Pese a la buena noticia de que la compañía Viserion, a través de su filial Elian (y con el necesario apoyo de la Generalitat), haya desembarcado en el puerto de Barcelona (leer información en este enlace) para producir las ahora denominadas “proteínas alternativas” no deja de ser un trastorno la “desaparición” del recinto de la capital catalana de Cargill, una de las mayores multinacionales del mundo. Y es significativo que lo haya hecho en silencio.
La empresa estadounidense ha sido -quizá- una de las más infravaloradas del recinto portuario catalán a lo largo de sus cerca de 50 años de presencia en los muelles. Así, a pesar de llevar en Álvarez de la Campa desde el año 1976 a través de la extinta Compañía Industrial y de Abastecimientos, SA (Cindasa), filial de la propia Cargill, nunca han buscado el protagonismo que deberían haber tenido en una comunidad portuaria en la que otras empresas o personas se han llevado históricamente los focos. A lo mejor, el no haber formado parte nunca de la sociedad de estiba puede que haya jugado en su contra.
Quizá todo cambie con la entrada de Viserion. No en vano, ayer desembarcaban en la fábrica dos consellers del Gobierno catalán, el actual presidente del puerto, Lluis Salvadó y dos de los últimos expresidentes, Jordi Valls y Damià Calvet, entre otros. Nunca antes se vio tal presencia política en la terminal del muelle Álvarez de la Campa.
También se debe remarcar que la inversión que Cargill ya tenía prevista en la planta del puerto coincide con la que deberá llevar a cabo Viserion para mantener los plazos concesionales, por lo que, a priori, estos plazos seguirán siendo los mismos. No obstante, como explicábamos, el puerto de Barcelona y, por extensión, la economía catalana deja que con este cambio de dueño, se vaya de la capital catalana una de las empresas más potentes económicamente del mundo.
Cargill es, según Forbes, la empresa privada (es decir, no cotizada) más grande de América y la tercera del mundo, con ingresos de 177.000 millones de dólares en 2023, el 7% más que en el ejercicio anterior y unos 200.000 empleados. Se trata, en suma, de la mayor empresa agro-industrial del planeta, por encima de otras más conocidas como puedan ser Nestlé o Koch Industries… y es una lástima que deje el recinto portuario tras casi medio siglo de presencia. Pese a todo, Elian se ha comprometido con los trabajadores de la planta barcelonesa para el mantenimiento de sus puestos de trabajo: una buena -y lógica- decisión.
La compañía estadounidense ha jugado históricamente el rol de intermediario, comprando las cosechas a los agricultores y vendiéndolas en el mercado internacional. La empresa comercializa desde productos químicos y lubricantes, hasta soja, maíz, cacao, carne, pescado, aceite, aditivos o productos digitales. Por poner pocos ejemplos, vende desde grano a China, a endulzantes a Coca-Cola, carne y aditivos a McDonalds o es la propietaria de Agribrands, la compañía más grande del mundo en el sector de la nutrición animal.
Además, tiene inversiones en transporte marítimo de carga de graneles sólidos o líquidos, puertos propios -en América- y ofrece asesoría financiera a grandes firmas que comercian con materias primas, entre otros productos, como el comercio de energía. En este contexto, la planta de molturación de Barcelona había sido premiada en diversas ocasiones a nivel interno por su productividad habiendo contribuido a mejorar los tráficos del puerto de Barcelona desde 1976.
La empresa matriz fue fundada en 1865 y tiene sede en Minessota. Además, al menos 100 miembros de la familia poseen juntos un valor estimado del 88% de la empresa y la familia Cargill-MacMillan poseía -según Forbes- un patrimonio neto de 60,6 mil millones de dólares en 2024, siendo una de las más ricas a escala internacional. Seguirá con su presencia en Catalunya a través de sus muchas filiales… y lo harán, como siempre, en silencio.
Se trata, sin duda, de una triste despedida: Adiós Cargill… y suerte, Elian.

