El “apoyo interesado” que López prestó al Estado durante la Guerra de África es otra opinión gratuita de Alharilla sin otro objetivo que desmerecer al naviero cántabro. La verdad le trae al pairo, ni que esté refrendada con algún apunte periodístico:
El vapor MARSELLA llegó a Alicante el martes conduciendo gratis de Málaga a 253 quintos. La empresa López no cesa de dar pruebas de su patriotismo y desinterés. (“La Discusión”, 11.02.1860).
Claro que siempre se podrá decir que tal o cual periódico estaba comprado por el armador y éste último era un cínico que regalaba unos cientos de reales mientras se embolsaba miles gracias al trato de favor por parte del Estado. Con estas adversativas nunca habría nada seguro, todos bajo sospecha. También las señoras que en Barcelona apoyaron a las tropas donando ropa, tal que Teresa Espejo de Masó (esposa de naviero y suegra de la cuñada de López, Caridad), Albina Thompson de Tresserra (suegra del general Dulce), Dorotea de Chopitea (esposa del naviero Serra), Carolina Vidal (esposa del banquero Girona)… (diario El Telégrafo, 02.11.1859).
Alharilla demuestra que no ha investigado el rol de López en la Guerra de África, carece de fuentes documentales. Ni se ha molestado en cambiar la historieta que se le ocurrió hace un cuarto de siglo a pesar de que los archivos vuelven a enmendarle la plana poniendo en evidencia su mal trabajo. Siempre igual. Le sobran juicios malintencionados contra López sobre hechos de los que no tiene ni pajolera idea. Alharilla se monta el peliculón con trasfondo bélico de que Antonio López se enriqueció interesadamente con la Guerra de África. Y este proceder, para más inri, marcaría, según apunta el historiador, el inicio de las relaciones privilegiadas del comillano con el Gobierno:
Dicho conflicto no solo representó para López una primera oportunidad de conocer los beneficios que resultaba de contratar negocios con el Estado, sino que además (…) pudo abrirle las puertas para la conducción de la correspondencia a las Antillas. (2021:138).
Alharilla implica en la Guerra de África a los tres buques de A. López como si estuviesen primordialmente al servicio del Estado, sacando fuertes beneficios al tiempo que Antonio López gestionaba para el Gobierno incluso barcos que no era suyos. ¡Pero qué película es esa!, máxime cuando le vale para explicar la posterior concesión a López de la línea marítima del correo oficial a las Antillas. Ignora cuánto ganó y qué contrato obtuvo el naviero cántabro; no aporta un balance ni un estudio comparativo respecto a otros barcos también fletados para ese conflicto. Mentiras, o si se prefiere suposiciones maliciosas.

La participación de un centenar de buques mercantes en la Guerra de África, desde el 26 de octubre de 1859 al 30 de mayo de 1960, está documentado en al menos tres listados. Uno de ellos es casi prescindible porque es incompleto y escueto, pues los nombres de los buques figuran en un apunte a mano alzada sin apenas datos (legajo nº 302, “Expediente de buques fletados por el Estado” para la guerra, Archivo General de la Marina Álvaro de Bazán. Viso del Marqués).
Un segundo listado, también en el Archivo General de la Marina, aporta por orden alfabético el nombre de cada barco, si es o no a vapor, su nacionalidad y los periodos comprendidos en que estuvieron fletados. Los de Antonio López lo fueron: el ALICANTE (26.10.1859—26.03.1860); el MADRID (31.10.1859—10.05.1860); y el MARSELLA (28.10.1859—04.04.1860). Ninguno de los tres llama la atención por la extensión de sus contratos entre la decena de vapores con similares fechas. Fueron fletados como tantos otros, salvo que ya de entrada participaron en el esfuerzo bélico porque al declararse la guerra estaban haciendo la línea marítima en la que urgía el transporte de tropas y vituallas que se necesitaba entre Marsella y Cádiz, con sus puertos de escala intermedios. Los buques extranjeros, por ejemplo, entraron en servicio días después. Llama la atención que en este listado figure un vapor MADRID de nacionalidad jerosalimitano (gentilicio de Jerusalén), fletado solo el 18 de marzo de 1860; y el vapor español VILLA DE MADRID fletado el 29 de enero de 1860.

