Publicaba hace unos días el diario asturiano “La Nueva España” la noticia de la demolición de parte de la torre de El Musel que alberga la Capitanía Marítima y el Centro de Coordinación de Salvamento de Gijón (CCS). Se trataría de trasladar las dependencias de Sasemar, que ocupa los pisos superiores de la torre desde su inauguración en 1993, al Centro Jovellanos, en Veranes. La Capitanía Marítima se mantendría en su ubicación actual.
Ya en su momento, la localización de la citada torre fue motivo de polémica. Unos la veían en el Cabo de Peñas y otros en las proximidades del Cabo de Torres, donde en la actualidad se encuentran las antenas de radar, radio etc. funcionando en remoto y haciendo uso de la fibra óptica para su transporte hasta El Musel. Finalmente se decidió instalar el centro de salvamento marítimo en el mismo edificio donde se organizaría la Capitanía Marítima. Muchos achacaron esa decisión a los accidentes habidos en fechas anteriores como consecuencia del garreo de dos buques fondeados: el CASTILLO DE SALAS, y el VAKIS TSAKIROGLOU. En cualquier caso, la vecindad de la Capitanía Marítima y del CCS permitía la gestión coordinada y próxima de las emergencias que se produjeran.
El buque en peligro comunica su situación a la torre de control; ésta debe avisar al capitán marítimo (autoridad marítima local), quien a su vez, en función de la gravedad, avisará al director general de marina mercante (autoridad marítima nacional), quien tiene plena capacidad para decidir el envío de remolcadores, intervención de los prácticos, uso de muelles de atraque y lugares de fondeo, etcétera. Esta operativa resulta muy ágil cuando la Capitánia y el CCS comparten ubicación. El capitán marítimo se desplaza unos metros, hasta la sala de control del CCS, desde donde contacta telefónicamente con el barco y demás. Las órdenes operativas son directas, sin intermediarios.
Con el CCS en Veranes, esta sencilla cadena se rompe, o al menos se complica mucho. El capitán marítimo tendría que desplazarse hasta el centro Jovellanos, unos 50 minutos en coche si todo va bien. Suponiendo que todas las comunicaciones con los intervinientes en la emergencia quede centralizado en Veranes (que es mucho suponer), se perdería la visión directa de las condiciones del mar y, en su caso, de la emergencia. Una pérdida muy importante.
Las presiones mediáticas
El diario “La Nueva España”, en una información publicada el pasado día 3 de septiembre, atribuía la decisión de deslocalizar el CCS a la pérdida del servicio de control del tráfico portuario. Un argumento sin base, una justificación insostenible, pues el control del tráfico portuario de Gijón (Servicio de “ordenación, coordinación y control del tráfico marítimo y coordinación y control de las operaciones asociadas a los servicios portuarios”), siempre ha estado, excepto unos meses, en la órbita de la Corporación de Prácticos de Gijón/Musel.
En esa misma nota, el diario afirmaba que los servicios que presta el CCS podían efectuarse a cien millas de distancia, un argumento ridículo, de Perogrullo, por el cual bien podría ponerse el CCS u otros centros de control de emergencias, marítimas, aéreas o terrestres, en medio del océano o del desierto del Sahara.
Ese tipo de justificantes pretenden velar el inexplicable interés del jefe del CCS Gijón por salir de El Musel, un interés contrario a la opinión de la mayoría de servidores del CCS, partidarios de seguir manteniendo el centro en El Musel. Esa pretensión fue en su momento desactivada por el antiguo director general de Marina Mercante y presidente de Sasemar, Rodríguez Valero, quien consideró imprescindible la permanencia del CCS en la torre de El Musel. Para muchos funcionarios de Marina Mercante y la mayoría de los trabajadores contratados por Sasemar, el absurdo traslado del CCS Gijón a Veranes, después de invertir un montón de dinero en las instalaciones del Musel, no sería más que el principio del desmantelamiento de la red de centros de coordinación de salvamento. Lo que a su vez, sería el inicio del camino para cerrar las capitanías marítimas, encomendando a un artilugio cibernético las gestiones ordinarias que realiza hoy la estructura periférica de la DGMM, y centralizando en Madrid (¡donde si no!), la gestión de los problemas de seguridad marítima. Un horizonte no por disparatado menos verosímil.

