El pasado 14 de abril fallecía en su domicilio de Barcelona, Juan Zamora Terrés, a los 74 años de edad. Ese mismo día, yo cumplía 68 años. Triste coincidencia.
Juan y servidor nos llevábamos sólo seis años, pero pertenecíamos a generaciones de marinos diferentes y sucesivas. Las generaciones no solo las limitan o encuadran referencias cronológicas, sino existen otros determinantes como aspectos sociales y económicos o cambios tecnológicos y normativos que también las conforman. En nuestro caso particular, el cambio generacional lo marcó el cometido que nos correspondió ejecutar durante los años que ejercimos de marinos.
Los cometidos fueron sustancialmente diferentes: la generación de Juan tuvo que democratizar la actividad naviera y dar dignidad a los marinos y la de servidor, implementar en los buques, la ingente nueva normativa originada en la Organización Marítima Internacional (OMI) y las nuevas tecnologías y sistemas.
Mi generación empezó a navegar al filo del año ochenta y entonces, de los tres principales convenios de la OMI, solo estaba en vigor el Convenio Solas (Convenio internacional para la seguridad de la vida humana en el mar). El Convenio Marpol (Convenio internacional para prevenir la contaminación por los buques) y el Convenio STCW (Convenio internacional sobre normas de formación, titulación y guardia para la gente de mar), entraron en vigor en 1983 y 1984 respectivamente. Todavía no existía ninguno de los principales códigos que regulan la gestión de la seguridad operacional y protección del buque.
Estos códigos operativos entraron en el mundo marítimo años después. El Código IGS (gestión de la seguridad operacional del buque y la prevención de la contaminación) entró en vigor en 1998 y el Código PBIP (Para la protección de los buques y las instalaciones portuarias) en 2004.
Todas las normas, reglas y prescripciones de estos convenios y códigos se integraron en el sistema reglamentario español, cuyo resultado fue una cascada continua de normativa que, en muchos momentos, su implantación en los buques resultó agobiante. A todo esto, se añadió la aparición e incorporación en los buques de las nuevas tecnologías y sistemas de gestión.
Nuestro cometido fue implementar toda la nueva normativa y adaptarnos a las nuevas tecnologías de los buques mediante la implantación de los sistemas de gestión. Fue un trabajo arduo que nos exigió largas horas de dedicación fuera de la guardia, pues no sabíamos nada de automatismos, de sistemas centralizados de alarmas, de informática, ni de sistemas de gestión.
La generación de Juan empezó a navegar en los años sesenta del siglo XX y fueron extraordinarios marinos que, con un sextante, un radar de movimiento relativo y un derrotero llegaban a todos los puertos de destino con una eficacia admirable y que, igual tripulaban un buque de carga general con grúas y puntales, haciendo escala en 14 puertos, que un gran petrolero de 350.000 toneladas de peso muerto, realizando las operaciones de carga y descarga con una maestría admirable, en una época, dónde no había sistemas automatizados de alarmas que controlaran las operaciones ni programas informáticos de estiba.
Esta generación de excelentes marinos tuvo un cometido verdaderamente notable y trascendental, que consistió en dignificar la vida de los marinos, sometidos a una legislación represiva que mantenía a los profesionales del mar, vinculados a sus buques con unas condiciones contractuales sociales y retributivas tercermundistas mediante una disciplina militar que ordenaba la problemática socio-laboral con medidas disciplinarias. Muchos marinos, para evitar estas condiciones tan injustas e indignas, emigraron a otras banderas. Otros, se quedaron y generaron un movimiento social, democrático y reivindicativo que culminó en la fundación del Sindicato Libre de la Marina Mercante (SLMM) en 1975, y para ello, muchos arriesgaron su posición social y laboral y a veces su libertad
Para poder conseguir la democratización de la vida de los trabajadores de la mar, el SLMM luchó por la derogación de la Ley Penal y Disciplinaria de la Marina Mercante, que suprimía cualquier derecho de los marinos y castigaba toda falta y delito por medio de la jurisdicción militar, al estar la marina civil bajo el control político y administrativo de la Armada, como si estuviéramos en el siglo XVIII. Esta ley no fue derogada hasta 1992 con la Ley de Puertos del Estado y de la Marina Mercante, pero, aunque, la reivindicación del sindicato no erradicó la ley, en ese momento, consiguió que, con la aprobación de la Constitución, no se aplicase a partir de 1978.
Apartada esta tremebunda ley por la Constitución de 1978, que impedía cualquier relación contractual laboral digna y democrática entre un empresario y un trabajador, el SLMM promovió el Convenio General de la Marina Mercante y la negociación colectiva con las empresas, mejorando sustancialmente las condiciones laborales, sociales y retributivas de los trabajadores del mar. Estos logros consiguieron dar dignidad a las sucesivas generaciones de marinos civiles. Mi generación fuimos los primeros en recibir el beneficio de este legado y esto nos permitió ejecutar nuestro cometido con mayor libertad. Todo nuestro reconocimiento a la generación que nos precedió
La Asamblea de Barcelona fue el motor del Sindicato Libre de la Marina Mercante. Sin este grupo de marinos civiles, nada habría sido igual. Juan Zamora encabezó y condujo la asamblea con generosidad y valentía, aportando ideas, empuje y ánimo en los arriesgados y malos momentos que fueron muchos. Su aportación fue capital en la democratización de la marina civil.
Juan Zamora tenía una inteligencia excepcional y una capacidad de estudio extraordinaria que unidas, le facilitaron obtener varias titulaciones académicas superiores en diferentes escuelas y facultades. La extensa formación académica y su capacidad intelectual y de trabajo le dieron acceso a ocupar cargos importantes con responsabilidades diversas, así como a iniciativas empresariales. Juan siempre dijo que lo más importante que había hecho en su vida fue ser capitán de barco y haber tenido el mando de uno.
Que descanses en paz amigo. Siempre estarás en nuestra memoria.