De este segundo listado no se pueden sacar conclusiones de trato de favor a López ni tampoco cuánto ganó él, menos aún que amasase sumas fabulosas, pues no figura pago alguno. Ni siquiera es definitivo porque no concuerda nada con el hecho de que, durante el medio año largo de guerra, los barcos de López mantuvieron sus líneas marítimas, tal como se refleja en los anuncios de prensa y en las propias noticias:
Aunque ayer anunciamos tomándolo de un periódico de Alicante, que los vapores-correos de los Sres. A. López y Cía habían sido contratados por el Gobierno para la conducción de tropas, sin embargo, sabemos positivamente que seguirán haciendo sus viajes sin alterar el itinerario que tienen establecido. (diario barcelonés El Telégrafo 01.11.1859).
Los barcos de López debieron adaptar sus planes de viaje para trasportar también tropas y vituallas. Lo reflejan la sección «Marítimas» de la prensa (entrada, salidas, rutas, carga/pasaje… de los buques), las cuales tan pronto dan para la naviera López datos comerciales privados como el transporte de soldados, acémilas y efectos de guerra. Rara vez uno de sus tres vapores pasó el Estrecho: El MARSELLA al menos en una ocasión fue a Ceuta (El Clamor Público, 07.01.1860). Y Antonio López en ningún caso figura como fletador/gestor de buques mercantes partícipes del esfuerzo bélico. Basta revisar la documentación oficial. Él no aparece tampoco en la gestión de los cinco vapores de gran porte que el Gobierno fletó a la Cía. Genovesa Trasatlántica (18.11.1859). Todos los buques mercantes fueron contratados por el Gobierno y estaban a las órdenes de la Armada. Así consta al reconocerse los méritos de los capitanes y oficiales de los buques fletados, en particular del vapor BARCELONA:
Los Capitanes de los buques de vapor mercantes tanto nacionales como extranjeros fletados por el Gobierno para el servicio del Ejército, durante la campaña que tan felizmente acaba de acabar, han cumplido su cometido bajo la inmediata dirección de la marina de guerra. (Ejército de África, Estado Mayor, 30.06.1860)

Habría que resaltar que entre los buques/tripulaciones a que se les reconoció méritos de guerra, no figura ninguno de la naviera López, y ni éste ni sus capitanes aparecen entre la multitud de galardonados con medallas, recompensas, diplomas…, lo cual probaría que su participación en el conflicto no fue relevante. Ni hay rastro de él entre los innumerables contratistas, asentistas y benefactores (ej. el indiano Juan M. Manzanedo puso dos millones de reales sin intereses).
El tercer listado de los barcos mercantes fletados por el Gobierno es extenso y minucioso y da cuenta incluso de los pagos mínimos, pero sorprendentemente apenas aparecen los de la naviera A. López (“Memoria Administrativa de la Campaña de África”, Cayetano de Urbina Daoiz, interventor general militar, 1862). Es lo más detallado que consta al respecto. Cayetano de Urbina aporta en las páginas 56-61: procedencia de los barcos españoles y extranjeros, tonelaje de los buques, el número de estadías contratadas, las tropas y tipo de carga trasportadas, el precio del flete y el monto total pagado tanto por cada barco como por el carbón, aguadas, pilotajes. También ofrece datos de los asentistas del carbón, siendo los extranjeros quienes más cobraron: Henry Powell (5.565.386 reales), Boix Lagrange…; y entre los españoles destacan Martorell-Bofill (578.000 reales) y el gaditano Retortillo (980.000). Antonio López no figura para nada en el libro de Urbina y sí, entre otros muchos, los armadores catalanes que competían con él.
La guerra de África costó unos 236 millones de reales, de los cuales 38,5 millones fueron en pago por los servicios de los barcos mercantes fletados. La naviera A. López y Cía. solo recibió 571.746 reales (menos de 0,6 millones) en los balances de Urbina, y fueron a cuenta de las 38,5 estadías, entre el 22 de febrero y el 29 de abril de 1860, en que estuvo fletado el vapor MADRID, más un viaje que realizó dicho barco por 60.000 reales. Poco, muy poco para lo mucho que imagina Alharilla que ganó el comillano. Sorprende que, de los tres listados de barcos fletados, el más completo, el del interventor Urbina, sea donde menos figuran los vapores de López, sólo el MADRID y encima durante dos periodos cortos. Pudo haber diversos tipos de contratos de fletamento con el Gobierno y la naviera López quizá firmó los suyos propios de modo que le permitiese mantener sus líneas comerciales al tiempo que participaba en el esfuerzo bélico a precios convenidos. En este listado hay alguna partida sin especificar de gastos de transportes por barco que pudiera corresponder al armador López. No queda claro.
