Así como de la habanera ‘La Bella Lola’ no se sabe nada de nada, de ‘El Meu Avi’ se sabe todo. Es la habanera más popular en tierras catalanas, la que todos conocen y se suman a cantarla tan pronto suena.
El nombre de su autor (letra y música), el militar retirado Ortega Monasterio, figura con letras de oro en el imaginario de los amantes de las habaneras. Igual que para muchos el Barça es “más que un club”, ‘El Meu Avi’ es más que una habanera; es casi, casi, un himno.
Narra la historia del barco de guerra EL CATALÀ y cómo los mozos de Calella de Palafrugell murieron en cubierta luchando, sin ninguna opción, contra la moderna, entrenada y bien artillada escuadra estadounidense en la última batalla naval de la guerra de Cuba. Los chavales de Calella jamás regresaron.
EL CATALÀ existió, ya que era el apodo cordial que se daba en Cuba al buque MONTSERRAT de la naviera Trasatlántica. Era un barco de pasaje y se hizo muy famoso porque su capitán consiguió burlar por tres veces el bloqueo naval de los barcos americanos y aprovisionó la isla con soldados, pertrechos y víveres. Su capitán, Manuel Deschamps (Sigrás 1853, Canet de Mar 1923), fue reconocido como un héroe por toda la nación.

El MONTSERRAT jamás fue hundido y, años después, aún participó transportando carga y tropas en la Primera Guerra Mundial, fletado por el gobierno francés.
La cancelación que destroza
Este verano, la entrañable habanera está en amargo entredicho como consecuencia de las acusaciones por presunto abuso de menores contra el ya fallecido autor.
Siempre, tarde o temprano, juzgamos a los demás, pero juzgar a alguien supone acudir a una balanza de dos platillos y en uno irán las obras o acciones negativas, pero en el otro hemos de poner y nunca negar las positivas.
La cancelación, esa fórmula inquisitiva que está arraigando en el mundo, es una tendencia tan tóxica como nefasta. Si tenemos asumido que los hijos no son responsables de las conductas de los padres, también deberíamos asumir que una creación, ya sea artística, artesana, gastronómica o, por qué no, deportiva, nunca exonera ni blanquea ningún pecado social o ético del autor, pero si es algo positivo en si, tampoco debemos negarlo.
Pero la cancelación no hace eso. La cancelación mata al padre y también mata ‘al hijo’. Bíblico, ¿no?
Víctor Rubio
P.S. Si el buque MONTSERRAT nunca fue hundido, otra historia muy diferente fue la de los ‘nois de Calella’, me refiero a la tropa, es decir, a los jóvenes que no pudieron conseguir las 2.000 pesetas que costaba entonces librarse del servicio militar (unos 12 euros actuales) y les tocó ir a Cuba en los años de la guerra. Seguramente no murieron en combate: solo el 7% (3.101 soldados) murieron así; otros 41.288 (93% de los muertos) lo fueron por enfermedad según las cifras finales aceptadas. Y eso sí que no fue un ‘fake’.

