El pasado 16 de julio, festividad de la Virgen del Carmen, fue en el puerto comercial un martes de sol y moscas tanto más sereno porque celebró la patrona del sector marítimo como si fuera un domingo cualquiera que se había encartado de más en la semana. Grúas paradas, terminales y oficinas cerradas, tráfico casi inexistente, servicios mínimos. Eso en lo laboral. Y eso era todo. Nadie lo celebraba, ningún colectivo portuario lo festejaba de algún modo, siquiera con un aperitivo entre sus miembros. Y, claro, ni un barco ni una torre de control (prácticos/control marítimo, capitanía marítima) estaba empavesado. Nada.
Es un festivo que, sin nombrar el motivo, figura con la fecha 16 de julio en el Convenio Colectivo de Puertos del Estado y Autoridades Portuarias del Ministerio de Fomento. Como si la Virgen del Carmen fuese innombrable, no aparece en el texto. Se supone que es un festivo portuario concomitante con las celebraciones de la patrona de los marinos en todo el litoral nacional o que el extenso sector marítimo también la tiene de patrona. A saber, en todo caso, esperpéntico: un festivo sin fiestas ni programa de actividades, sin un acto especial en las numerosas sedes y colectivos portuarios. Lo sé porque antes o después del 16 de julio los visité o, al menos, contacté con alguno de sus miembros: de Autoridad Portuaria y Capitanía Marítima a Estibarnia (estibadores), Rebarsa (remolcadores), Policía Portuaria, Casa del Mar, Facultad de Náutica, Museo Marítimo…

Viendo el éxito, ni pregunté a las agencias marítimas, consignatarias, transitarias. Pero daba por seguro que los barcos españoles atracados en Barcelona lo celebrarían manteniendo la costumbre de engalanar el barco y festejar el Carmen con una comida especial y una larga sobremesa por ser festivo, tal como lo viví aquí hace trece años en un barco de Trasmediterránea. Ni pude comprobarlo porque esa mañana no veía a ninguno. Para asegurarme de que no se esperaba ni al de Balearia entré a preguntar en el centro de Estibarna. En su amplio salón/bar multiusos estaba un pequeño grupo de estibadores, quienes me confirmaron que no había atracados buques españoles.
Fue cuando les pregunté si ellos celebraban la festividad del Carmen, sabiendo que Santa Tecla había sido durante siglos la patrona de sus antecesores en las faenas de carga y descarga de los barcos. Y ¡oh sorpresa! Los estibadores de Barcelona tienen de patrón a San José Obrero, celebrándolo el 1 de mayo por todo lo alto con una comida de hermandad junto a sus familias, con actividades para los niños, con actos de reconocimiento para quienes se jubilan ese año y para los ancianos del colectivo. Vino a confirmar que no son gente de mar. Algo similar sucedió con la Policía Portuaria, a quien no hace tanto se amagó con nombrarle de patrona a Santa Eulalia. Se rechazó tal idea porque, dicen, poco menos que preguntaron a sus mando ¿quién era esa señora?, porque si es caso debería ser la Virgen del Carmen.

El desapego con que viven la festividad del Carmen el puerto, sus entes y sus colectivos confirma que la gente de mar se ha reducido a quienes navegan, que el sector marítimo sin navegantes en realidad no tiene patrona, que el puerto de Barcelona es un centro logístico similar a los puertos secos (ej. Zaragoza) y que las asociaciones profesionales tienden a no celebrar ni siquiera tener santos patrones en una sociedad secularizada.
Un barrio marinero inexistente
La festividad de la Virgen del Carmen en Barcelona es atípica comparada con la mayoría de las celebradas en otros grandes puertos españoles. Carece del fuerte respaldo de un barrio marinero, de un secular convento/parroquia carmelita cercano, de una tradición con actos propicios al reclamo turístico, de una participación completa y conjunta de las gentes de mar. Son carencias que impiden celebrar en Barcelona la Virgen del Carmen al menos con el esplendor que tuvo hace décadas o que mantienen actualmente otros puertos (Málaga, Santander, Santurce, Las Palmas…). Otra razón de más para que no suenen las sirenas en la festividad del Carmen.