A modo de explicación. López contaría quizás con el apoyo del ministro de Marina, José MacCrohon, a quien conocía de cuando fue gobernador en Santiago de Cuba, y de quien sabemos que eran amigos, pues al morir éste de repente cuando navegaba por el mar Rojo (21.08.1860) yendo a tomar posesión de la capitanía general de Filipinas, López veló por su viuda y familia. Algo similar cabría decir de José Mª Bustillo Barreda (1803-1868), jefe de las operaciones navales de la guerra de África a partir del 9 de enero de 1860. Este marino fue quien relevó a su amigo Francisco Armero al frente del Apostadero de La Habana, cargo que dejó en desacuerdo con que el nuevo capitán general de Cuba, Juan de la Pezuela, obtuviese poderes de virrey al extremo de hacerse cargo directamente del Apostadero. Cabe la posibilidad, mera hipótesis, de que A. López recibiese algún trato de favor por parte de estos altos mandos de la Marina. De allí, a que dio un apoyo interesado al Ejército obteniendo relevantes beneficios, va un trecho.

España declaró la guerra a Marruecos el 22.10.1859, pero los tres barcos de López no intervinieron en áreas de combate o de graves riesgos de guerra. De hecho, salvo algún viaje a Ceuta, los tres barcos de López y Cía. tocaron casi exclusivamente los puertos de sus líneas marítimas, mientras los demás contratados/gestionados por el Estado sí que fueron enviados también al Cantábrico, Baleares, Galicia… y, por supuesto, a Ceuta y las zonas costeras de Tetuán.
Los vapores de López no figuran en la lista de 18 barcos fletados a finales de 1859 por dos o más meses y tampoco en los 31 barcos destinados a las operaciones de Tetuán. Y de los 61 barcos mercantes que, según el legajo nº 302, realizaron transportes para el Ejército, dos de los tres vapores de López aparecen al final de esta lista ordenada de más a menos según su participación. Y en el conciso listado, firmado por el interventor Cayetano Urbina Daoiz, de un centenar de barcos mercantes, de la naviera López solo aparece el MADRID, y sin especial relevancia. ¿Qué datos, qué investigación presenta Alharilla para afirmar que López se enriqueció de modo interesado con la guerra de África? Ni acuerdos ni cifras…, nada. Extrapola lo escaso y erróneo que sabe para sacar conclusiones como poco sectarias y torticeras.
Los anuncios comerciales publicados por los diarios de Madrid y de Barcelona confirman que el naviero cántabro mantuvo sus líneas y escalas, salvo ocasionalmente algún servicio puntual del MADRID” y del MARSELLA. Eso no obsta para que sus vapores transportasen tropas, caballos/acémilas, pertrechos y vituallas para la Guerra en África, tal como reseñan las “Marítimas” que por aquellos días daban cuenta de las tropas y efectos militares trasportados por los barcos. Pero todo ello, más los viajes extras realizados, debió cobrarlo la naviera López conforme a fletes no acordados para los buques contratados por el Ejército de África (balances de Cayetano Urbina).

La suerte de A. López fue que Alicante, sede operativa de su naviera, era entonces el único puerto de embarque para el esfuerzo bélico con conexión ferroviaria con Madrid y, para entonces, el cántabro ya llevaba allí 18 meses ejerciendo de armador. Le pilló preparado y en el lugar preciso. Y dada la premura y la escasez de barcos, los tres vapores de López fueron decisivos los primeros días para iniciar el trasporte de tropas y material, sobre todo desde Alicante a Málaga, aunque también participaron desde Marsella, Barcelona y Cádiz. Consta que uno de los primeros transportes fue el del MARSELLA, de Alicante a Málaga, embarcando al general Ros de Olano y a un regimiento (“La Iberia”, 29.10.1859).
