Todo parecía indicar que el Gobierno español, a través de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI, Ministerio de Hacienda), resolvería con presteza la petición del propietario de Armas-Trasmediterránea, Antonio Armas Fernández, de 120 millones de euros (otras fuentes aumentan la cifra hasta los 150 millones) para dotar a la naviera de liquidez imprescindible para hacer frente a los pagos urgentes, los salarios de los trabajadores, por ejemplo. La solicitud está en la SEPI desde hace más de un mes. Y Hacienda sigue en silencio, sin emitir el informe preceptivo. El impasse ha obligado a Armas a hipotecar los buques de Trasmediterránea, que estaban libres de cargas, aumentando su nivel de deuda.
Trasmediterránea invocaba en su petición a la SEPI la condición de servidora de líneas marítimas de interés general, lo que antes se llamaba líneas de soberanía, comunicación entre islas y la Península, y entre ésta y Ceuta y Melilla. Aunque los principios de la competencia obligaron a modificar la concepción anterior (líneas subvencionadas mediante un contrato a largo plazo que se resolvía por concurso), lo cierto es que esas comunicaciones con Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla constituyen un asunto político que el Estado tiene el deber proteger más allá de las leyes y coyunturas del mercado.
¿A qué obedece el silencio de la SEPI? A que no tienen claro cómo resolver. Las dudas que existen sobre la gestión empresarial del grupo Armas no se ven cubiertas por expectativas razonables con otros actores dispuestos a poner dinero encima de la mesa. El momento que viven las navieras españolas, fuertemente castigadas por la pandemia y con pobres ayudas públicas, no permite alegrías. Estamos en la hora de la prudencia y del wait and see.
Lo cierto es que la situación de Trasmediterránea exige una rápida solución. La demora en tomar decisiones sólo puede agravar el problema. Es urgente recuperar una gestión profesional y experta para salvar la naviera, con los dueños actuales (posibilidad casi remota dada la experiencia) o, lo que parece más probable, con otros dispuestos a arriesgar de la mano y con la ayuda de los poderes públicos.
Fuentes solventes consultadas por NAUCHERglobal consideran, sin embargo, como hipótesis más factible, el desguace de la naviera centenaria, su desaparición, puestos sus restos en almoneda para las navieras interesadas en los tráficos que hasta ahora cubría Trasmediterránea. Una perspectiva de pena.
Nota. En la imagen de portada, un grupo de tripulantes de Trasmediterránea reunidos en un puerto del litoral de Barcelona en noviembre de 2016
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