Cuando visualizamos estibas de contenedores que durante el viaje del buque han resultado violentamente afectadas por la meteorología o por otras circunstancias mecánicas siempre nos resulta llamativa (y fotogénica) la imagen de esas neotorres de Pisa, excepcionalmente inclinadas, pero con sus contenedores firmemente unidos que, imperturbables, desafían doblemente las leyes de la gravedad y del equilibrio. Ocurre que lo que realmente estamos visualizando es la enorme eficacia del ‘twistlock’.
El ‘twistlock’ (cierre de giro)
Este dispositivo de metal, también llamado piña, es el complemento indispensable en el mundo del contenedor. Son pequeñas unidades que se encajan en las cavidades que se encuentran en las ocho esquinas de los contenedores y mediante un fácil giro de 90º sujetan perfectamente estos equipos a la plataforma del semirremolque o a la del vagón de ferrocarril o la cubierta del buque en los que van a viajar.

En su versión doble, permiten asegurar un contenedor con otro cuando se apilan (llenos o vacíos) en los buques, lo que facilita estibarlos en varias alturas con seguridad y eficacia sin ninguna estructura fija adicional, exceptuando los trincajes de cable que son los primeros en saltar cuando la estiba se escora.
Además, son pieza fundamental en los ‘spreaders’ (estructuras de enganche de contenedores en las grúas y ‘van carriers’ de las terminales), que consiguen acelerar enormemente por su precisión todas las operaciones de manejo de los contenedores.
Keith Tantlinger
Antes, cuando el micromachismo era invisible por estructural se afirmaba que detrás de cada gran hombre siempre había una gran mujer. Curiosamente, la sentencia a la inversa, es decir, que detrás de cada gran mujer siempre hay un gran hombre, no sabemos por qué, siempre parecía más discutible.

En el caso del creador del contenedor marítimo, el empresario estadounidense M.McLean, sí sabemos que lo que tuvo detrás fue un gran ingeniero: Keith Tantlinger. El agrupar mercancías en cajas movibles era una práctica que, con menor o mayor fortuna, venía ya del siglo XVIII, vinculada al ferrocarril y al mundo militar. Pero hasta que no se unieron McLean y Tantlinger no surgió la fórmula tan exitosa que conocemos hoy.
Keith Tantlinger liberó al contenedor de sus patas con ruedas con las que se dotaron a los primeros prototipos, le dio un tamaño nunca visto, ideó el sistema de enganche del ‘twistlock’, el ‘spreader’, las resistentes cantoneras que permitían las grandes estibas de contenedores llenos uno encima de otro hasta 4,5, 6 alturas y, muy importante: convenció a McLean para que apostara por la estandarización y unificación de medidas, consiguiendo que este renunciara a sus patentes que, según Tantlinger, lastraban su desarrollo mundial. En poco tiempo, se evidenció que el ingeniero tenía razón en todo.
Víctor Rubio
PD: Una colega del sector, en pleno horario laboral, sentenció: “el twistlock es a los contenedores lo que el amor es a las parejas. Si está bien fijado y engrasado hace que una pareja resista todas las tormentas”.
No hay nada tan poco romántico como un contenedor, por eso, en aquel momento pensé que se había venido muy arriba, pero ahora, en la distancia, aquella observación no la veo tan mal.

