El barco entraba en el puerto de Ibiza, pura rutina, una maniobra que hacía un sin fin de veces al día, ahora Formentera, ahora Ibiza y vuelta a empezar. Pero esa noche, sobre las 23.30 horas del día 17 de agosto, algo rompió esa monotonía. Oyeron en el puente del viejo FORMENTERA DIRECT, un fast ferry, construido en 1987, 50 metros de eslora, 14 de manga, con capacidad para 309 pasajeros y 36 vehículos (https://www.balearia.com/es/flota/ferry-formentera-direct), un ruido metálico, desagradable, como si hubieron embestido a una embarcación a flote.
Pararon el buque, rescataron a una persona que flotaba con el pánico bien dibujado en sus ojos y vieron la lancha destrozada. Dieron parte a los prácticos, al 112, emergencias, y a la Guardia Civil del Mar. En Capitanía Marítima no había nadie de servicio y en la Autoridad Portuaria tampoco. Atracaron, desembarcaron el pasaje, 132 personas, y hablaron con la naviera. También desembarcaron los tripulantes, diez según Balearia. El tema era muy grave.
La salvamar ACRUX, de Sasemar, rescató un cadáver sin cabeza y certificó el accidente mortal. Y la Guardia Civil se apresuró a comunicar que ellos estaban investigando el accidente, como si se tratara de un presunto delito, para lo que son competentes, y no un accidente cuya investigación técnica compete a la Comisión de Investigación de Accidentes e Incidentes Marítimos. “En este sentido –escribe el Periódico de Ibiza y Formentera- se están investigando varios aspectos, como la señalización, ubicación e iluminación de la barca de siete metros, así como otras cuestiones, como la velocidad”. Muy bien. ¿Y la velocidad del ferry? ¿Y las condiciones del personal de guardia en el puente? ¿Cumplían las reglas de maniobra y gobierno? La naviera del mercante, Baleària, en uso del derecho de defensa precoz, comunica sin demora que “en el momento de la colisión, justo en la bocana del puerto, navegaba a la velocidad adecuada, entre ocho y nueve nudos”.

La lancha arrollada por el ferry rápido era de alquiler, lista sexta, y se supone que a bordo había dos personas con escasos conocimientos y sin experiencia náutica, de forma que el diario local informa que “las autoridades están investigando si el barco siniestrado de siete metros cumplió con el Reglamento Internacional para prevenir los abordajes (RIPA)”. Muy bien. Investigarán también el cumplimiento del Reglamento de Abordajes por el mercante, se supone. Y en todo caso, tendrán en cuenta que el mercante abordó a la embarcación de recreo y que la regla 2.a del llamado RIPA (Colreg en siglas inglesas) prescribe que Ninguna disposición del presente Reglamento eximirá a un buque, o a su propietario, al capitán o a la dotación del mismo, de las consecuencias de cualquier negligencia en el cumplimiento de este Reglamento o de negligencias en observar cualquier precaución que pudiera exigir la práctica normal del marino o las circunstancias especiales del caso.
Las informaciones son todavía confusas (¿Dónde tuvo lugar la colisión exactamente? ¿Tenía arrancada la embarcación de recreo o estaba detenida/fondeada? ¿El mercante alcanzaba a la lancha, o había una situación de cruce?) y las llamadas efectuadas por este medio informativo no han querido o no han podido aclarar nada. Esperemos a que haya más luz y menos sombras en los próximos días.

