Los Programas de Memorias de BComún están trastornados y manipulados. Pretenden recordar con plena seguridad lo que hizo Antonio López en Cuba hace 170 años y olvidan partes sustanciales del atentado terrorista de ETA que sufrió Barcelona en 1987. Viene al caso porque al hacer unas fotografías al Monumento a las Víctimas del Terrorismo, con las que ilustrar determinados textos, me topé esta leyenda junto a la escultura: “Con esta obra, Tall Irregular Progression [Altura de Progresión Irregular], del artista Sol LeWitt, dedicada a las víctimas del terrorismo e inaugurada el 26 de junio de 2003, Barcelona recuerda también el atentado del 19 de junio de 1987 en los almacenes de Hipercor”. Suscribe la leyenda Programas de Memoria, 2017, y con tanta desfachatez que ni recuerda ni condena el asesinato masivo perpetrado por ETA en la ciudad.

Este monumento es, sobre todo, el homenaje a los 21 muertos, a los 45 heridos y a los centenares de familiares y demás personas afectadas directamente por el coche bomba colocado por ETA en los aparcamientos del Hipercor de la avenida Meridiana de Barcelona. La grisácea y sobria escultura tiene el mérito de representar las decenas de vidas que, de una tacada, fueron tronchadas o destrozadas a diversas edades (murieron cuatro niños). Sin embargo, el acierto del estadounidense Sol LeWitt queda desvalorizado por la ubicación y exposición de su obra. Situada a 400 metros de Hipercor, en un sitio desangelado, da la sensación de que la ciudad escamotea el atentado. Hasta 2017 no tenía más leyenda que la frase “La ciudad de Barcelona en recuerdo a las víctimas del terrorismo”, escrita sin contraste en una plancha metálica casi clandestina por estar embutida en un suelo de similar color. La escritora Ana María Ferrin describe bien este entorno (“Aquella tarde”, en Gaudí y Más, 01.04.2017).
El atentado de Hipercor no era uno más para Barcelona. Nunca había sufrido uno tan devastador y fue el primero que afectó solo a civiles y de manera indiscriminada. Diluirlo en el genérico “… en recuerdo a las víctimas del terrorismo”, era un modo de no nombrar al culpable ni a sus víctimas ni tan siquiera el lugar y fecha de esta insania del terrorismo político. También es revelador que se inaugurase el monumento 16 años después del atentado. Lo dejaban de lado, quizás, por la negligencia de los cuerpos de Policía y los jefes de ese centro, Hipercor, que no desalojaron el local comercial; aunque, por supuesto, los únicos responsables del atentado fueron los terroristas, ¡faltaría más! Hay que ser idiota para meterse a asesino y más todavía para poner un coche bomba cargado con amonal y aditivos destructivos en el garaje de un centro comercial suponiendo que todo saldría como convenía al delirio terrorista.

