Hace pocos días, en NAUCHERglobal publicábamos un artículo de opinión, titulado ‘Las polis y los puertos’, en el que defendíamos la necesidad de que los nombramientos de los presidentes de las autoridades portuarias, ya que están intrínsicamente ligados a una filiación política determinada, vinculada al partido que gobierna la institución, cumplieran unos criterios mínimos de conocimientos técnicos, capacidad estratégica, pasión por el sector marítimo y una mínima experiencia en la gestión, más allá de la política.
Con la designación de José Alberto Carbonell como presidente del puerto de Barcelona, un hombre vinculado estrechamente al puerto, ya que forma parte de la institución desde hace tres décadas, parece que la consellera de Territorio de la Generalitat de Catalunya, Sílvia Paneque, encargada de su designación, ha cambiado el rumbo de una práctica política asentada desde hace décadas. En pleno debate sobre la idoneidad de que las autoridades portuarias estén presididas por perfiles técnicos e independientes, el nombramiento de José Alberto Carbonell como nuevo presidente del puerto de Barcelona marca un punto de inflexión en la historia de la infraestructura de la capital catalana. Consideraciones políticas aparte, elegir a Carbonell ha sido una decisión acertada en la que el la Generalitat de Catalunya ha priorizado la experiencia y capacidad de gestión, su profundo conocimiento de la industria y el potencial de la propia infraestructura. Quizá en Tarragona deberían haber apostado por seguir una línea similar.
En un contexto de creciente competencia portuaria, el nombramiento de expertos como José Alberto Carbonell representa una apuesta por la excelencia y la continuidad, por encima de la política… como siempre debería ser. Como ocurre con otros puertos de referencia a escala nacional e internacional, como Valencia (con Mar Chao), Bilbao (con el capitán Ricardo Barkala), e incluso la propia red de autoridades portuarias (con Álvaro Rodríguez Dapena al frente de Puertos del Estado), la imagen del presidente se ha vuelto más tecnificada, capaz de guiar las decisiones estratégicas y de ejecución en base a criterios objetivos.
Durante su amplia trayectoria como responsable de la gestión integrada del puerto de Barcelona, Carbonell conoce todos los entresijos, fortalezas y problemáticas de la institución. Su nombramiento, en detrimento de un Lluís Salvadó que se irá del puerto sin pena ni gloria, garantizará una transición fluida y un conocimiento profundo de los proyectos en curso, pues la mayoría ya partían de su -hasta ahora- despacho de dirección en la planta noble de la Autoridad Portuaria.
Los desafíos que enfrenta el nuevo presidente incluyen seguir con el proceso de descarbonización del sector marítimo, promover la economía azul y consolidar la posición del puerto como centro logístico de primera categoría. En este sentido, la experiencia de Carbonell es crucial. Su visión estratégica y capacidad para construir alianzas con otros actores de la industria –y también dentro de la propia comunidad portuaria- serán clave para lograr estos objetivos. La selección de Carbonell también pone de relieve la importancia de los perfiles profesionales en la gestión estratégica de infraestructuras. A medida que los problemas que enfrentamos se vuelven cada vez más complejos y requieren soluciones cada vez más sofisticadas, es vital contar con expertos altamente calificados y con un conocimiento profundo de la situación.
Carbonell es un ingeniero de caminos, canales y puertos que fue nombrado director general tras el paso por la institución de Josep Oriol, a quien sustituyó -no sin polémicas- pero que lleva en el recinto catalán desde hace décadas, por lo que su profundo conocimiento de la dinámica portuaria, su capacidad de liderazgo y visión estratégica lo convertían en el candidato ideal, aunque sorprendente, para afrontar los desafíos de presente y futuro.
El puerto de Barcelona es una infraestructura clave para Catalunya y para España: la creciente competencia entre los puertos a escala internacional, la necesidad de adaptarse a un entorno cada vez más global y la urgencia de tomar medidas para mitigar los efectos del cambio climático requieren un liderazgo fuerte y visionario. En este contexto, a Carbonell, se le pedirá liderar esta transformación y volver a posicionar a Barcelona como referente.
Globalmente, grandes puertos como los de Rotterdam, Singapur o Los Ángeles, entre muchos otros, ya han demostrado que los nombramientos de personas cualificadas al frente tienen resultados muy positivos en términos de eficiencia, competitividad y sostenibilidad. En este sentido, el nombramiento de Carbonell señala la madurez de la industria portuaria.
Como reto, también estará el de intentar modernizar a la comunidad portuaria de la capital catalana, que cuenta con los mismos nombres desde ya hace demasiados años. Quizá estaría bien que, desde el gobierno autonómico, modifiquen la elección de alguno de los miembros en el seno del propio consejo de administración que dependen de su nombramiento.