El barrio marinero de la Barceloneta no existe, aunque los pescadores siguen viviendo del mar con sus barcos, muelles y lonja. Dejaron de ser lo suficientemente numerosos para marcar la personalidad del barrio, hoy volcado al ocio y al turismo, al sol y playa. Apenas quedan 200 pescadores y una veintena larga de barcos para un futuro cercado por la falta de pesca, el remplazo generacional y las cortapisas de la UE para velar por la sostenibilidad. Para subsistir, este único sector primario de Barcelona ha buscado nuevos caladeros en la gastronomía del mar al plato y en actividades para quienes deseen conocer la faena de los pescadores. Es el caso de Cap a Mar (2019), una asociación creada por las últimas sagas de pescadores que compagina la pesca artesanal con el pesca-turismo, las experiencias marineras y los cursos de cocina con productos del mar.
Y gracias que la Cofradía de Pescadores ha esquivado que le desalojasen de su secular zona para alejarla hacia la bocana del puerto. La nueva lonja, inaugurada hace cuatro meses, se abrirá al acabar la Copa del América para acercar la gente a la subasta de pescado, a la cocina mediterránea en su restaurante dentro del atractivo entorno portuario de la Torre del Reloj… un modo de visibilizar y sacar réditos a la pesca.
En resumen, si la mar no produce pescadores en Barcelona al menos que genere puestos de trabajo de cocineros, camareros y demás empleados de bar, degustación y restaurante. Más de lo mismo para la economía de un barrio de ocio y turismo; menos y a menos en cuanto a ser un barrio marinero, salvo que lo consideremos tal porque sus locales sean un decorado con anclas, redes, rueda de cabillas, cuadros de marinas y fotos de pescadores para seguir vendiendo el falso tópico de que es un barrio marinero.

Los estibadores es otro de los colectivos que hasta hace tres décadas contribuyeron a la tradicional imagen de la Barceloneta. Hoy no, aunque su sede corporativa sigue en el edificio San Pedro Pescador, calle Mar de dicho barrio. Ellos, con sus grúas y su sede operativa Estibarna, están muy lejos de allí desde que el puerto comercial pasó a las faldas de Montjuic y a las zonas logísticas ZAL. La gran mayoría de quienes trabajaron en los muelles Barceloneta, España, Bosch i Alsina, Baleares… se han jubilado, gracias también al coeficiente reductor de la edad de jubilación. Y para quienes les han relevado, vivir en la Barceloneta no les aporta la proximidad a su puesto de trabajo. Sin esta ventaja, el barrio donde muchos incluso se criaron es una rémora para quienes tienen buenos sueldos. Viviendas pequeñas, viejas, sin parquin, calles estrechas, convivencia degradada, pisos turísticos, servicios públicos mejorables. Pudiendo permitirse comprar una vivienda acorde a sus ganancias no iban a elegir la Barceloneta para vivir, tampoco para mantener las tradiciones de la gente de mar, léase su patrona.
Los marinos mercantes es otro relevante colectivo que se esfumó de la Barceloneta también a medida que la globalización y liberación del transporte marítimo (OMC, Unión Europea) y las nefastas decisiones gubernamentales acabaron con su competitividad, prestigio y posibilidades de embarque. Hasta hace cuatro décadas la flota mercante española todavía se enseñoreaba en los muelles del distrito de Ciudad Vella y sus numerosos tripulantes, por entonces no había tripulaciones mínimas, formaban parte de la Barceloneta porque el barrio aún era el centro (hub) de instituciones y actividades del transporte marítimo.
Del adiós a todo eso queda la Facultad de Náutica. La Casa del Mar/Instituto Social de la Marina, con sus actividades volcadas para la gente de mar y sus familias, pasó hace décadas de la Barceloneta al distrito Sant-Montjuic. Mantiene la hospedería, las revisiones médicas preceptivas para embarcar, los trámites administrativos…; no así las actividades socio recreativas para gente de mar. Hace unos años pregunté en su club de jubilados cuántos marinos había, me dijeron que ninguno; el otro día hice la misma pregunta y me respondieron que uno, un pescador. En todo caso no cuentan con ayudas para actividades culturales, recreativas, vacacionales… algo que sí ofrecía la antigua Casa del Mar.

La falta de marinos y barcos mercantes coincidió con que en la Barceloneta o en sus inmediaciones desaparecieron las navieras, las agencias marítimas… y terminasen por cerrar la centenaria Librería Náutica, la venta de cartas y publicaciones náuticas del Depósito Hidrográfico de la Marina, las sastrerías y las fondas para marinos. Se mantienen el astillero, los talleres y las tiendas de efectos navales para la navegación de recreo.
La marina mercante ha sido suplantada en los muelles próximos a la Barceloneta por la náutica de ocio y deporte. Sus navegantes no encajan en la tradicional gente de mar ni contribuyen a que la Barceloneta sea un barrio marinero, por cuanto sus superyates forman un gueto de lujo con entradas restringidas a sus socios, con 50 sofisticadas cámaras de videovigilancia y con empalizadas en todo su entorno. Y con un exclusivo centro de restauración y ocio One Ocean Club, más otro para los tripulantes, de modo que sus marinos y sus pasajeros de cortesía tengan todos los servicios sin necesidad de salir a la Barceloneta. De origen diversos, son ajenos a lo que les circunda y por la misma son ignorados por sus “vecinos” de los aledaños. Se comprueba en la biblioteca de la Barceloneta al ver que solo consideran del barrio a los pescadores, estibadores y marinos mercantes. La marina Port Vell ni aparece en las estanterías, acorde a que tampoco sus lujosos yates harán sonar las sirenas para celebrar la Virgen del Carmen.
Una patrona sin arropar
Barcelona celebra la festividad de la Virgen del Carmen sin un acto central, unitario y popular que congregue a la gente de mar, a las entidades portuarias y a una multitud de vecinos siquiera de un barrio. Hay asociaciones de marinos que no participan de ninguna de las maneras (ej. la de Capitanes y la de Maquinistas de la Marina Mercante) y otras lo hacen a modo de una fiesta acotada para su colectivo (La Liga Naval, RAECY), por lo cual solo tiene visos de popular la impulsada en la Barceloneta por la Cofradía de Pescadores, por la parroquia San Miguel del Puerto y por el Apostolado del Mar, con la vistosa participación de la Armada y con una representación de la Autoridad Portuaria, del Ayuntamiento y de poco más.

