de la Lonja. Y desde 1992, con el esquema actual, nunca ha llegado a concitar la participación que tuvo en sus mejores tiempos. Ni la que correspondería al superior rango del puerto de Barcelona. Las desafecciones son varias porque hay colectivos de mar que obvian a la patrona. Y las disgregaciones, otras tantas, lo cual impide que nunca se celebre conjuntamente esta festividad marinera los que a su modo la festejan.
El desguace de la religiosidad marinera
Josep Prats, prohombre de los pescadores de la Barceloneta, pidió el 10 de mayo de 1796 adelantar “dos horas antes de la aurora la misa de todos los días festivos del año por la comodidad y espiritual consuelo de los individuos de este gremio y se les pueda celebrar el Santo Sacrificio de la Misa” en Santa María del Mar y en San Miguel del Puerto. La devoción impregnaba tanto sus vidas que estos sufridos pescadores preferían madrugar todavía más con tal de cumplir con el prefecto dominical de acudir a misa. Hoy, ni la religión es un principio rector común ni generalizado, ni existe una comunidad marinera en Barcelona.
Las que durante siglos iban parejas fueron abocadas al desguace conforme se imponían la secularización, el laicismo y la indiferencia religiosa, e iban desapareciendo de la ciudad los barrios marineros (Pekín, La Ribera, Can Tunis, Barceloneta), las navieras, los pesqueros y mercantes españoles, los marinos barceloneses. De ambos fenómenos, el primero es común al conjunto de las sociedades occidentales; el segundo, no tanto, pues es tan profundo que incluso ha coadyuvado a perder muchas de las expresiones piadosas de la gente de mar.

Pekín fue inicialmente el mote que se dio al conjunto de cien barracas que había hacia 1870 en la Barceloneta a las que llegaron pescadores de origen asiático provenientes de Cuba, Filipinas… Luego pasaron al límite con San Adrián del Besós donde su asentamiento a orillas del mar fue apodado barrio Pekín, con su iglesia dedicada a la Sagrada Familia, más conocida por San Pedro el Pescador. Para acabar con el barranquismo, se trasladó en los años setenta a sus residentes al Campo de la Bota y a la barriada de la Mina (en catalán, manantial).
La primera efigie pagana se colocó en el puerto de Barcelona en 1824 con ocasión de construir la fuente que trajo el agua corriente para hacer las aguadas de los barcos. Nueve años después se retiró la hornacina con la Virgen de la Piedad que estaba en el Portal de Mar desde que se construyó ese tramo de la muralla hacia 1530. Hasta entonces, la imagen de Neptuno figuraba en algunos patios palaciegos que los mercaderes tenían en la calle Montcada, también en la remodelada Llotja y en la fachada/fuente del Peso del Rey (destrozada en 1835). Nunca, en la centralidad del puerto. Supuso un precedente.
La hornacina de la Piedad no se repuso en el nuevo Portal de Mar a pesar de que esta advocación tenía cofradía en San Miguel del Puerto desde 1771. Y hoy es el día que ninguna estatua religiosa figura a la vista en el contorno de la Barceloneta, salvo la de San Miguel, sin nexo con el mar, que a duras penas se logró recolocar en la fachada de la parroquia homónima (1991). Faltan allí las de San Telmo y Santa María del Socorro, patronos en su día de los navegantes, como si a nadie le importase. Este desinterés por la religiosidad marinera lo delata que la Virgen del Carmen no figura ni en el nombre de la Cofradía de Pescadores ni en las otras asociaciones relacionadas con la gente de mar, ni siquiera tiene altar propio en la iglesia San Miguel del Puerto, solo una amplia hornacina. La única capilla a la Virgen del Carmen aledaña al puerto comercial es la que tiene el Apostolado del Mar en su sede Stella Maris y que solo se abre a los oficios retirando el panel que la comunica con la sala del bar.

Tras los embates de 1835, 1909 y 1936, la iglesia de San Miguel del Puerto ya no se recuperó del todo. No contó con suficientes medios para apoyar y ser atractiva a sus feligreses marineros por más de haber contribuido estos a su construcción (1755) y haber sido la sede de sus últimas cofradías. Eran en su mayoría pobres desde que se fundó el barrio y lo siguieron siendo a pesar del pujante comercio marítimo y la fuerte industrialización (La Maquinista, el astillero, la gasística…). Así lo fue hasta hoy. Cuando la visita pastoral de 1890 pidió una restauración completa, el párroco adujo “el estado poco lisonjero de esta feligresía”, que bastante tenía con pedirle la buena voluntad para tirar adelante con el asilo y la escuela.
Tras la Guerra Civil volvió a pasar otro tanto y el párroco decidió que primero era la gente que el templo. Así que en la parroquia perviven las trazas de los vandalismos anticlericales, al igual que en la de la Virgen del Carmen (Raval) o en la de Santa Madrona (Poble Sec), mientras han sido eliminadas con suntuosas reconstrucciones los santuarios de la Bonanova y de la Madre de Dios del Carmen (Diagonal/Bruc). Iglesia pobre, iglesia rica, que deja a las claras el desguace de la devoción de la gente de mar, patente en su más tradicional y cercana iglesia, despojada incluso de sus tres campanas, una de ellas, la Margarita, con la inscripción marinera: “San Miguel, aléjanos de la tempestad a quienes vamos errantes”.