Treinta años después, el Ayuntamiento de Barcelona BComún, que contaba con una Concejalía de Memoria Democrática de pregonada radicalidad ética, debería haber recordado y condenado sin ambages el atentado. Y no. Participó en el aniversario de modo vergonzante, hizo un papelón y se colgó la falsa medalla de solidarizarse con los familiares de los asesinados. Dos días antes de los actos centrales de la conmemoración, la alcaldesa Ada Colau, acompañada de Gerardo Pisarello y de Ricard Vinyes, protagonizó un acto aparte, sin discursos y con una emotiva coreografía muda de 21 sillas acompañadas por los acordes de un piano. El acto acabó con el desfile de pésame propio de un funeral, con caras de condolencia y besos pausados. Habría sido igual si los muertos hubiesen sido causados por un accidente ferroviario.
Si los familiares se sintieron reconfortados, bien y bueno. Lo malo es que volvieron a ser burlados. Habían acordado, se dice, con el Comisariado de Programas de Memorias que no hubiese discursos políticos para evitar que se instrumentalizase su dolor. No cayeron en la cuenta de que, en este caso, la falta de pronunciamientos es ya un duro discurso político en toda regla porque no se condenó explícitamente a nadie, ni al terrorismo de ETA ni a su partido ni a sus votantes. Y eso es hacer política por la vía clamorosa de silenciar los crímenes asumidos, con el “lamentamos” y “nunca debió ocurrir”, por los aliados políticos de BComún-Podemos.
Arnaldo Otegui ya había sido recibido en el Ayuntamiento y en el Parlamento de Catalunya y Bildu despuntaba con fuerza como socio del PSOE y de los nacionalistas catalanes. Así que Colau evitó hacer discursos con la coartada de no politizar el acto. Hay que distinguir entre la politiquería partidista y la ética política de enfrentarse a los terroristas sin chalaneos de conveniencia. BComún no dio la cara condenando sin concesiones a ETA, se escabulló con el acto de pantomima artística solo roto por el poema “Las campanas doblan por ti” (John Donne, 1624). Y, por lo mismo, tampoco la condenó en el Monumento a las Víctimas del Terrorismo ni en el cartel de la exposición dedicada al atentado ni en el atril explicativo del mismo y en el portal digital de Memoria Democrática. Razones de más para que la Asociación Catalana de Víctimas de Organizaciones Terroristas (ACVOT) se desvinculase del acto de BComún.
La placa puesta en 2017 por Programas de Memoria ante el monumento es cuidadosamente cobarde. No nombra las palabras claves: ETA y asesinato. Pasa igual con el cartel de la exposición, pues la anuncia así: “La herida de Hipercor. Barcelona 1987”. Y qué decir de la leyenda del atril, aunque con un texto más largo no podían evitar nombrar a ETA. Se limita a informar, sin adjetivar como terrorista a ETA; y las 21 personas que “murieron” no se explicita que fueran asesinadas. Además, lo han colocado lo suficientemente apartado de la entrada a Hipercor, en un sitio nada ostensible y entre dos árboles, por lo cual es imposible verlo, aun pasando a su lado.

Se silencia, borra o relegan, en lo posible, los términos: ETA, terrorismo y asesinato. Pero aún hay más. Bajo ningún concepto se hace referencia a que ETA es una organización vasca. Ello a pesar de que el lehendakari Iñaki Urkullu estuvo en el acto institucional de ese trigésimo aniversario. Es un tabú para la “memoria democrática” de BComún el origen, la autoría y el respaldo territorial del terrorismo. Como si ETA y sus bases fuesen de un lugar indeterminado. No vale dar esto por sabido, porque no recalcarlo sirve para delimitar la responsabilidad del terrorismo a los comandos de ETA sin cargar responsabilidad alguna sobre los centenares de miles de vascos y navarros que le dieron aliento y votos. Qué son si no los ongi etorri a los presos excarcelados: un autohomenaje popular a sí mismos, como colectivo, por mantener el sangriento pulso hasta influir hoy decisivamente en los centros de poder, incluso en el Gobierno del socialista Pedro Sánchez. El 30º aniversario del atentado de Hipercor sirvió, pues, para que la memoria democrática de Barcelona contribuyera a blanquear el terrorismo vasco. El Ayuntamiento de Ada Colau que denigró sin pruebas al naviero Antonio López es el mismo que quitó hierro a los asesinatos de ETA. He aquí la credibilidad y ética política de quienes juzgan qué personajes deben figurar en el espacio público.
Pasa igual con los textos del portal digital. Y se recurre a la misma táctica de poner al final del párrafo o frase al responsable de la acción culpable que se desea ocultar dentro de lo posible. Por ejemplo, nunca “los soldados israelíes matan a un palestino”. Se invierte la frase y se cambia el verbo, “muere un palestino por disparos de los soldados israelíes”. La Memoria Democrática copia este tipo de manipulación, como si contara con redactores que acudieron a las clases de Héctor Borrat, maestro de periodistas en la UAB. Lo que él explicaba, sirve a BComún para hacer propaganda.
Dos meses después de la conmemoración del atentado de Hipercor se produjo el asesinato de 16 personas en las Ramblas por parte del terrorismo islámico local. Del grotesco blanqueamiento de ETA a otro asesinato masivo de corte político. Barcelona “…nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti” mientras tu Ayuntamiento sea incapaz de rechazar los crímenes que le interesa apaciguar por cálculos partidistas. En 2017, la Memoria Democrática de BComún cometió un atentado contra la memoria y contra la democracia y eso trae consecuencias. Deja posos de complacencia ante el terror en una ciudad ya sobrada de impunidad en otros órdenes.
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