Francisco González Lozano es un marino de aquella generación legendaria que el también capitán de la marina mercante y escritor Cecilio Pineda bautizó como la generación del Tequila. Una generación que se formó en la Escuela de Náutica de Barcelona en la segunda mitad de los años 60 del pasado siglo, caracterizada por la lealtad y la solidaridad entre sus integrantes.
El Tequila era un bar de mala muerte situado en una de las calles más canallas de la Barcelona de entonces donde solían acudir aquellos estudiantes de Náutica ansiosos de iniciar su vida de marinos pendencieros desde los primeros cursos de la carrera. Francisco Lozano, que firma sus obras como Lozano de Fortuna, empezó la presentación de su última obra, «Laberinto de amor» con un impagable video sobre aquellos años, aquellos muchachos y aquella Barcelona que desapareció tiempo ha. Sólo la Escuela de Náutica, ahora Facultad, se mantiene incólume en todo su esplendor, más brillante si cabe bajo la dirección del actual decano, Agustí Martín Mallofré, que no ha dudado en abrir las puertas del edificio a las iniciativas culturales y sociales que surgen del cada día más activo mundo marítimo de la ciudad.

Francisco Gonzalez Lozano
La presentación de «Laberinto de amor», editado por el grupo editorial Letrame, digamoslo de entrada, fue un acto magnífico. Paco González había preparado, además del video, una suerte de entremés dialogado entre cuatro personajes: el autor, el narrador, el escritor y el lector, que iban dialogando entre ellos sobre el propósito de la obra, el resultado, las dudas del escritor sobre la profundidad del amor y las emociones conexas, y sobre la propia creación literaria. Entre los actores, un auténtico profesional, Juan Ángel Serrano, capaz por sí solo de elevar la presentación a un espectáculo teatral memorable. Una dicción impecable, una voz justa y la práctica declamatoria de un hombre de teatro consiguieron que el público asistente -marinos en su inmensa mayoría- aplaudieran entusiasmados al final de la obra.

