Hace unos días, NAUCHERglobal publicó un artículo, en dos partes, sobre la necesidad de una comisión de investigación de accidente marítimos rigurosa y eficaz, en el que se exponían interesantes matices: el porqué de la necesidad de su creación, de cómo fue la Ciaim diseñada y desarrollada, la amalgama política de los componentes del Pleno de la misma, el escaso rigor de sus informes, etc. A la vez, en dicho artículo se ponía en cuestión uno de los últimos informes emitido por esa desdichada Comisión: el embarrancamiento del catamarán de pasaje PINAR DEL RÍO.
El diseño y desarrollo de la Ciaim ha sido un error típico de los políticos que al detentar el poder les entra el morbo de dominar y controlarlo todo. Así sucedió en este caso con la todopoderosa vicepresidenta del gobierno de Zapatero, María Teresa Fernández de la Vega, creadora de la citada comisión. Ahora deberán ser los políticos quienes resuelvan el desaguisado en que se encuentra la Ciaim, que nos está llevando a un descrédito internacional que ni España ni el mundo marítimo español se merecen.
Los gobernantes deberían ser conscientes que si quieren comisiones y organismos técnicos eficaces y rigurosos deben asumir que han de estar compuestos por profesionales altamente cualificados que conozcan el sector, libres de toda influencia política e independientes a la hora de tomar decisiones que conciernan a la investigación que se esté llevando a cabo; es decir, todo lo contrario a lo que está sucediendo con la actual Ciaim.
Uno de los errores políticos que se ha cometido al legislar sobre la composición del Pleno de dicha Comisión ha sido la de contentar a algunas instituciones, las más afines, premiándolas con la colocación de sus idóneos, aunque algunas de ellas no tuvieran nada que ver con el tema marítimo.
De tal desatino clavado en el origen de la Ciaim nació la degradación de este importantísimo órgano colegiado, adscrito al Ministerio de Transportes, Movilidad y Agencia Urbana, que al cabo de los años ha acumulado tanto desprestigio y descrédito que ya nadie cree en los informes de la CIAIM. Es más, hasta se podría decir que se están esperando la emisión de los mismos para hacer jocosos comentarios.

Los siniestros marítimos se producen en un medio complejo y hostil como es la mar, en el cual los marinos han desarrollado su experiencia profesional y están acostumbrado a resolver por sí mismos los problemas náuticos y técnicos que aparecen en cada singladura, porque es muy consciente que en alta mar nadie vendrá a resolverle el problema. Este cúmulo de circunstancias y experiencias configuran al marino como una persona con reflejos y mente analítica a la hora de enfrentarse a los problemas del medio en que ejerce su profesión. Los marinos estamos acostumbrados a observar, investigar y resolver el porqué de cada avería o anomalía que le ocurre durante las navegaciones.
Por ello, cuando sucede un accidente o incidente marítimo, deberían ser los marinos (puente o máquinas) quienes llevaran a cabo la investigación de los siniestros marítimos, ya que por su experiencia son los únicos capaces de comprender lo que pudo haber sucedido, cómo y por qué; nada es nuevo para ellos y la investigación no supondrá problema alguno porque ya están habituados. Este bagaje de conocimientos y experiencias deberían ser aprovechados para conformar el Pleno de la Ciaim.
Y esto es lo que no se ha hecho. Al revés, se dejó la misma en manos de funcionarios con grandes lagunas técnicas, sin experiencia de navegación, que llevan años atrincherados en la Comisión, aprovechando la misma como trampolín político para ver si algún día les llueve algún cargo político o destino dorado y, mientras tanto siguen emitiendo informes técnicos vacíos, exentos de todo rigor profesional, que producen una gran desazón y hasta indignidad cuando se leen. En muchos casos, los informes de la Ciaim impiden que se investigue la verdadera causa de los accidentes e incidentes marítimos.
La única manera de terminar con los contumaces y fraudulentos informes emitidos por esta malhadada Comisión, es que un Gobierno con sentido de Estado la disuelva y legisle un nuevo organismo de investigación de accidentes e incidentes marítimos dirigido por marinos profesionales, exentos de todo tipo de mochilas políticas, de intereses navieros y asociaciones del entorno. Sólo así España podrá contar con una comisión de investigación acorde a su potencial marítimo; y sólo así será respetada en los foros marítimos internacionales por el rigor de sus informes de los accidentes e incidentes marítimos.
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NOTA DEL EDITOR. En la foto de portada, el buque VOLCAN DE TENEGUÍA, cuyo incendio en febrero de 2020 está siendo investigado por la Ciaim.

