Corría el año 1996 cuando el marino y escritor Cecilio Pineda, un visionario seminal, imaginó un premio literario para obras que hablaran del mar, de barcos (mercantes a ser posible), de anclas perdidas, de burdeles bien servidos y de locales donde bañarse en alcohol. Durante meses se puso manos a la obra.

Las palabras se unen con facilidad a poco que se tenga algo de práctica. Pero del dicho al hecho va un buen trecho, un largo camino cuyas piedras, curvas, desniveles y baches superó, no sin mucho esfuerzo, la tenacidad del visionario. Cecilio Pineda organizó una asociación, Amigos de Nostromo, y convenció a las autoridades del puerto de Barcelona, al decano de la Facultad de Náutica y a muchos empresarios vinculados al transporte marítimo para unirse al proyecto y que de paso dejaran algunos billetes de banco que habían de servir para dotar el premio literario con un atractivo montante económico. Sedujo también al patrón de editorial Juventud y a la directora del Museo Marítimo, a quienes ganó para la causa, y a cuatro o cinco amantes del mar y de la literatura que le ayudaron a dar forma al proyecto.
Acordaron bautizar la iniciativa como “Premio Literario Nostromo, la aventura marítima”, en honor del escritor Joseph Conrad, autor de “Nostromo”, una admirable novela que inventa un país sudamericano, Costaguana, fundamento y espejo de lo que posteriormente otros escritores convinieron en llamar “realismo mágico”. La palabra “nostromo”, o “nostramo”, designa al contramaestre (jefe de la marinería) entre los tripulantes de un buque; en ese sentido la utilizó Conrad, marino de profesión, que hizo de la mar y de los barcos la materia original de su literatura. Joseph Conrad supo elevar la vida y los sueños de los tripulantes de un buque a la categoría de literatura universal.

Para asentar la complejidad de un premio literario, exclusivamente sustentado en la sociedad civil, sin dinero público ni el mecenazgo de una editorial, Cecilio Pineda lanzó y puso en marcha la Asociación de Amigos de Nostromo, que sigue siendo hoy la organizadora del premio. Nostromo era entonces el nombre del bar-restaurante-librería que Cecilio Pineda había montado en 1992 con un grupo de marinos.
Y fue también Cecilio Pineda quien dio forma a las características del premio, vigentes hasta hoy:
1. Los originales han de tratar, en un sentido amplio, de la mar y de sus gentes. El propósito era llenar el vacío existente en la literatura española contemporánea que, a despecho de la tradición y de la importancia de todo orden que la mar tiene en nuestro país, carece de una narrativa específicamente marítima.
2. La dotación económica está integrada por las aportaciones de las empresas e instituciones que patrocinan el premio. Merced a la constante ampliación del número de patrocinadores, todos ellos vinculados a la comunidad marítima y portuaria, dicha dotación pasó de 300.000 pesetas en la primera convocatoria (fallada en mayo de 1997), a 10.000 euros en la décima edición.
4. La convocatoria del premio Nostromo ofrece una posibilidad a muchos escritores noveles, la mayoría relacionados con el mundo marítimo, para dar a conocer sus obras.
Las primeras ediciones del Premio Nostromo contaron con un jurado de grandes figuras, algunas legendarias en el mundo cultural marítimo, José María Ruiz Soroa y Santiago Hernändez Izal, por ejemplo; otras de enorme relieve en el ámbito catalán, pues al premio podían presentarse novelas escritas en ese idioma, como Carles Duarte o Josep Maria Albaigés.
Aunque hay excepciones, los visionarios suelen ser gerentes descuidados, pues aborrecen la rutina de solventar los problemas de cada día. Así que, con el premio lanzado y varias ediciones cumplidas, otros marinos se hicieron cargo de la dirección y organización del premio. Hasta hoy que el Nostromo ha podido celebrar su 25 aniversario. Todo un éxito.

