En su libro Transporte marítimo y construcción naval en España (Ediciones de la Torre, 1979), el capitán de la marina mercante Pedro Sancho Llerandi introduce lo que pudiéramos llamar la “teoría de los secretarios”, según la cual la mayoría de los navieros españoles seleccionaban al personal directivo de la empresa no entre los más capaces y formados sino entre aquellos que demostraban un ánimo lisonjero a prueba de las groserías del empresario. Personas que llevaban con garbo la cartera o el maletín del naviero y le abrían las puertas del despacho. Secretarios, en vez de directivos, que cuando había que lidiar con la competencia en los mercados abiertos (lejos de los tráficos cautivos de que disfrutaban en la España del régimen del general Franco), se mostraban poco útiles, incapaces de medirse con los duros ejecutivos de las navieras extranjeras. Eso explicaba el fracaso, salvo contadas excepciones, de las navieras españolas cuando intentaban competir en el mercado internacional de fletes, concluía Sancho Llerandi.
Sancho Llerandi, que desempeñó cargos ejecutivos de enorme importancia en la economía española durante los primeros años del Gobierno de González y Guerra, sabía bien de qué hablaba, pues había tropezado varias veces en su vida profesional con esos directivos de escasos conocimientos y contadas luces que sentían escaso aprecio por quienes claramente les superaban en formación y talento.
El caso de Trasmediterránea
Se ha anunciado la próxima salida de Trasmediterránea de Carlos Labandeira Gato, director de desarrollo de negocio del norte de África y Sur-Estrecho, para incorporarse al grupo naviero alemán FRS (Förde Reederei Seetouristik -Ferrys Rápidos del Sur), competidor de Trasmediterránea precisamente en los tráficos Sur y Estrecho de los que Labandeira es profundo conocedor.

Una pérdida sensible que se une a la catarata de despidos, salidas voluntarias y abandonos del personal directivo de Trasmediterránea desde que la familia Armas se hizo cargo de la empresa. Un personal directivo que había logrado en pocos años sacar a Trasmediterránea de números rojos -y llevarla a tener beneficios- a base de trabajo y conocimiento. Repasemos: la directora de carga, la directora de Baleares, el director de flota, el director de recursos humanos, el director de explotación, el director financiero, el director de TIC (Tecnologías de Información y Comunicación), el director de la asesoría jurídica… y ahora el director de negocio de la zona norte de África y Sur-Estrecho. Y no me olvido del director general de la naviera, Mario Quero Gil.
En muchos casos, ese personal no ha sido reemplazado, simplemente se han borrado sus funciones del organigrama. En otros casos, se han externalizado funciones y servicios; o el personal procedente de Armas carecía de experiencia en cargos de similar envergadura. El resultado se ha traducido en falta de control, decisiones precipitadas y en ocasiones claramente erróneas, y sensación general de desgobierno.
El sector marítimo se caracteriza por su complejidad y especialización. No resulta fácil encontrar en el mercado laboral personas formadas y capaces de asumir responsabilidades directivas en una empresa naviera. Secretarios para reírle las gracias al jefe hay en abundancia y de distintas especies adaptadas al temperamento del empresario. Pero los directivos escasean, como saben bien los navieros españoles que se atreven a asomarse al exterior. Y como todo el mundo sabe, el éxito de una empresa depende en gran medida de la calidad del capìtal humano que trabaja para ella. Sin ese personal cualificado, el futuro de la empresa penderá de una delgada línea roja.