Con la entrada en servicio de más buques fletados, hacia mediados de noviembre, la naviera López cubrió ante todo sus líneas comerciales con escalas entre Cádiz y Marsella. Se supone que reforzaría el servicio para cubrir la avalancha del esfuerzo bélico sin, por ello, fletar sus buques al Estado al extremo de desatender sus rutas comerciales. Tampoco hay pruebas de que ejerciese de contratista/gestor de barcos ajenos involucrados en el conflicto. Sería inconcebible que las navieras catalanas de vapores permitieran a López fletar y gestionar sus buques para la guerra, siendo éste su duro competidor directo en el comercio marítimo. Lo lógico sería que fuesen ellas mismas quienes lo hiciesen o, al menos, que no intermediara el naviero rival, y más cuando las de Bofill-Martorell y Tintoré estaban por esas fechas consorciadas cubriendo también la línea estatal de Correos a las Antillas. Además, consta que el Gobierno contaba de algún modo en Barcelona con el carbón, entre otras, de las navieras catalanas, incluidas las de Serra y de Massó.
Habría que reseñar que los tres vapores de López eran nuevos de trinca (el ALICANTE y el MADRID llevaban en servicio año y medio, y solo 8 meses el MARSELLA) y estaban considerados de gran lujo y porte y alta velocidad (unos 110.000 duros costaron cada uno), por lo que las zonas reservadas al pasaje y a la carga serían onerosas para dedicarlas al esfuerzo bélico. Además, la naviera de López no podía ni le convendría involucrarse más en la guerra porque debía mantener el contrato de los vapores-correos entre Alicante y Marsella. Eso sí, al inicio de la guerra y en momentos de urgencia, esos tres vapores, aun manteniendo las líneas marítimas, prestaron servicios al Ejército. Quedó claro desde el principio del conflicto:
Nos consta – Los vapores-correos “Marsella” y “Madrid” de los señores D. Antonio López y Compañía han salido de Alicante con tropas para Málaga, pero no por eso faltarán a su itinerario, saliendo de nuestro puerto [Barcelona] los miércoles para Alicante, Málaga y Cádiz y los jueves para Marsella. (periódico liberal “La Corona”, 01.11.1859).
Un ejemplo más de las fabulaciones históricas de Alharilla:
[López] dirigió en persona todas aquellas operaciones mientras duró el conflicto militar, e incluso llegó a trasladarse él mismo hasta la costa norte de África (…) El propio Antonio López enfermó entonces de gravedad [epidemia]. Tan mal se sintió que, el 10 de febrero de 1860 quiso dirigir a su mujer unas palabras de despedida.» (2021:137)
No hay prueba alguna de que López dirigiera “desde sus barcos aquellas operaciones”. Y su estadía frente al acceso marítimo a Tetuán (río Martín) a bordo del AMÉRICA tendría relación con su proyecto comercial de realizar viajes combinados de tren y barco, con todos los gastos incluidos, entre Madrid y la recién conquistada Tetuán. Este crucero fue publicitado durante esos días en diversos medios de la prensa madrileña al tiempo que estando enfermo de cólera escribía desde dicho vapor AMÉRICA la referida carta de despedida a su mujer a modo de testamento ológrafo.

Llaman la atención los anuncios de prensa de este tenor:
“Cía. de los Ferro-carriles de Madrid a Zaragoza y Alicante. Con motivo de la toma de Tetuán. Gran viaje de recreo Madrid-Tetuán en combinación con los vapores correos de A. López y Cía.” (El Clamor Público, 19.02.1860).
Fue el primer gran aldabonazo del crucerismo en España, un ejemplo del espíritu innovador y pionero del empresario/naviero Antonio López. A tal viaje, por muy caro y descabellado que fuese, se apuntaron cientos de personas insufladas de ardores patrióticos tras la toma de Tetuán (6 de febrero). Publicitado como “gran viaje de recreo”, pronto fue cancelado por razones obvias (guerra, epidemia de cólera). El propio patrocinador del crucero había caído enfermo. No se firmó la paz con Marruecos hasta el tratado del 26.04.1860, tras lo cual se replegó rápido el ejército español.
