El Comando Central del Ejército de los EEUU (Centcom), que lleva la voz cantante en las operaciones militares en la zona, ha emitido un ‘aviso para navegantes’ mediante el que informa de la implementación de un bloqueo naval para todo el tráfico marítimo para los buques de todas las banderas que entren y salgan de puertos iranies del Golfo Pérsico y Golfo de Omán.
Así es que, ahora, además del aviso de la Guardia Revolucionaria Iraní de la interdicción de paso por Ormuz a buques relacionados con Israel y EEUU se une el bloqueo de este último a buques relacionados con Irán.
¡Y el Estrecho no está cerrado!, afirman.
Ambos contendientes proclaman la libertad de navegación excepto para aquellos para los que decretan la prohibición.
¿La consecuencia? La práctica paralización de paso por Ormuz excepto para los intentos de alguno de los más arriesgados miembros de la dark fleet. Desde luego, no para los portacontenedores. Técnicamente, el Estrecho no está cerrado. EEUU bloquea puertos y tráfico de y para Irán. Irán reclama autoridad y derecho de control para todos los buques, estableciendo una nueva zona de separación en áreas norte y sur de la isla de Larak, pegada a su costa, e informando de los riesgos para aquellos que se aventuren por aguas de los Emiratos Árabes Unidos (UAE) y Omán (en el sur del estrecho, como se aprecia en la zona marcada en verde del plano suministrado por la autoridades iraníes).
Los buques pueden intentar pasar, pero no libremente, ya que no hay libertad efectiva de paso. El grado de riesgo es lo suficiente elevado y el coste de las primas es de tal nivel, que retrae a los armadores.

El problema lo calificamos como inagotable porque no hay día en que no surja un nuevo factor que deje de nublar un poco más todo el paisaje. Es posible la reanudación de las conversaciones, pero, por si acaso, Irán avisa de que en caso de que se ataque a buques que entren/salgan de sus puertos, ellos harán lo mismo con puertos de aliados de EEUU en el Golfo y extenderán la guerra al Mar Rojo. Apasionante partida en la que no se sabe bien cuál es el resto de cada contendiente ni quien juega de farol, si no fuera porque en ello va el futuro de la economía mundial por las consecuencias que la escasez de crudo y fertilizantes tendrían en nuestra realidad: transporte, agricultura, derivados del petróleo…
Desde nuestra atalaya, nos sumamos a las peticiones de Papa León XIV y de nuestros preclaros políticos de la UE pidiendo mesura, paz y moderación a los contendientes.

