Todas las sociedades sanas y profundas honran a sus miembros ilustres de las ciencias, de las armas y las letras con el recuerdo de su figura en los aniversarios redondos del nacimiento o de la muerte. Una ocasión para revivir los méritos del personaje. Una ocasión para rememorar la Historia. Una ocasión para mirarse en el espejo y consolidar la autoestima colectiva.
En el mundo marítimo civil no utilizamos -o no utilizamos apenas- ese recurso que, entre otras ventajas, permite cohesionar las sociedades. Sin temor a equivocarnos, podemos afirmar que no disponemos de la inteligencia colectiva necesaria para aprender de la Historia, o al menos para no ignorarla. Olvidamos con excesiva facilidad y nos entregamos al adanismo casi con fruición: ahora, en mí, conmigo (con nosotros) comienza todo. Lo escribió Concepción Arenal en el año en que nació Ernesto Anastasio y lo recoge Anna Caballé, reciente Premio Nacional de Historia, en la espléndida biografía de la pensadora: si no hay conciencia suficiente para asumir el legado de quienes nos han precedido no la habrá para encarar sabiamente el futuro.
Las sociedades, como las personas, se miden también por su memoria. Desconocer de dónde venimos y olvidar a los personajes que trabajaron para iluminarnos, y que con su esfuerzo lograron que la sociedad avanzara, constituye una mala noticia.
No hemos reconocido ninguna figura a la que conmemorar. Hasta ahora. Desde hace unos años, el ingeniero naval José María Sánchez Carrión se esfuerza por difundir los extraordinarios méritos científicos y políticos del constructor de navíos Jorge Juan Santacilia (Alicante 1713-Madrid 1773).
ERNESTO ANASTASIO PASCUAL
Más próximo a nosotros, Ernesto Anastasio Pascual merece el reconocimiento de los hombres de la mar. Capitán de la marina mercante, práctico del puerto de Barcelona y profesor de la Escuela de Náutica, abogado, fundador y dirigente de la Asociación Náutica Española (1902), de la Federación Nacional de Prácticos (1909), de la Compañía Trasmediterránea (1916), de Unión Naval de Levante (1924), de Remolcadores de Barcelona, SA (1924), de la Asociación Española de Derecho Marítimo (1949), de la Oficina Central Marítima, actual Asociación de Navieros Españoles (mayo de 1951). Y presidente o director de numerosas empresas de primer orden, entre las que cabe citar a Campsa, de la que fue el organizador (1927) y la Unión y el Fénix, de la que fue presidente entre 1933 y 1966.

Claustrro de profesores de la Escuela de Náutica de Barcelona en 1915. De pie el segundo por la izquierda, Ernesto Anastasio
Ernesto Anastasio, nacido en un barrio marítimo de Valencia (El Cabañal o El Cañamelar), a las 7 de la mañana del 4 de mayo de 1880, falleció en Madrid en la mañana del día 6 de enero de 1969. Ahora hace cincuenta años. El gran empresario que siempre hizo gala de su condición de marino y que en la entrevista que el periodista Manuel del Arco le hizo para el diario de Barcelona La Vanguardia, el 17 de diciembre de 1955, responde que para el progreso de Cataluña y de España, él haría barcos, barcos y barcos.
En condiciones normales, los marinos, los prácticos, las escuelas y facultades de Náutica, los abogados, los navieros y las empresas y asociaciones de construcción de buques y de remolcadores, deberían haber recordado la efeméride, una oportunidad de contemplar nuestra historia a través de una de sus figuras egregias: Ernesto Anastasio Pascual, fallecido hace ahora cincuenta años. Pero me temo que el olvido se ha impuesto a la memoria. Una pena.

