Tras la caída de Roma, un telón de oscuridad cae sobre el mundo. Durante mil años todo el precioso conocimiento griego y romano es ignorado, y tendrá que venir el renacimiento para recuperar el saber perdido. Al menos, esto fue lo que estudiamos en aquella lejana EGB.
Nada menos cierto. Cualquier persona ilustrada conocía perfectamente la obra de Ptolomeo, y sabía que la tierra era redonda. Eso sí, de todos los cálculos posibles se eligió como canónico el menos exacto, como vimos en el artçiculo anterior. Qué le vamos a hacer.
Entonces, ¿por qué motivo ese gran paso atrás en la cartografía? ¿Por qué dejamos las matemáticas y dibujamos seres mitológicos en los mapas? Dice Sherlock Holmes que “cuando todo aquello que es imposible ha sido eliminado, lo que quede, por muy improbable que parezca, es la verdad.” Quizás sea, entonces, que no hubo tal paso atrás.
Seamos sinceros, Roma nunca navegó más allá de aguas costeras. Únicamente cuando tuvieron necesidad de luchar contra Cartago armaron una flota militar digna de tal nombre. Las cóncavas naves que describe Homero raramente se apartan de la costa, y en aquellos tiempos recios a un patrón le es más práctico dominar la esgrima de cuchillo que la trigonometría. Meridianos y paralelos son propios del ágora, y no del puente. Hasta el siglo pasado se navegaba arrumbando a un punto con un error conocido, a fin de limitarse a corregir el error llegado a la costa. Al ver tierra ya preguntaremos, y alguna buena persona acabará de orientarnos.

Es por ello que tenemos que considerar los mapas medievales más como un avance que como un retroceso. Faltan muchos años para que se invente un reloj capaz de dar una hora fiable a bordo. En la navegación por estima denominamos donde estamos como “punto de fantasía”. El patrón de un falucho no tiene capacidad ni necesidad de determinar su posición a la milla. Pero hay algo que sí le es imprescindible: saber qué va a encontrar pasado el siguiente cabo.
Portulanos y Derroteros
En mi lejana juventud existía un billete de tren muy barato que te permitía viajar por toda Europa en los entonces llamados trenes “borregueros”. Mis ansias de aventura eran mucho mayores que mi bolsillo, así que me acogía contento a la oferta. Luego, si tenías suerte, dormías en un alberge, y si no simplemente cogías un tren nocturno ahí donde fuera y te acurrucabas tan ricamente soñando con un nuevo día, una nueva ciudad, nuevas aventuras y eventualmente algún pescozón de la vida, ese maestro que examina antes de dar la lección.
No existía internet. Por encima de todo, incluso de mi fiel navaja multiuso, algo no faltaba jamás en mi mochila: “la guía en tejanos”. Te decía ahí donde comer barato y abundante, donde dormir, que cosas divertidas había en cada ciudad a donde te llevaba el karma.
Va viendo usted la idea.
En 1370 el Consolat del Mar compila los antiguos usos y costumbres marítimos de Barcelona, que hunden sus raíces en el derecho romano, griego, bizantino… Llama al patrón Senyor de la Nau, solo dios tras Dios, y eso porque Nuestro Señor es más antiguo. Un pueblo entero fleta una nave a escote, la llena con sus productos, y la confía al capitán. No tiene forma de pedir autorización antes de firmar contratos. Debe decidir lo mejor para los suyos según su criterio.
Y ahí viene el motivo de la evolución de los mapas. Sí, bueno, tampoco es cosa de que las proporciones de la carta sean un desastre -que no lo son-. Pero lo que quiere saber el capitán es donde está la playa buena para fondear, donde vela la laja, cuándo y dónde está el mercado, que productos voy a encontrar, etc. En fecha tan tardía como el siglo XVII, Tofiño no se limita a publicar un atlas: va mano con mano con el Derrotero de las costas de España. El patrón de bajura conoce bien sus aguas. Es el comerciante, casi aventurero, quien osa desafiar neciamente a la mar.
Veamos algunos ejemplos de estas preciosas obras. Sin caer en lo conspiranoico, intente ver las iluminaciones como mensajes codificados. Un animal salvaje suele significar peligro, un loro buenos negocios (el animal que habla no puede sino ser del paraíso). Me ha costado mucho seleccionar únicamente un par de ejemplos. Disfrute de la belleza. Yo callo, que hable la carta como aquellos locos capitanes que abrazaban sin miedo a una mar, amante pero no amiga.
Tabula Rogeriana
Abu Abd Allah Muhammad Al-Idrisi entrega a Roger II de Sicilia la obra en la que ha trabajado durante 18 años: un mapamundi, la Tabula Rogeriana, y un libro, Geografía, compendio del mundo conocido.