A pesar de todo, la celebración del Carmen en la Barceloneta es notoria teniendo en cuenta que se circunscribe a los actos religiosos de misa y procesión, salvo un pequeño refrigerio tras acabar la ofrenda de flores por quienes perdieron la vida en el mar. Aun así, apenas suenan las sirenas en la Barceloneta. La procesión marítima no es nada multitudinaria, ni cabría esperar en una ciudad con fuerte caída de la devoción.
Falla por la base. No existe barrio marinero, apenas hay gentes de mar en Barcelona e incluso la mayoría de estas no celebran su patrona. Este contexto es similar en otros puertos y sin embargo la festividad del Carmen la siguen festejando a lo grande porque, al contrario que en Barcelona, está arropada por una sólida tradición patrimonial o por la imbricación de la fiesta marinera con la celebración de esta advocación mariana en un convento carmelita (ej. Badalona), o como patrona de la parroquia portuaria (La Isleta/Las Palmas), de un barrio (El Perchel/Málaga) y de toda la localidad (Puerto de Santa María, Santurce). Nada de todo esto goza la festividad del Carmen en la Barceloneta, incidiendo en que se celebre mucho menos.
Por alguna razón, la gente de mar de Barcelona celebró desde el principio su patrona por su cuenta, ajena a que, en el barrio del Raval pegado al puerto, la parroquia Virgen del Carmen también festejaba y procesionaba a la misma patrona. Y lo empezó haciéndolo en la parroquia de Santa Mónica, en el Raval cerca del monumento a Colón, cuando la otra tenía un espléndido templo modernista recién acabado (1913). Fue un mal comienzo, porque la iglesia de Santa Mónica carecía de tradición con la Virgen del Carmen y no tenía cofradía o hermandad a esta advocación, mientras la otra parroquia había recogido, tras pasar antes por la iglesia de las Jerónimas, la secular devoción muy popular del cercano convento carmelita (1323-1835), vandalizado en la bullanga y cuyo arco de la fachada puede verse fantasmagórico en una rotonda de San Adrián de Besós, vestigio del intento de reedificarlo en ese lugar (1872).

Cuando las celebraciones de la Virgen del Carmen pasaron a la parroquia San Miguel del Puerto ya era tarde para que ahora se pudiera considerar una arraigada tradición de la Barceloneta o un muy popular patrimonio marinero. Su imagen está en una hornacina lateral, no en el altar mayor, carece de una cofradía a su nombre y, desde luego, ni es patrona de la iglesia ni del barrio ni da nombre a una playa, a un muelle, a una plaza u otra área determinada. Al contrario que bastantes puertos españoles, tampoco tiene monumento en el puerto, donde solo es patrona de la ahora alicorta gente de mar, colectivo sin conexión directa con una ciudad que vive de espaldas al mar salvo para potenciar el ocio, el turismo, el deporte y la imagen mediterránea.
Distinto habría sido si hace un siglo la hubiesen nombrado patrona de la Barceloneta, algo que hizo la villa de Santurce (1907). Su festividad habría coincidido hoy con la Fiesta Mayor del barrio y el programa de fiestas abarcaría una semana con todo tipo de actividades, siendo su día central el 16 de julio con la misa y la procesión marítima. Nada de eso. El patrón es San Miguel Arcángel porque quien decidió crear el barrio se llamaba Jaime Miguel de Guzmán-Dávalos de Espinosa, capitán general de Cataluña (1749-1767), cuyo santo propio y familiar era San Miguel Arcángel. Era tan su iglesia que allí dejaría sus restos en un imponente sarcófago (destrozado en 1936). Su esposa, marquesa también, impuso su preferido San Antonio de Padua y lo mismo hizo el lugarteniente Miguel Bañuelos Fuentes, quien para complacer a su hija Loreto levantó en la parroquia un altar a la Virgen de Loreto.
A la gente de mar bastante tenía el capitán general con dejarles poner a sus cofradías y patrones dentro del templo y a dos de sus santos en la fachada por componer ellos la gran mayoría de quienes estrenaron la Barceloneta. Y allí siguen presidiendo el altar San Elmo y Santa María del Socorro, uno a cada lado de San Miguel Arcángel, cuando estos dos santos le traen al pairo a los actuales marinos. Mientras al patrón del barrio, al contrario que a la Virgen del Carmen, no le ponen flores, ni le sacan en procesión ni congrega tantos fieles en la misa de su festividad.
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