La pandemia del Covid-19 ha frenado en seco el gran crecimiento que estaba experimentando el sector náutico español en los últimos años. Tras la gran caída después de la crisis económica del año 2008 la náutica ha sido uno de los pocos sectores económicos que, hasta el coronavirus, había sabido afianzarse como elemento de valor para la sociedad. De hecho, según los datos de la patronal ANEN, el 42% de las empresas tienen diez o menos años y 9 de cada 10 son pymes y autónomos.
En un momento en que todos los lobbies presionan al Gobierno para recibir ayudas (el aéreo, el automovilístico, el de la
construcción, el energético…), la náutica debe ser también escuchada por su importancia capital para el turismo que –recordemos- es la principal fuente de riqueza del país. Las cerca de 4.000 empresas registradas generan cerca de 20.000 empleos directos, a los que se deben añadir decenas de miles de empleos indirectos e inducidos (más de 80.000 en total). Y su valor añadido bruto directo es de 971 millones de euros anuales (con los últimos datos disponibles correspondientes al ejercicio 2017). Asimismo, los ingresos de explotación del sector (industria + servicios) ascienden a cerca de 4.000 millones de euros (ver gráfico adjunto).
Son cifras importantes que se engloban en diferentes subsectores productivos y aún así, la visibilidad de la náuticaes mucho menor de la que tiene el sector en los países de nuestro entorno.
No se trata de atribuir culpas sino de buscar soluciones para revertir esta tendencia. Desde hace muchos años el sector batalla con la Administración para que se deje de grabar impositivamente a la náutica con un 12%, además del IVA, en la adquisición de una embarcación de recreo. España es el único país europeo donde existe un Impuesto Especial sobre Determinados Medios de Transporte (IEDMT) que impide al sector náutico un mayor crecimiento y la posibilidad de competir en igualdad de condiciones en un mercado globalizado.
Pese a ser uno de los países con más kilómetros de costa de Europa y mejor climatología, el parque náutico en España continua siendo exiguo. Queda en las 4,2 embarcaciones por cada 1.000 habitantes que, comparando con los datos de Alemania (6,2), Croacia (24,4), Francia (7,7), Grecia (15,7), Italia (9,5), o Reino Unido (8,5),denotan el gran potencial de crecimiento, muy ligado –lógicamente- a la renta per cápita y al crecimiento del sector turístico.
Pero, para llegar a los niveles de nuestros vecinos europeos la Administración debe tomar medidas de todo tipo, y, como primer paso, recuperar la confianza del consumidor de turismo náutico con incentivos económicos. No debería ser complicado, pues es algo que ya se ha hecho desde el lobby del automóvil. Turespaña, como organismo autónomo de la Administración General del Estado encargado de la promoción en el exterior ya lo está haciendo. Falta que sea la propia Administración la que dé un paso en firme.
Desde la patronal y desde varias organizaciones, tanto estatales como a escala autonómica, llevan semanas reclamando medidas de apoyo a las empresas e incentivos a los usuarios. Entre ellas estaría la reducción del IVA al 10% con carácter general para toda actividad náutica, ya que la náutica de recreo forma parte de las actividades de turismo y ocio y por ello reclaman que se equipare a la náutica con sectores como el de la hostelería, restauración, balnearios, etc.
La náutica no es una actividad de lujo como nos podían hacer ver años atrás. Hoy en día sale más económico alquilar una embarcación para toda la familia durante una semana para remontar, por ejemplo, las costas de las Baleares, que ir a un hotel en temporada estival en el propio archipiélago. Además, cada año crecen el número de titulaciones expedidas para poder navegar en el conjunto de España. Las tendencias cambian y la Administración también debería tomar nota y cambiar de forma acorde.
Cabe abrir un paréntesis con los puertos de interés general que disponen de instalaciones náuticas, a las que, por regla general, prestan escasa o nula atención. Sería deseable que desde las autoridades portuarias incentiven la náutica en lugar de dedicarse casi en exclusiva a la actividad puramente industrial, los cruceristas o los pasajeros de ferries. A modo de ejemplo, de las 28 autoridades portuarias, sólo en una hay presencia del sector náutico en su consejo de administración. No se puede hablar de comunidad portuaria si el sector náutico permanece al margen. Además, la náutica constituye, un activo clave en la integración puerto-ciudad a la que tanta importancia se le quiere dar.
En los últimos coletazos del estado de alarma y de la resentida frase de #EsteVirusLoParamosUnidos se debe abogar por la unidad y la incentivación de la economía. Es imprescindible ayudar a la construcción, al automóvil, al deporte, a la cultura, al sector industrial, al energético… pero el náutico es un sector clave que también ha lanzado un SOS. Cabe no dejarlo en el olvido.