Al-Idrisi nace en Ceuta alrededor del 1100. Bisnieto de Idrisi II, rey de Málaga, estudia en Córdoba y dedica su juventud a viajar antes de ponerse al servicio de Roger II.
La misión es ambiciosa: saberlo todo del mundo. Al-Idrisi no es teórico, sino explorador. Envía a los cuatro confines del mundo exploradores y dibujantes, o entrevista a marineros y viajeros. No se contenta con el primer relato: los testimonios se contrastan.
Observe la relación entre el trabajo de Al-Idrisi y el de Tofiño. Ambas obras se llevan setecientos años, y ambas constan por un lado de una carta, por otra de un derrotero. Lo que llevábamos ayer a bordo, como quien dice.
No será esta la única contribución de Al-Idrisi. Crea también una esfera celeste, y afirma que “la tierra es redonda como una esfera y las aguas se adhieren a ella y se mantienen a través de un equilibrio natural que no sufre variación. Las criaturas son estables en la superficie de la Tierra. Ésta atrae lo que es pesado, mientras que lo ligero es atraído por el aire. De este modo, las cosas se mantienen en un equilibrio natural”. Faltan muchos años para que Newton formule sus leyes.
El Atlas Catalán
Elisha ben Abraham, más conocido como Cresques Abraham (aprox. 1325 – 1387), y su hijo Jehuda Cresques (aprox. 1350 – 1410), a su vez conocido como “el judío de las brújulas”, son quizás los representantes más conocidos de la escuela cartográfica mallorquina, que florece durante los siglos XII al XV. Posteriormente se verá relegada por cartografía más científica y la persecución que sufrirán los judíos.
1284: Ne sol hom pens que galera ne altre vexell gos anar sobre mar, menys de guiatge del rey d’Arago; ne encara no solamente galera ne leny, mas no creu que nengun peix se gos alçar sobre mar, si o porta hun escut o senyal del rey d’Arago en la coha, per mostrar guiatge de aquell noble senyor, lo rey d’Arago e de Cecilia. (Roger de Lluria a Pedro III el bien servido, según Bernat Desclot).
Catalunya domina el mundo conocido, de Algeciras a Estambúl, como diría el poeta. ¡Un momento! ¿Conocido? Lo que no está puesto negro sobre blanco no existe, y Pedro el Ceremonioso, a través del príncipe Juan, decide hacer un regalo regio al nuevo rey francés, Carlos VI. Se encarga a los mallorquines (Cresques lo juhueu qui lo dit mapamundi a fet), redactar la carta.

La Carta original no lleva fecha, pero suponemos que es de alrededor de 1357. En el palacio Topkaki (Estambul) se conserva un pequeño fragmento de un mapamundi, que presenta muchas similitudes con el Atlas Catalán. Eso nos diría como Cresques toma la información de ahí donde se le ofrece. No parte de cero, sino que compila y cataloga toda la información conocida. La precisión de la carta es magnífica en el Mediterráneo, y aunque supla la información con la belleza en Catay no deja de tener su mérito por la poca información disponible en aquellos tiempos. A pesar de que describe cordilleras, ríos y todo tipo de accidentes geográficos es más mapa político que físico. Lo que más importa son las ciudades, y cómo llegar a ellas.
Por cierto, decíamos algo de la perdida de la ciencia. Contiene la primera rosa de los vientos. El norte es el magnético, desviado 10 grados al Este. Incluye un calculador de fiestas móviles (carnaval, cuaresma, pascua) y mareas altas a través de la luna. Detalla de 10º a 60º norte, desde las islas Afortunadas (incluyendo el Teide) hasta Ceilán.

Incidentalmente, es posible que recuerde usted una versión más colorida del mapa. En 1959 se edita una magnífica copia en Barcelona, favoreciendo la legibilidad. A pesar de no ser la original merece la pena ser recordada.


Juan de la Cosa
En el apasionante capitulo anterior recordábamos que “Sorprende que Colón ordenara a la flotilla bajar hasta las Canarias y montar ahí velas cuadras en vez de las latinas que llevaban, para aprovechar unos vientos alisios que aún no eran conocidos. En fin. También sorprende que afirmara ser genovés, cuando no conocía la lengua. En las Capitulaciones de Santa Fe dice: “Las cosas suplicadas e que vuestras altezas dan e otorgan a don Christoual de colon en alguna satisfacion de lo que ha descubierto en las mares oceana”. ¿Ha descubierto? Quizás el pillo marino estaba ya de vuelta. Pero un segundo… ¿Don? Este título no será firme hasta marzo de 1493“.

