Recordemos algunos precedentes que marcaron época:
– El siniestro del petrolero TORREY CANYON en 1967, frente a las costas de Land’s End, al sudoeste de Gran Bretaña.
– La embarrancada del petrolero AMOCO CÁDIZ en 1978, ante las costas de la Bretaña francesa. Las reclamaciones por los daños de contaminación ascendieron a 1.600 millones de dólares.
– La varada del EXXON VALDEZ, en 1989, en la bahía del Príncipe William (Prince William Sound), Alaska, que ocasionó daños medioambientales por valor de 5.000 millones de dólares.
– El accidente del COSTA CONCORDIA, en 2012, frente a la isla del Giglio, Italia, 32 muertos. Las reclamaciones se estiman en 2.000 millones de dólares.
Más cerca de nosotros tenemos el caso del ERIKA, petrolero que partió en dos derramando 30.000 toneladas de fuelóleo; y, por supuesto, el caso del PRESTIGE, hundido el 19 de noviembre de 2002 frente a las costas de Galicia, y de cuya peripecia existe abundante información en la hemeroteca de NAUCHERglobal.
Todos estos casos llevaron a las instituciones del seguro marítimo, clubs de P&I, y a la IGP&I (International Group of P&I), a una reflexión en torno su capacidad de respuesta en los casos de siniestro de los modernos buques gigantes: barcos de pasaje con 8.000 personas a bordo (¿Un siniestro a 50 millas de la costa por la noche, en colisión con otro buque?); un portacontenedores de última generación, 23.000 TEU, 400 metros de eslora, 60 metros de manga… ¿Recordamos la embarrancada del MSC NAPOLI, el 20 de enero de 2017, en el canal de la Mancha, frente a Devon?
De modo que la industria del seguro lleva años reflexionando sobre su capacidad de hacerse cargo de los siniestros en los casos en los que que la responsabilidad civil sea imputable a sus asegurados. Insisten en llamar la atención de las empresas y de los Gobiernos acerca de los límites que el sentido común debería imponer al crecimiento incontrolado de la flota mercante mundial, tanto de pasaje como de carga.
¿Pueden soportarse los daños por colisión y derrame en la laguna de Venecia de un buque de cruceros, con 4.000 o 5.000 pasajeros a bordo, y un carguero de, digamos, 10.000 toneladas de peso muerto? ¿Estamos jugando con fuego?

