El puerto de Barcelona celebró recientemente el 150 aniversario de su fundación. En efecto, cuando se habla de los barcos que arribaban o salían de Barcelona en los siglos anteriores, se utiliza la palabra puerto de manera impropia. Los navíos y bajeles de la época se limitaban a fondear a la menor distancia posible del litoral para descargar o cargar pasajeros y mercaderías mediante el uso de barcas y botes movidos a remo y, excepcionalmente, a vela. Barcelona no es puerto natural, como aquellos situados al fondo de una ría o un recodo abrigado de la costa. Lo que hoy conocemos como puerto de Barcelona nació realmente en 1869, con la constitución de la Junta de Obras que había de gestionar el proyecto de construcción de diques, muelles y dársenas donde pudieran atracar con seguridad los buques movidos con máquinas de vapor y construidos con cascos de hierro. Admirable el acierto de la Autoridad Portuaria fijando el nacimiento del puerto de Barcelona en 1869, huyendo de la tentación historicista y milenarista tan en boga.
Y acierto sin duda la magnífica idea de encargar una historia del puerto a la persona que mejor la conoce y que lleva muchos dedicada al estudio y la investigación de los entresijos portuarios y las relaciones entre esos enclaves y la ciudad que les da nombre. Joan Alemany Llovera estudió Ciencias Económicas y durante muchos años dio clases en la Facultad de Barcelona, pero desde sus inicios profesionales se inclinó por el conocimiento del universo marítimo y portuario, consciente de que el transporte por vía marítima tiene en los puertos un eslabón fundamental. Los puertos son, con diferencia, las infraestructuras más relevantes del comercio; mucho más importantes que los caminos, carreteras o autopistas; y también, con matices y excepciones, por encima del ferrocarril. No estará de más recordar aquí que, como media, el 70 por ciento del comercio mundial se realiza por vía marítima.
Joan Alemany se planteó el encargo con enorme lucidez. Ya hay libros, tesis y ponencias “más extensas que analizan, de forma general o especializada, la historia del puerto”, nos recuerda en la introducción. De modo que ha escrito una obra imprescindible para entender el devenir de los tres “elementos decisivos” de la formación del puerto de Barcelona como servicio fundamental al rápido proceso de industrialización de Cataluña: el proyecto técnico de ampliación del enclave; la creación del organismo para gestionar las obras y administrar su explotación; y los avances tecnológicos basados en la máquina de vapor.
No es, por tanto, esta historia, publicada por la Autoridad Portuaria de Barcelona (APB), una obra menor. Al contrario, se trata de un libro extraordinariamente interesante para la comprensión de la historia del puerto. Una mirada nueva que, en palabras de la presidente de la APB, Mercè Conesa, explica “la historia de visión, planificación y esfuerzo” del puerto y de la comunidad portuaria “para que el sueño colectivo del puerto de Barcelona continúe muy vivo entre nosotros”.
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