En relación a la evolución de los fletes de los contenedores en el tercer trimestre del año (Q3), la respuesta es simple: encefalograma plano en la mejor de las condiciones. Mal asunto para los armadores. Y no es que estos no hagan todo lo que pueden para que los fletes suban. Las declaraciones de sus ‘managers’ en todos los medios donde aparecen mantienen puntos de vista en este sentido; pero la realidad desmiente estos deseos. Y todas la medidas que podían tomarse, menos la heroicas, están tomadas.
A día de hoy, y después de haberse mantenido estables algunos días (una, dos semanas) los fletes de los contenedores en el mercado Asía- EEUU, Asia Norte de Europa y trasatlántico han vuelto a bajar. De nada sirvieron los GRI (General Rate Increase) tratados de imponer por los armadores el pasado abril. El mercado está átono. Los almacenes de los ‘retailers’ norteamericanos siguen bien llenos y, en consecuencia, la esperada ‘peak season’ no ha sido ni es nada de lo que promete.

Algunos gurús mantienen la expectativa de unas ligeras subidas en julio; pero la realidad de los fletes ‘spot’ nos dice que si bien no bajan en exceso, los fletes se siguen manteniendo en niveles del mes de mayo, que han supuesto, como es sabido, una reducción general sobre cifras de principio de año, llegando aniveles por debajo de los 2.000 dólares por contenedor de 40 pies en el tráfico Asia- Mediterráneo, y por debajo de 4.000 dólares por 40 pies en el tráfico trasatlántico, siendo estos dos renglones los que presentan mejores cifras para los armadores.
Y no se vislumbran en el horizonte indicios de que la situación vaya a sufrir un cambio que no suponga un deterioro. Las incertidumbres siguen siendo importantes, sobre todo por las consecuencias de la situación en Rusia y las derivadas de la guerra en Ucrania. Las economías no decrecen; pero no crecen en la medida que significaría un aumento de algunas décimas en las expectativas del comercio mundial.
Verano en calma y en otoño, ya veremos.

