Héctor Salvador encontró trabajo en una empresa holandesa dedicada a la construcción de submarinos para uso civil y pronto descubrió que fabricar un vehículo que se moviera a cien metros de profundidad (o a quinientos, a mil o mil quinientos metros por debajo de la superficie del mar), constituía un reto apasionante. Cada pieza, cada elemento, cada unión, y desde luego el ensamblaje de todo ello, requería de tanta perfección, de tantos ensayos y de tanta excelencia profesional, que decidió dedicar a ello el cúmulo de conocimientos que había adquirido en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería Aeronáutica y del Espacio, en Madrid. De modo que cuando supo de un proyecto de submarino tripulado capaz de bajar hasta las mayores profundidades abisales, digamos 12.000 metros, se unió con el entusiasmo de un joven de treinta y pocos años apasionado por la ciencia, por la ingeniería y por el reto gigantesco de la empresa.
El proyecto de sumergible tripulado DSV Limiting Factor surgió hacia el año 2011 en el seno de la compañía estadounidense Triton Submarines, con sede en Sebastian, Florida. La envergadura del proyecto, construir un vehículo con dos personas a bordo, capaz de soportar presiones de 1.100 atmósferas, a doce mil metros de profundidad bajo el mar, constituía un desafío tecnológico descomunal. El diseño y la fabricación de cada pieza requería de materiales únicos, algunos por inventar, y de un acabado tan perfecto que tardaron años en hallar las empresas que aceptaban el encargo.
Desde su incorporación a Triton Submarines, Héctor Salvador, vivió en primera línea las dificultades inmensas que había de superar el proyecto DSV (Depth Submersible Vehicle). La industria norteamericana no era capaz de responder, ni muchos menos, a las demandas tecnológicas que les planteaban. En sus estancias en Cataluña, Héctor Salvador se tropezó con un tejido industrial más sólido de lo que creía. Una empresa pequeña de Hospitalet era capaz de suministrar un material de gran resistencia y muy delgado, que no hallaban en ningún sitio. Otra empresa, Gutmar, se comprometía a mecanizar las piezas más difíciles con las exigencias que el proyecto requería. Con esa base, les propuso a los directivos norteamericanos de Tritón, montar en Cataluña la delegación española de la empresa. Y nació Tritón Submarines Emea, SL (entre paréntesis, Emea son las siglas de ‘Europe, Middle East and Africa’), o sea la rama de la empresa para Europa, Medio Oriente y África. Avaló la petición con datos ciertos sobre las posibilidades de hallar aquí un entorno favorable y grandes sinergias con la industria local.
Héctor Salvador, director de Triton Submarines Emea, es ingeniero aeronáutico y artífice de la instalación de la construcción de submarinos en Barcelona.
Se instalaron primero en un local del Port Vell, a finales del año 2015, y a mediados de 2018 decidieron trasladarse a San Cugat, a las magníficas instalaciones que había dejado libres la multinacional Delphi, que fabricaba bombas de inyección para automóviles, a finales de febrero de ese mismo año. Esas instalaciones están hoy ocupadas por seis empresas de altísimo nivel tecnológico encabezadas por Gutmar, dedicada al mecanizado de piezas de metal. Las seis conviven sin apenas barreras entre ellas, un signo inequívoco de las relaciones simbióticas que se derivan de actividades complementarias
El resultado fue que algo menos de un tercio del submarino DSV Limiting Factor contiene piezas y sistemas fabricados o ensamblados en Sant Cugat. Éxito completo. El submarino ya ha sido probado en las fosas más profundas del mundo, empezando por la Deep Challenger, la Fosa de las Marianas, ubicada en el noroeste del Pacífico, al este de las Islas Marianas, con una profundidad cercana a los 11 kilómetros, con una presión 1.100 veces superior a la que soportamos en la superficie de la Tierra.
Éxito, por supuesto de Héctor Salvador, que habla con pasión de su trabajo como director de Tritón Submarine Emea y que no se recata en afirmar que disponemos en España de medios y personal para afrontar los retos industriales más rigurosos. Por ejemplo, fabricar submarinos civiles en Sant Cugat, a unos 20 kilómetros de Barcelona, tierra adentro.

