Iniciaba la jornada de hoy con la ilusión de volver a ver a los compañeros de la charla que cada jueves primero de mes celebramos en el Museo Marítimo de Barcelona, entre oficiales de máquinas y puente y quien esto suscribe, quien no fue, ni lo uno ni lo otro, si bien desde su modesto trabajo, contribuía a generar el alma mater de los buques: la carga.
Empezó la aludida reunión tomando la palabra uno de los asistentes, cuyo empleo en su momento fue de capitán, para dar debida información de la muerte del amigo Zamora. Debo de manifestar que no detecté, puesto que él no lo mencionó, quien era la persona que había fallecido. Cuando me percate de ello, debo de confesarlo, se me vino a mí una serie de recuerdos entre ambos.
El primero de ellos, el pasado mes de febrero en una jornada completa mañana y tarde que se celebra cada año en el mismo museo, sobre temas marítimos que están desarrollando diferentes personas acogidas las mismas a becas. Terminada la jornada matinal, nos vemos y me menciona el mal que le aqueja, el tratamiento que sigue, las molestias que le está ocasionando su enfermedad. No es la profesión médica una de las que más me seduzcan ni tampoco hablar de ella ni conocer o intentar conocer las dolencias y las fórmulas de combatir estas, pero desgraciadamente me percaté que ello no tenía una buena solución, si es que había solución a ello.
Le escribí y como buen marino que era, en que la corrección y educación son normas corrientes en su forma de ser, me contestó y lo hizo empleando unos términos, que no dejaban a dudas mi apreciación anterior.
Insisto en saber de él, ya que se presentaba un premio literario en el museo debajo de la galera real. Acudió a ella, entre otras personas, Montse, que, al margen de colaborar con Juan, nos conocemos desde que la misma ejercía en iguales funciones en otra publicación del sector, desgraciadamente desaparecida. Su respuesta venía a coincidir, lamentablemente, con el resultado conocido por mí en el día de hoy.
Me ha dolido y me sigue doliendo no haber podido estado presente en su despedida por no haber tenido conocimiento previo y sobre todo y como se ha citado esta mañana, son muchos los que se van, teniendo méritos más que sobrados para quedarse, en contrapartida de aquellos que sin merecerlo continúan con nosotros.
Juan, desde donde estés, sabes que has dejado un amigo que siempre te tendrá presente. Tuyo.
Francisco Zaragoza Lahoz