Sería más razonable suponer que el naviero López estaba cerca de Tetuán preparando tal crucero que dirigiendo en persona los barcos mercantes fletados por el Estado. Habría que apuntar que López estuvo enfermo de cólera en el AMÉRICA, uno de los vapores a ruedas que el Estado había fletado a la Sociedad de Navegación e Industria (ex Cía. Catalana de Vapores, primera naviera de vapores de Cataluña con el BALEAR, en 1833) en la cual participaron destacados empresarios radicados en Barcelona (Clavé, Safont, Plandolit, Serra). Afirmar que López estaba en el AMÉRICA dirigiendo una flota de vapores contratados por el Estado es otra de las ocurrencias a partir de las cuales Alharilla adjudica después a López gratuitos juicios de intenciones y trato de favor por parte del Estado.

Más sentido tiene que López estuviese en el AMÉRICA porque cayó enfermo grave visitando la zona de Tetuán. Hay que precisar que hubo vapores, tal que el BARCELONA, que ejercieron también de buque hospital cuando no daba abasto el vapor de ruedas EL CID, también de Navegación e Industria, encargado de ello bajo los cuidados del doctor Nicasio Landa. La avalancha de enfermos de cólera y de heridos de guerra supuso que se improvisaran otros buques (TORINO, CATALUÑA, VILLE DE LION, DESTINO) para atenderlos in situ y para transportarlos a la Península, preferentemente a Málaga. Sería absurdo que López gestionase buques fletados en las inmediaciones de fuerte/río Martín desde el barco de una naviera rival cuando los suyos nunca participaron en esa zona de guerra. El AMÉRICA tampoco es que se destacase mucho en la contienda y, especulando, bien pudo servir en febrero ocasionalmente de apoyo para atender enfermos, como hizo en diciembre.
Se ignoran las cifras concretas de lo que pudo ganar la naviera de López con la guerra de África. No podemos excluir la posibilidad de que tuviera algún rol destacado, no computado por el interventor Cayetano Urbina. Pudiera ser que López aprovechase en 1859-60 sus antiguos contactos en Cuba para obtener algunos conocimientos de embarque. Sería una suposición plausible si nos atenemos a lo que afirmó años después Ramón Lagier, primer capitán de la naviera A. López y Cía. En una carta publicada a finales del siglo XIX, hace referencia a los serios peligros que él arrostró en un viaje porque le impusieron embarcar en Alicante para Málaga un regimiento de 1.000 hombres y seis caballos, además de remolcar un buque de vela cargado de pólvora. El capitán Lagier debe referirse al viaje de finales de octubre con el general Ros de Olano a bordo, pues consta el gran temporal del 30 de octubre por esas aguas.
Lo referido se comprende que fue causa de la grande ambición de la Compañía [naviera A. López] que por hacer un buen sobordo [cargamento], se le importaba un pepino la vida nuestra (…) López ganó tres millones en la guerra de África haciendo contratos leoninos con el gobierno. (revista La Tracción Ferroviaria Ilustrada, 15.08.1894).

Aunque resulta cuestionable la credibilidad de este legendario capitán de la marina mercante, hay hechos que podrían avalarle. Si esos tres millones fueran de reales, podría corresponder con pagos no contemplados del todo por el interventor Urbina. Tal cifra no es descabellada si la comparamos con lo cobrado por otras navieras. Se podría valorar con resabio que, en la Guerra de África, Antonio López conocía, como tengo reseñado, al ministro de Marina e interinamente de Guerra, José MacCrohon y al jefe de operaciones navales José Mª Bustillo de Barreda.
Cabría pensar que, gracias a estos, López obtuviese “contratos leoninos”. No le faltaban a él apoyos y contactos, incluso por parte del general Domingo Dulce, capitán general de Cataluña, desde donde también zarparon tropas, voluntarios y material con destino a Málaga. Pero de todo ello no hay certeza ni tampoco trazas más allá de las suposiciones; por el contrario, consta el fuerte resentimiento que el capitán de la marina mercante Lagier guardó contra López desde que a finales de abril de 1861 tuvo que dejar la naviera a causa de un escándalo familiar, tema que abordaré más adelante. Alharilla podría haber basado sus afirmaciones en las relaciones de López con MacCrohon, Bustillo, Urbina y Lagier, o en los tres listados de buques fletados, pero nada de nada dice de todo eso. Saca conclusiones basadas en sus prejuicios, sin haber investigado.
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