Estamos posiblemente todos de acuerdo en que las empresas de logística son esenciales para la economía de un país a día de hoy. La interrelación global entre proveedores y clientes así lo demuestra, y la importancia de la cadena de suministro nadie la pone en duda, siendo las empresas de logística actores principales en la operativa. Por consiguiente es menester que ésta se mantenga activa.
Para ello, además de las medidas políticas: fronteras abiertas al menos en el espacio Schengen, limitación en el tiempo de las medidas de control (puertos cerrados o con estrictas medidas de seguridad) que retrasan los movimientos, agilidad en las administraciones envueltas en los procesos, se deberán tomar algunas medidas económicas porque la logística es un negocio que compromete mucha financiación por parte del operador hacia el cliente final y su liquidez se basa en el soporte financiero de la banca mediante el crédito a la facturación fundamentalmente.
Las empresas operadoras en España (almacenistas, transitarios, representantes aduaneros, operadores económicos autorizados…) son mayoritariamente medianas y pequeñas empresas. Muy pocas empresas españolas en este sector alcanzan los 100 empleados, de modo que por su volumen de facturación, sus reservas, etc. no tienen un gran músculo financiero. No es esto algo ajeno a muchos sectores de nuestra economía, pero nos estamos refiriendo a que la logística y su soporte financiero se basa en una gran mayoría de casos en el crédito a la facturación.
Una gran parte de la clientela de los operadores logísticos está compuesta por actividades “no esenciales” para la economía del país en estos tiempos. Y muchas de las mercancías que soportan o dan sentido a esta actividad se encuentran hoy en almacenes o contendores en los puertos todavía no entregadas o entregadas justo en el momento álgido de la contracción económica, con lo que la facturación se dilata y el cobro se pospone en el tiempo.
Con todo ello, habrá que prestar mucha atención al momento en el que las líneas de de descuento se saturen en un momento de mucha presión para las instituciones financieras privadas o públicas. Mucha atención primero hacia los escalones más bajos de la cadena de operadores (los transportistas autónomos, autopatronos) y, desde aquí, hacia arriba. Lo importante es que la cadena se mantenga viva y funcionando en todos los aspectos posibles: esenciales y no esenciales. Y habrá que hilar muy fino.

