Hace casi cuatro años, el buque mercante MAERSK ETIENNE, a instancias de las autoridades costeras de Malta e Italia, había acudió al rescate de 27 personas que ocupaban una infame patera. Tras rescatarlas, estuvo 38 días fondeado, con los migrantes a bordo, por la negativa de las autoridades políticas maltesas (y también italianas) a permitir el desembarco de los mismos.
Eran los tiempos del ministro Salvini y sus imitadores de Malta que llamaban “cruceristas de lujo” a los desesperados que pagan cantidades elevadas por subirse a un precario objeto flotante, carente de las mínimas medidas de seguridad, para intentar alcanzar la, para ellos, tierra prometida.
El episodio del MAERSK ETIENNE marcó la cima de la desfachatez y de la falta de la más básica humanidad de aquellos gobernantes. Querían castigar duramente a los capitanes (y perjudicar económicamente a sus navieras) que se decidieran a auxiliar a seres humanos comprometidos en alta mar.
Al final tuvo que ser una juez italiana, la que empezara a pararles los pies y dejara bien claro que auxiliar a personas en peligro en el mar no es un acto de generosidad, es una obligación legal ineludible. Desde entonces, poco a poco, las resoluciones judiciales en Italia son cada vez más garantistas con los migrantes y sus salvadores.
No obstante, el daño ético y económico ya estaba hecho y desde entonces los capitanes mercantes que avistan una patera saturada de personas tienen una profunda lucha interna entre comprometer su expediente y su naviera o socorrer a seres humanos en grave peligro. La decisión de mirar hacia otro lado y continuar la ruta aparece como una opción confortable.
Es por este clima creado que el reciente rescate de 67 migrantes efectuado por el crucero MS INSIGNIA que ha desviado su ruta para desembarcarlos en Santa Cruz de Tenerife es una gran noticia.
Y todavía más; las autoridades pertinentes (presidente del puerto, delegado del Gobierno, capitán marítimo y la jefa de los servicios de salvamento) han mostrado públicamente su homenaje y felicitación al capitán del buque, Stjepan Zuzic, por su humanitaria actuación.
No sabemos cuál es la solución para evitar que nuestros mares se estén convirtiendo en la mayor fosa común de todos los tiempos, pero es meridiano que es a los líderes políticos quienes han de ocuparse de esa noble tarea y no pueden trasladar su frustrante inoperancia a los profesionales del mar.
Víctor Rubio
P.S.
El salvamento de bienes (buques y/o mercancías) en el mar, está sujeto a compensaciones económicas en función del valor de lo salvado. El rescatar personas, es decir, salvar vidas, no está sujeto a ninguna compensación económica porque es un deber del que tiene la posibilidad de hacerlo.

