Mirando al cielo y siguiendo los partes meteorológicos, la grave situación de sequía que está viviendo Catalunya parece que continuará. Por mucho que llueva, las reservas en la cuenca del Ter-Llobregat, que aporta agua a más de 5,5 millones de habitantes, necesitaría de una contribución similar a las inundaciones bíblicas de Noé… los pantanos y pozos están en mínimos históricos, y no parece que la naturaleza esté por la labor. Como ya pasó en el año 2008, las autoridades competentes en la materia han sopesado la aportación de agua a través de buques cisterna en el mes de junio.
No obstante, esta opción sería la última a tener en cuenta, ya que comporta riesgos, tanto en el apartado de la salubridad como en el de sostenibilidad económica y ambiental. A modo de ejemplo, del agua que trasladaron los buques entre Tarragona y Barcelona en el año 2008 apenas se utilizó una décima parte y, según comentan los expertos, en ningún caso era agua para el consumo doméstico.
Como emergencia, se ha hablado de la posibilidad de que Barcelona se nutra de agua desde la desalinizadora de Sagunto, que trabaja a un 30% de su capacidad actualmente. Los informes indican que se trata de una agua de calidad excelente. El problema vendría en su traslado en las cisternas de buques que, a priori, no están preparados para realizar esta función. Pese a que las áreas de carga de los buques sean asépticas, el subdirector del instituto universitario en seguridad industrial, radiofísica y medio ambiente de la Universitat Politècnica de València, Jaime Lora, advertía el lunes de esta semana que el transporte marítimo «entraña algunos riesgos» porque puede haber peligro de contaminación del agua en su transporte.
Asimismo, también entraña dificultades económicas. Según fuentes consultadas, cada buque cargado con agua entre Sagunto y Barcelona tendría un coste cercano a los 350.000 euros y, además, el puerto de Barcelona no cuenta -de momento- con la capacidad para absorber el agua en su red; un punto éste que se está solucionando con el objetivo de cuadriplicar el volumen de inyección de agua en las tuberías en las próximas semanas, a través de una aportación económica de la Agencia Catalana del Agua, organismo dependiente de la Generalitat.
Finalmente también cabe citar el elemento medioambiental que no es menos importante. La falta de previsión de las Administraciones implicadas durante los años de bonanza acuática, por decirlo de alguna manera, supondrá que, en el caso que se tengan que llevar buques entre las desalinizadoras y el puerto de Barcelona, éstos emitan partículas a la atmósfera, además del gasto de combustible. De haberse realizado mejoras en las canalizaciones, trasvases controlados entre cuencas, y la construcción o mejora de potabilizadoras, desalinizadoras o plantas de regeneración de aguas los trayectos marítimos -aún en caso de emergencia- podrían haberse evitado. Además, también se debería añadir la inversión necesaria para transportar la capacidad de generación de agua entre la planta saguntina (de titularidad estatal a través de Acuamed) y el puerto.
En cualquier caso, el propio experto de la universidad valenciana comentaba, con razón, que «en caso de emergencia queda en un segundo plano el impacto económico o medioambiental ya que lo principal es el derecho de la ciudadanía a tener agua segura y potable». También apuntó, como catedrático especializado en recursos hídricos, que tiene que haber un mejor aprovechamiento de las plantas desalinizadoras que que observa que, en ciclos meteorológicos lluviosos, muchas apenas trabajan a un 30%-50% de su capacidad, cuando la inversión en su construcción ha sido muy elevada.

