Hay veces que las noticias que, en otra ocasión y circunstancias, parecerían buenas, nos causan cierta desazón: es el caso de la compra por parte de Hapag Lloyd de la actividad de línea marítima de contenedores de la compañía Deutsche Afrika-Linien (DAL).
DAL es un clásico donde los haya: empresa familiar que ha cedido a las presiones que originan los “Másters del Universo” (Maersk, CMA-CGM, Hapag Lloyd…) con sus megabuques portacontenedores y su control cuasi exhaustivo de todo el tráfico mundial
En esta ocasión le ha tocado a DAL cuyos accionistas habrán recibido un buen dinero. Pero es triste el constatar como unos navieros con tradición tiran la toalla en el transporte de contenedores para dedicarse a otras actividades en el ramo marítimo.
La operación parece pulcra y, dependiendo de la aprobación de las autoridades de la competencia, su personal de Hamburgo, Bremen y Sudáfrica, pasara a formar parte de la nómina de Hapag Lloyd. Los costes que entraña la competencia con los “grandes” y los que se aproximan en materia de descarbonización, desaniman a los empresarios. DAL sigue así el camino de Nile Dutch, histórico armador holandés que era también muy activo en el continente africano y que paso a ser propiedad de Hapag Lloyd en 2021
Poco camino para la libre competencia queda para los armadores europeos en el mundo del contenedor salvo tráficos locales con Canarias, Azores, Cabo Verde, las líneas intramediterráneas y… ¿qué más?.
La libre competencia, los famosos mercados que regulan todo, expresiones estas con las que algunos se llenan la boca quedan, cada vez más, obstruidas por la voracidad de los grandes. Y salvo los nuevos y aventureros actores que surgen en Indo-Pacífico, áreas estas que no nos dicen gran cosa a los europeos, poco veremos de libre competencia en los próximos años.
Alonso Contreras

