En el Antiguo Testamento, no se describe del todo mal a Rebeca. De hecho, teniendo en cuenta el trato bíblico a la figura femenina, incluso se le reconoce que a pesar de ser muy guapa, no era mala del todo. Eso sí, la joven mujer del maduro Isaac (padre de Jacob, iniciador del pueblo de Israel) era una mentirosa, pero como por lo que se ve, el creador, muy sagazmente, utilizaba el ‘femenino’ defecto para que se cumpliera su divina voluntad.
No sabemos porqué, pero cuando la Administración española perseguía con voluntad redentora evitar que los armadores nacionales registrarán sus buques en los llamados pabellones de conveniencia (que son atractivos por sus ‘diabólicas’ condiciones relativas a tasas, normativas técnicas y regulación laboral) buscó ese nombre femenino como acrónimo para bautizar al Registro Especial de Buques y Empresas Navieras de Canarias (Rebeca).
Pero, a fecha de hoy, la distancia entre el objetivo y los resultados es rotundamente bíblica para el registro Rebeca, que ha obtenido el resultado más desalentador de su existencia, ya que de los 205 buques mercantes propiedad de armadores españoles solo 90 se mantienen en el Rebeca.
A ver, sorpresa, sorpresa no es, ya en 2020 pudimos leer en NAUCHERgloblal por donde flaqueaba nuestro registro de buques en el artículo ‘ Los armadores españoles y el Registro Especial de Buques y Empresas Navieras: Rebeca’. En el reciente 2024, otro artículo reflejaba que el atractivo actual de los pabellones de conveniencia no radica en las ventajas fiscales (no son significativas comparadas con las de Rebeca) ni tampoco en la laxitud en temas de seguridad porque el grupo de pabellones importantes -me refiero a los de la denominada lista blanca- han mejorado este aspecto.
Para los armadores españoles, donde radica actualmente la diferencia decisoria es en la parte laboral y en la administrativa. Entre los primeros, subrayan la inexistencia de una modalidad de contratación específica que se adapte a la realidad del sector, las dificultades de aplicación de la normativa sobre Prevención de Riesgos Laborales, que no se ajusta a las especificidades de la actividad a bordo y da lugar a cargas administrativas y económicas innecesarias, o la no alineación de la normativa española a los estándares de convenios internacionales marítimos.
Y entre los segundos, la dispersión de competencias en hasta seis ministerios distintos que dificulta las gestiones y alarga los tiempos haciendo que las tramitaciones sean más rígidas y lentas o, muy importante, los recursos limitados en las Capitanías Marítimas que no permiten la agilidad que las labores de inspección y legalización requieren.
Sólo dos ejemplos:
- El enervante requisito de la cita previa se convierte en un obstáculo enorme para los marinos (un colectivo laboral que al estar embarcado no tiene la misma disponibilidad que los que trabajan en tierra y que diariamente pueden disponer de horas libres para cumplimentar gestiones administrativas).
- La desesperada nota en la desbordada Capitanía del puerto de Barcelona, rogando a los profesionales solicitantes que consideren utilizar otra capitanía por falta de medios humanos para atender las gestiones administrativas.
La ventanilla única, una falsa esperanza para Rebeca
Podría parecer que la ataxia administrativa actual va a desaparecer si se implementa el proyecto de la CE para la unificación de trámites, pero no es así. Los ingenieros encargados de construir ese importante mecanismo administrativo no son optimistas: “no se hablan entre ellos”, concluyen y ‘ellos’ son los diferentes departamentos de la administración que participan de las regulaciones que afectan a los buques y sus tripulaciones.
Son dignos herederos de los antiguos reinos de taifas, muy brillantes pero, en su autismo ombligocéntrico, fomentadores de la ineficiencia letal del conjunto.
*Ataxia: pérdida grave de la coordinación muscular que altera de forma importante a la movilidad física del enfermo.