Para cuando se extendió en Barcelona la devoción a la Virgen del Carmen entre los marinos y pescadores, los barrios marineros pronto irían a menos y hacía mucho tiempo que numerosas profesiones de gente de mar dejaron de ser tales. Los estibadores empezaron en 1816 a mojarse cada vez menos para descargar los barcos al construirse el muelle de la Riba (Barceloneta), el primero con andén y cantil. Siguieron recurriendo a las barcazas para las operaciones de carga abarloándose a los buques fondeados o atracados por popa. Hoy rara vez tocan el agua, son más un eslabón de la cadena logística en el comercio marítimo que gente de mar. Antes que ellos desaparecieron del colectivo marítimo los carpinteros de ribera, calafates, carreteros, trajineros, veleros, cordeleros… Sus sucesores: arquitectos navales, camioneros, fabricantes de cabuyería y aparejos… no son lo mismo al no tener su trabajo contacto directo con el mar.
El histórico colectivo de gente de mar quedó reducido en Barcelona a los marinos de la Armada, los mercantes y los pescadores. Y aun estos yendo a mucho menos, lo que ha afectado a la devoción marinera por falta de personal potencialmente proclive a ella. La Comandancia Naval perdió las atribuciones civiles en la gestión marítima y portuaria y se abolió el servicio militar en la Armada por todo lo cual, hasta hace unas décadas muchos jóvenes en Barcelona vivían un tiempo inmersos en la cultura marinera. También el colectivo de pescadores y de marinos mercantes se ha reducido a su mínima expresión siete décadas después de que el Instituto Social de la Marina todavía construyese en la Barceloneta más de 160 viviendas para ayudarles, doce de ellas en la esquina Paseo Juan de Borbón/Almirante Cervera, en un edificio señero por su innovador diseño y gran calidad (1954).
Eran otros tiempos. En Barcelona predominaban entonces los barcos y los marinos españoles mientras hoy poco menos que su presencia es testimonial a pesar de que el puerto ha multiplicado su tráfico comercial. Y no será por tripulantes que no existan barrios y locales marineros. Un día cualquiera de verano puede haber en el puerto 4.000 marinos mercantes, la gran mayoría embarcados en los cruceros, pero están encapsulados a bordo sin tiempo o medios para salir a tierra como no sea para darse una vuelta por la Rambla, visitar la Sagrada Familia y hacer unas compras. No tienen ni podrían contribuir a tener un barrio marinero. Y que un alto porcentaje de ellos sean filipinos, más proclives al catolicismo, tampoco reflota significativamente la devoción en Barcelona.

La Facultad de Náutica es una muestra paradigmática de este desguace. Su actual edificio se fundó en 1932 y al menos en la primera etapa del franquismo tuvo capilla dedicada a la Virgen del Carmen. Pudo ser iniciativa del Apostolado del Mar como también que se impartiese la asignatura de Religión confiando en que “los mejores apóstoles de los marinos serán los propios marinos” (Pío XII). Pues no, no pudo ser. Ambos propósitos acabaron arrumbados, perdurando durante mucho tiempo las actividades y fiestas relacionadas con la Virgen del Carmen (cenas, bailes, visitas) hasta que todo eso también se fue esfumando.
Todavía hace poco la Facultad hacía de la festividad del Carmen un día menos laborable de lo que debiera, pues no correspondía a lo programado por la UPC, a la que pertenece. Ya ni eso. Queda en el despacho del decano una bella estatua de la Virgen del Carmen, sobre una peana pegada a la pared, acompañada de antiguas cartas e instrumentos náuticos (sextante…) a modo de enmarcarla con las décadas en que la facultad festejó a la patrona de los marinos. Por supuesto que dicha imagen no tiene finalidad devocional, pero en todo caso mejor allí que en un armario donde, dicen, estuvo guardada por no saber qué hacer con ella.
NOTICIAS RELACIONADAS
La devoción de la gente de mar en Barcelona (1018-2024). I – Introducción
La devoción de la gente de mar en Barcelona (1018-2024). VII – San Telmo, un patrón proscrito

