El sector naval español ha registrado siete contratos durante el primer trimestre de este año, repartidos en seis buques mercantes y un pesqueros. La cifra es inferior a la contabilizada en el mismo periodo de 2024, cuando hubo 19. Sin embargo, el volumen de los encargos ha sido mayor, alcanzando los 25.162 GT (tonelaje bruto), un 95% más que los 12.878 del ejercicio anterior.
Estas estadísticas se han extraído del Boletín Informativo Trimestral de la Construcción Naval, publicado por el Ministerio de Industria y Turismo. El estudio constata un incremento de la dimensión exterior en la actividad de los astilleros nacionales, pues seis de los siete proyectos confirmados son para armadores internacionales, que copan 24.909 de los GT contratados. De hecho, los GT para exportación crecen un 216 %, mientras que los correspondientes al mercado nacional se contraen un 95%.
La cartera de pedidos de los astilleros privados españoles se mantiene estable en los 64 proyectos simultáneos, aunque los GT totales en construcción crecen un 10 %, hasta los 140 994 GT. Un total de 12 buques son para armadores nacionales, mientras que los restantes 52 corresponden a encargos de armadores extranjeros, con 106 752 GT y un incremento del 37% con respecto al mismo trimestre de 2024.
Igualdad de condiciones
Desde la patronal europea de los astilleros privados, Sea Europe, a la que pertenecen las españolas Armon y Murueta, se reclama que las administraciones reconozcan el papel estratégico de la industria naval y marítima para la autonomía estratégica, la seguridad y la defensa de Europa. Asimismo, la entidad plantea la necesidad urgente de garantizar la igualdad de condiciones con la competencia extranjera, al tiempo que se asegura un posicionamiento sólido en las nuevas tecnologías de descarbonización.
Sea Europe recuerda los graves efectos distorsionadores en la construcción naval de las subvenciones públicas en algunos terceros países, mientras que en Europa se suprimieron las ayudas estatales a la construcción naval en 2013. La total dependencia de los armadores europeos de Asia para la construcción de buques mercantes, que suministra el 94 % de la construcción naval mundial y que supone un riesgo para la seguridad económica resulta especialmente preocupante en tiempos de crecientes tensiones geopolíticas.
En el escenario actual, se incrementa la necesidad de apoyar la competitividad global a largo plazo de la industria naval y marítima europea en los mercados mundiales ante el aumento de la competencia internacional, las tensiones geopolíticas y el proteccionismo comercial.