Mucho se ha hablado y escrito y pocas conclusiones formales se han obtenido del pillo marinero. Fuera quien fuera, todos le agradecemos que convenciera a una reina que no tenía un pelo de tonta para que pagara de su bolsillo una expedición tan peregrina.
Se convoca a Juan de la Cosa, vizcaíno. Ya ha trabajado para los reyes como espía ante Portugal para analizar las expediciones hasta el cabo de Buena Esperanza (entonces llamado de las Tormentas) y que volviera vivo habla bien de su habilidad. Juan de la Cosa vive en el Puerto de Santa María, y posee una nao llamada MARIGALANTE, por mal nombre Gallega, y que será renombrada como Santa María sin tener en cuenta el mal fario que tiene cambiar el nombre de un barco entre los hombres de la mar. Tiene algún tipo de contacto con Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín Pinzón, hombres recios para una mar dura. El resto de la historia es bien sabido.
No es tan conocida sin embargo la faceta de cartógrafo de Juan de la Cosa. Nos deja un documento importantísimo que documenta los viajes de Colón. No hay aquí derrotero, pues todo está por descubrir en un nuevo mundo. El mapa está fechado en el Puerto de Santa María, en 1500.
Colón creyó que Cuba, que aparece como isla en el mapa de la Cosa, era parte del continente. No será hasta 1508 hasta que Sebastián de Ocampo rodee la isla por primera vez. ¿Cómo es esto posible?
Semejantes “incoherencias” no son extrañas en los mapas, y alimentan teorías conspiranoicas. ¿Qué información tenía Colón mientras visitaba a la reina? La respuesta al enigma la tenemos en las cartas en papel que hasta hace nada llevábamos a bordo. Un buen patrón iba anotando con cuidado aquello nuevo o que consideraba de interés. La carta fue siendo modificada hasta que pasó de herramienta de trabajo a objeto de arte.

Veamos un ejemplo contemporáneo: Sobre la carta original, de 1960, el piloto ha añadido unas crípticas notas en Isla Conejera y Punta la Galera. ¿Nuevos escollos o el mejor caladero de pesca de la isla? Cada primavera se dragan canales, cada otoño la mar los llena. ¿Nos muestra el bueno o ahí por donde no debes aventurarte bajo ningún concepto? Las nuevas cartas electrónicas se actualizan online, pero no las de papel.
Incidentalmente, el vizcaíno parece ser mejor cartógrafo y espía que oficial de puente. Estando de guardia se perderá la MARIGALANTE, digo la GALLEGA, digo la SANTA MARÍA. Malahe, que dirían en su tierra de adopción.
Diario de Cristóbal Colón
Martes, 25 de diciembre, día de Navidad. […] Quiso Nuestro Señor que a las doce oras de la noche, como avían vista acostar y reposar el Almirante y veían que era calma muerta y la mar como en una escudilla, todos se acostaron a dormir, y quedó el gobernallo en la mano de aquel muchacho, y las aguas que corrían llevaron la nao sobre uno de aquellos bancos […] El moço […] dio bozes, a las quales salió el Almirante, y fue tan presto que aún ninguno avía sentido qu’estuviesen encallados. Luego, el maestre de la nao, cuya era la guardia, salió y díjoles el Almirante a él y a los otros que halasen el batel que traían por popa y tomasen un ancla y la echasen por popa, y él con otros muchos saltaron en el batel, y pensaba el Almirante que hacían lo que les avía mandado. Ellos no curaron sino de huir a la carabela…
Miércoles, 26 de diciembre. […] si no fuera por la traiçión del maestre y de la gente, que eran todos de Palos o los más de su tierra, de no querer echar el ancla por popa para sacar la nao, como el Almirante les mandava, la nao se salvara…
En fin, pelillos a la mar. A la vuelta de la expedición se le compensa por la perdida, y en 1504 se le autoriza a fletar su propio viaje como capitán general y piloto. Parece que los reyes le perdonan el pequeño desaguisado teniendo en cuenta los servicios prestados, y le permiten correr más aventuras. Pero eso, como dijo el poeta, es otra historia.
Piri Reis

Se estará preguntando usted cuando me iba a decidir a citar la más bella, la más misteriosa de las cartas de navegar: el mapa de Piri Reis (1513). No voy a escribir una línea, pues todo lo que yo dijera sería un paso atrás ante el excelente ensayo de Pep Bermejo. Les dejo con su belleza y una adivinanza, de las miles que esconde. Mire usted los navíos que cruzan el atlántico. Todos menos uno disponen el velamen siguiendo los alisios y contraalisios. ¿Qué nos quiere decir el capitán Piri?
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