Juan Luis Trassierra, escribió hace muchos años una pequeña joya de la literatura marítima: “Entre la piel del mar” (1983). Tardó teinta y tres años años en dar a la imprenta una segunda obra, más ambiciosa, una novela muy potente, “Matad a Pinochet” (2019). Ahora, apenas tres años después, publica su tercera contribución a la mejor cultura de los hombres del mar, “Saga de un mismo navegante” (2022).
La tercera novela de Juan Luis Trassierra, profundiza en los temas que ya había tratado en “Matad a Pinochet”: la soledad en la que el marino se siente tranquilo y muchas veces incluso cómodo; el amor dominado por la pasión; el entorno social como causa y justificación de ideas y comportamientos indeseables. Todo ello cosido con una meta, un objetivo que los personajes persiguen a toda costa y que finalmente queda incumplido, pero no olvidado, pues pende del horizonte de la novela hasta la frase final.
En «Saga de un mismo navegante», Trassierra construye un artefacto complejo, de tiempos y lugares que se solapan y se suceden, con personajes que se cruzan y se reencuentran y con aventuras y peripecias que el autor incrusta a modo de afluentes que parten o llegan al río principal, de modo que la novela absorbe al lector, en todo momento espoleado por la solución de las historias.
Si en «Matad a Pinochet» era evidente la construcción de una novela en tres pisos (o en tres cubiertas ya que hablamos de barcos), esta tercera novela es en realidad tres novelas que hubieran podido respirar por sí solas, pero que Trassierra ha querido que se leyeran unidas, como una sola vida, con sus sueños, sus pesadillas, sus emociones, frustraciones, tropiezos y alegrías hasta llegar a un desenlace imaginativo y asombroso que remite al principio de la novela: la amistad imborrable de dos colegas.
En la primera, vivimos la experiencia de un marino feliz que navega entre Ibiza y Formentera, un relato edificado con la parsimonia intimista de la música de un quinteto de viento; la segunda, con más percusión en el ritmo, nos lleva al golfo de Guinea, donde los dos amigos pretenden cumplir su sueño de construir un barco para volver al mar balear, pero en África los sueños suelen tornarse en pesadillas. La tercera novela tiene como núcleo la magia de una historia de amor que discurre entre Chile Canarias y Roma con la mujer, Eva por supuesto, que acaba en dolor. Y la conclusión, el cierre de la novela, una peripecia ingeniosa y sorprendente que no puedo desvelar porque sería hurtarles el placer de descubrirla.
Fiel a su obra, iniciada con el impresionante relato que tituló “Entre la piel de mar”, Juan Luis Trassierra, rinde un continuo homenaje a la mar de los marinos y navegantes, la mar ceñida por el horizonte: Aquella raya era mi mundo, aquella línea siempre inalcanzable del horizonte, allí donde parece que cielo y mar se juntan, la distancia, el otro lado, lo invisible, tras la que cualquiera podía soñar novelescos mundos y paraísos perdidos aguardando, engañados, porque el cuadro era siempre el mismo, cuerpos y almas, inviernos y veranos, lluvias y vientos, y sufrimientos y fugaces instantes de felicidad; noches de amor y días de llanto y afanes… (página 242)
Una mar que, con su estilo de ritmos diversos, Trassierra llena de amistad y de amor, de dolor y sufrimiento, de avatares y tropiezos. De vida, la vida de un marino que surcó la vida a bordo de muchas naves y ha acabado contándola para deleite de los lectores.

