Estamos viendo estos días como la pesca y el control de los caladeros son el gran escollo para llevar a cabo la firma del famoso Brexit. Y uno se pregunta ¿cuáles son esas discrepancias tan importantes que alegan las autoridades del Reino Unido para no firmar una salida pactada de la Unión?
En primer lugar, creo que para el Gobierno inglés lo más importante es exhibir ante el mundo su soberanía, entendida como una especie de orgullo patrio que les hace florecer las reminiscencias de lo que fue el imperio británico. Los políticos ingleses lo saben, remueven sentimientos y sacan pecho para obtener votos a su favor.
En segundo lugar, alega el Reino Unido el desequilibrio del tonelaje de pesca capturado por los buques británicos y los que enarbolan la bandera de la Unión Europea. Este desajuste es aproximadamente de seis a uno a favor de la UE.
Hay que contar, empero, que para el Reino Unido la pesca representa un porcentaje muy bajo de su PIB, aproximadamente un 0,13%, y un 0,1% del empleo, aunque también es cierto que los pescadores británicos (como los españoles) tienen un gran poder de movilización social.
Londres considera que para equilibrar el desajuste la UE debe abonar unos 750.000 millones de euros del fondo de recuperación europeo.
Estos tiras y aflojas hay que leerlos en clave política. El Reino Unido está formado por Gran Bretaña (Inglaterra, Escocia y Gales) e Irlanda del Norte, cada uno de ellos con su propia sensibilidad e intereses que el actual Gobierno, presidido por Boris Johnson, ha de engranar para hacerse fuerte ante sus ciudadanos y seguir en Downing Street.
Los negociadores del Reino Unido son políticos expertos, negociadores implacables, fajadores curtidos en mil batallas, con la experiencia histórica acumulada de negociar con éxito los pactos de descolonización de sus antiguas posesiones. A través de la Commonwealth, los británicos siguen conservando una gran influencia en los países que formaron parte de su antiguo imperio.
El Reino Unido es conocedor que su caladero representa el 15% del total de la pesca europea y, además, hasta el 2019 los países de la Unión Europea se llevaron un 57% del total de capturas, frente a un 43% de los pescadores británicos.

Desde que España entró en la Unión Europea (1986), el sector pesquero ha sufrido una importantísima reducción, tanto en número de buques como en toneladas capturadas. Un severo reajuste, no solo en la mano de obra empleada sino en toda la industria auxiliar del sector, de manera importante en las conserveras.
Los representantes españoles en el Parlamento europeo no pueden permitir que, en la negociación que se está llevando a cabo, España salga perjudicada en disminución de días de pesca o en disminución de capturas; y menos, en reducir el área de la zona de pesca del Reino Unido para un mismo número de buques con bandera comunitaria.
La Unión Europea tiene argumentos de sobra para negociar el escollo de la pesca: aranceles, temas de importación-exportación, residencias de los ciudadanos ingleses en países comunitarios, etc.
España no debe perder la hegemonía de la pesca en Europa. Ya hemos perdido protagonismo en la construcción naval, la siderurgia, la agricultura, la minería, etc. Perder también la pesca sería un duro golpe para la economía productiva del país.

