La inversión de 20 millones de euros presentada esta mañana, en este caso por parte de Marina Port Vell (leer noticia relacionada), se trata, nuevamente, de una muestra de que la resiliencia y la potencia de crecimiento sostenible del sector náutico debe hacerse más palpable y compatible en el seno de la propia Autoridad Portuaria de Barcelona y que no sólo se debe apostar a nivel interno –que también- por la logística, los pasajeros o el puerto –denominado- industrial…
La náutica, sus decenas de empresas, sus centenares de trabajadores y su milmillonaria facturación solo en la Ciudad Condal, deberían tener un mayor reconocimiento y formar parte de la llamada comunidad portuaria, en la que sólo están presentes a través de un consejo rector que se reúne dos veces al año, algo que NAUCHERglobal viene reclamando desde nuestros orígenes.
Seguro que sería bienvenido por una mayoría –aunque renegado por unos pocos inmovilistas- que en la nueva presidencia del puerto en esta etapa con Damià Calvet al frente se tomen medidas para dar mayor visibilidad a uno de los pocos sectores que, sin ir más lejos, no ha sufrido –tanto- la pandemia… Al revés, las matriculaciones de embarcaciones llevan crecimientos sostenidos elevados desde hace meses.
Quizá, una buena forma de empezar (a nivel informal, si se quiere), sería en el clásico Cóctel de Navidad que ofrece el puerto a su comunidad, donde transitarios, agentes de aduana, terminalistas industriales y consignatarios conforman la única representación histórica. Así ha sido y debería continuar siendo… pero aceptando la inclusión de otros actores: la náutica es también modernidad; y todo lo que ésta mueve, desde turismo a formación, astilleros, marinas o clubes, a industrias auxiliares de todo tipo, navegantes, etc. tienen que sentirse también miembros de una comunidad que, de momento, les ha dado la espalda.
Barcelona tiene que servir ejemplo para otros puertos, tanto nacionales como internacionales, en esta apuesta por la náutica y sus gentes y ya, de paso, actos como el de hoy en Marina Port Vell deberían servir para dar voz a un segmento empresarial que engloba desde el pequeño negocio de alquiler de tablas de paddle con innovadoras propuestas a punto de ver la luz, como Suricata Surf; a la mayor empresa del mundo dedicada al repair&refit de yates, como MB’92; pasando por la apuesta por la innovación del Pier One; la cultura de la mano –ojalá- del Hermitage, el Museu Marítim o de la antigua sede del puerto en el Portal de la Pau; el deporte amateur de los clubes a pie de playa, o el deporte de élite, como en el caso de la Fundació per a la Navegació Oceànica. Pesca, restauración, talleres, vela, formación profesional y universitaria, deporte… todos estos y más se dan cita en un espacio de poco más de 700.000 metros cuadrados que debe tener más capacidad de diversificarse a gran escala… lo primero con la visibilidad por parte del puerto que acoge sus actividades.
Y no cabe olvidar las inversiones prometidas desde hace años. Y ya no caben tampoco las rencillas y disputas con el ayuntamiento por cuestiones más políticas que razonables: dialoguen, concluyan y pónganse al servicio de la ciudadanía para continuar siendo referentes.
La industria náutica también es un ejemplo para la esfera más “industrial” de los puertos. Cuando en Barcelona –entre otros- se está hablando de la importancia de la electrificación de los muelles para grandes buques, varias de sus marinas emblemáticas ya tienen desde hace años electrificados sus muelles y zonas de amarre… y, hasta el momento, nunca han sido reconocidos como tal.
También es ejemplo el negocio ferial: Barcelona cuenta con el principal salón náutico del Estado y muchas de las empresas del segmento también acuden a otros eventos internacionales y dan la cara por la denominada marca Barcelona… quizá deberían ir acompañados de la propia autoridad portuaria que sí está presente, sin ir más lejos, en eventos logísticos acompañando a empresas del puerto industrial.
En pleno siglo XXI, el siglo quizá del talento, es quizá momento de plantearse un cambio de paradigma y humanizar más el contexto económico para identificar el trabajo de personas y no sólo de empresas. Y, fundamentalmente la náutica, en todas sus vertientes, está hecha por personas que, aún atendiendo a sus cuentas de resultados, están realmente enamoradas de su profesión, ya que es un “oficio” plenamente vocacional.
Y, además, está en auge… ¿Por qué no darle el apoyo que merece desde la esfera institucional? Es el momento de replantearse el futuro y ser generosos en la igualdad de oportunidades a todas las empresas que, de uno u otro modo, forman parte del recinto.

