El día 5 de septiembre de 1522 arribó a la barra del río Guadalquivir, Sanlúcar de Barrameda, una nao deshecha tripulada por 17 hombres famélicos y cubiertos con harapos al mando de un excelente marino, Juan Sebastián Del Cano, que así firmaba el capitán, Del Cano. La nao se llamaba VITORIA, según la documentación existente, y había salido de Sevilla más de tres años antes acompañada de otras cuatro con la misión de llegar a las Molucas por una ruta diferente a la que seguían los portugueses, sin entrar nunca en sus aguas a fin de no violar el acuerdo de Tordesillas. Una vez en las Molucas, tenían que comprar especias intercambiandolas por los abalorios, espadas y otrasmercaderías cargadas con ese fin. La expedición, exclusivamente comercial y de índole civil, partiría bajo las órdenes del “capitán general”, nomenclatura de la época, Fernando de Magallanes, lusitano, que se había ganado el puesto a base de presentar pruebas sobre su capacidad para alcanzar los objetivos de la expedición y jurar lealtaad al rey de España, Carlos I (o Carlos V). Tras peripecias inauditas y atroces sobrevivieron sólo 18 hombres de los 265 que salieron de España en agosto de 1519, con un solo barco y del Cano como capitán general de la flota. No eran conscientes, como es usual entre los hérores, que habían realizada una hazaña extraordinaria: dar la vuelta al mundo. Ese no era su propósito, nunca pensaron en ello, pero por primera vez en la historia de la Humanidad unos hombres habían conseguido circunnavegar el planeta Tierra.
La memoria del evento, ahora que se cumplen quinientos años, ha sido despojada de su carácter civil y mercantil y se presenta por los estamentos habituales como una gesta militar, una misión de Estado, una expedición consagrada a la grandeza de la casa de Austria reinante en España. En fin, ese tipo de patrañas que sirven para encender las emociones primarias y tener una idea equivocada e interesada de la historia.
Hubiera sido lógico que la sociedad civil, en particular la que se relaciona con el mar, la navegación, los puertos y el comercio marítimo, homenajeran y conmemoraran a del Cano y los 17 valientes que consiguieron llegar a Sanlúcar de Barrameda. Pero no ha sido así. Los capitanes de Bilbao han protagonizado algunos actos (del Cano era vasco, de Guetaria), y la Liga Naval también ha realizado algún esfuerzo al respecto. Poca cosa y de escasa trascendencia.

Tampoco, lamentablemente, tendrá la difusión y repercusión que merece la Jornada celebrada ayer, 5 de septiembre, por el Colegio y la Federación de Prácticos en la histórica localidad de Sanlúcar de Barrameda. Y sin embargo, fue una jornada extraordinaria, con conferencias de altísimo nivel y conferenciantes de erudición oceánica sobre el viaje de Magallanes/Del Cano y sobre la navegación de la época, sobre la célebre barra de Sanlúcar, sobre el Guadalquivir como vía navegable, y sobre el puerto de Sevilla. No fue una jornada de fastos a humo de pajas, ni vistosos uniformes y séquitos interminables, fue un gran acto organizado para homenajear a los navegantes que hicieron posible con su tesón y su esfuerzo abrir el planeta Tierra al conocimiento y el comercio.
Nos ocuparemos en próximas fechas de glosar el contenido de las conferencias. Baste para sellar esta crónica de urgencia decir que la Jornada tuvo dos partes. En la primera, el capitán marítimo de Sevilla, Rafael Bonal, y el práctico mayor de la Corporación de Prácticos del puerto y Ría de Sevilla, explicaron detalles de sumo interés sobre la seguridad de la navegación y el practicaje por el Guadalquivir, desde Chipiona-Sanlúcar a Sevilla; remató esta primera parte un documentado análisis de la evolución del puerto de Sevilla y sus perspectivas para el siglo XXI expuesto con la brillantez acostumbrada por Amable Esparza, responsable del departamento de calidad de la Autoridad Portuaria de Sevilla.

En la sesión de tarde, dos perlas excelsas. Luis Coín, capitán de la marina mercante y profesor de la Universidad de Sevilla explicó la primera vuelta al mundo con una mirada ajena a las historietas instrumentalizadas por unos y otros y con un aparato documental apabullante. Por último, el catedrático emérito, paleontólogo eminente, Manuel Romero Tallafigo, diseccionó la documentación contable sobre la expedición a las Molucas existente en los archivos de la Casa de Contratación (Archivo General de Indias), aportando una visión real, números e informes, de valor incalculable para comprender de verdad la historia.

El presidente del Colegio Oficial Nacional de Prácticos, Amador Gutierrez, visiblemente satisfecho, cerró la Jornada con un sentido agradecimiento al práctico Francisco Yáñez, erudito de la historia del prácticaje («lemaje» en la documentación expuesta por Manuel Romero) en la barra de Sanlúcar y el río Guadalquivir y artífice de la organización del evento.
Cerrado el acto, celebrado en el auditorio Manolo Sanlúcar, los asistentes se dirigieron al monumento a los marinos que realizaron la primera circunnavegación a la Tierra (un retablo pétreo adosado al antiguo convento de los jesuitas), donde con presencia del alcalde de Sanlúcar de Barrameda depositaron una corona de flores.

