Cabía esperar en ese pleno, ha escrito en Vozpopuli Juan Zamora, editor de NAUCHERglobal, que sus señorías subirían al estrado para tratar de dilucidar si los migrantes que en régimen de hacinamiento transportaba hace unos días el OPEN ARMS eran náufragos, como proclama el empresario señor Oscar Camps, o pasajeros/emigrantes a procura de una vida mejor, como parece más que evidente a estas alturas. Y de esa primera verificación, debatir si el infame remolcador tiene las mínimas condiciones para dedicarse al transporte de pasajeros. Aclarado lo cual –el OPEN ARMS es un viejísimo remolcador que no cumple ninguno de los requisitos imprescindibles para un buque de pasaje- discutir las medidas administrativas y tal vez judiciales a tomar contra su armador.
Pero no fue así. Los diferentes portavoces de los grupos políticos con representación en el Congreso parecen ignorar que los ciudadanos esperábamos una clarificación sobre la naturaleza y la financiación de la empresa armadora del OPERN ARMS; información contrastada sobre la actividad del barco y su eventual conexión con los traficantes de personas que embarcan a los migrantes en esas neumáticas peculiares, fabricadas ex profeso para llevarles mar adentro hasta donde se hallan los barcos ONGs, que los transbordan convertidos en náufragos de conveniencia, ilustrativa expresión que debemos a Ruiz Soroa. Y de paso que nos explicaran la política migratoria de la Unión Europea y de España, de forma que podamos tener opinión autorizada sobre si la actitud del Gobierno italiano, rechazando acoger a esos migrantes que han podido pagarse una plaza en la neumática, es legal o no.
No parecía una tarea difícil. Las diputadas y los diputados cuentan con medios y asesores que pueden buscarles la documentación necesaria. Sin embargo, convirtieron el debate en un guirigay emocional (griterío y confusión que resulta cuando varios hablan a la vez o cantan desordenadamente, según el DRAE) y en un pim-pam-pum contra el ministro del Interior italiano, Matteo Salvini, culpable, al parecer de todos los delitos posibles de lesa humanidad, capaces de concitar en su contra la casi unanimidad de la cámara, pues es bien sabido que la construcción de un enemigo común sirve para unir y acallar diferencias.
Del negocio del OPEN ARMS, su peripecia con 153 pasajeros a bordo que sólo podían desembarcar en Italia (eso es lo que con claridad indican los hechos), de las duras críticas a la Unión Europea vertidas por el armador Oscar Camps y de su desafío a las leyes marítimas y de inmigración, apenas se habló. Con la excepción de Vox (con perdón), que dejó bien clara su posición respecto a la migración ilegal favorecida por el grupo Proactiva, propietario del OPEN ARMS, los grupos políticos utilizaron el debate para desgastar al adversario. Y en el caso de Unidas Podemos, para tratar de convencer al Partido Socialista que preside Pedro Sánchez de la necesidad de un Gobierno de coalición.
Una ocasión perdida y un ejemplo de la mala calidad de nuestra vida parlamentaria, convertidos los diputados (y las diputadas) en voceros inflamados en vez de ejercer el magisterio de la política. Así nos va.
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