El malhadado conflicto se expande más allá de Ormuz, alcanzando ya la zona del Mediterráneo. Recientemente, un buque gasero y una unidad de regasificación y almacenamiento flotante de gas natural han sido alcanzados por drones no identificados en Damietta. Al tiempo, fuerzas aéreas de EEUU y Arabia Saudita han alcanzado objetivos en Irak, en establecimientos de milicias cercanas a Irán. Y los hutíes siguen con su plan de embargo de los intereses de Arabia Saudita en aguas de Bab el Mandeb. Es un ‘totum revolutum’ que se expande a todo lo largo y ancho del Medio Oriente y que puede muy bien desbordar la capacidad de control de los actores.
Una de las pocas probabilidades de mantener el conflicto acotado, es la influencia china en todo el embrollo. China es el mayor comprador de petróleo y gas saudí del mundo y necesita rellenar sus inventarios de estos productos. China, con toda probabilidad, es un factor de influencia decisiva en una de las partes, si no en las dos, del conflicto.

Aun mas allá los lideres hutíes, auxiliados por Irán, están considerando la posibilidad de establecer un sistema de peaje para el paso por Bab el Mandeb a imagen y semejanza de los intentos iraníes en Ormuz.
La consecuencia de todo ello es la reanudación, si es que alguna vez en los dos últimos años se abandonó, de la ruta del Cabo de Buena Esperanza para el tráfico de contenedores y otros productos. Posiblemente, el crudo y el GNL tratarán de mantenerse en la derrota del Mar Rojo en sus rutas hacia Occidente desde los suministradores de Oriente Medio. Y los fletes subirán. No solo el de los contenedores, que tendrán que soportar diferentes recargos en función de los inconvenientes creados por la guerra: congestión, fuel… sino que también el crudo, el gas y otras materia primas tendrán que soportar aumentos en sus costes de transporte. Claro que siempre es posible un acuerdo Irán/ EEUU que evite los estragos en la economía mundial.

