Cualquier manual de autoayuda o de soporte para la preparación de conferencias insiste en que para ser más creíble debemos inventar palabras nuevas, a ser posible en inglés (y quizás pronto en mandarín), palabras o palabros que llamen la atención… pero que realmente o bien son una manera distinta de explicar las cosas o bien suponen una evolución natural de un concepto determinado. Ejemplo: durante muchos años, hablábamos de nuevas tecnologías. Al cabo de un tiempo, dado que de nuevas ya no tienen nada, pasamos a definirlas como tecnología, a secas.
Cuando la tecnología nos ha permitido aglutinar multitud de datos, información infinita -a menudo no contrastada o propia de algunas mentes enfermas e indocumentadas, han ido apareciendo, gracias a la tecnología, nuevos sistemas de gestión de estos datos, que realmente suponen un espectacular salto hacia delante a la hora de gestionar nuestras empresas. Creo sinceramente que, a pesar de que en efecto, los avances que se han producido han sido y seguirán siendo increíbles, el hecho de que alguien, en el marco adecuado, introdujese el concepto de Inteligencia Artificial (generativa, para complicarlo más), ha supuesto un cierto alejamiento de una parte de la sociedad de la tecnología en general, y especialmente, a conceptos que provocan un cierto rechazo social.
Por supuesto que la IA está resultando de gran utilidad para el transporte marítimo y la mejora de la cadena de suministro global. Pero hay dos obstáculos que a mi parecer pueden ser importantes: el primero es al que hacía referencia hace unos momentos, pero también puede suponer que poder disponer de dichas tecnologías solo pueda ser accesible a las grandes corporaciones, como en nuestro caso las navieras, Si esto fuera así, no estaría garantizada la eficiencia del sistema, que nos seguiría llevando a la desaparición real de la competencia (como, por ejemplo, está sucediendo en el sector bancario)
Si somos capaces de superar este doble riesgo, la aplicación de la IA nos permitirá una mejora revolucionaria de los sistemas de mejora en la planificación de rutas: un efecto evidente sería la mejora en la sostenibilidad, menores consumos. En el caso de los Transitarios y RA esta herramienta nos ayudará a predecir la demanda, y todos los operadores del sistema, también las navieras que podrían adaptar la oferta para dar un buen servicio. Con ello evitaríamos blank sailings y colapsos y esperas en los puertos, y en general de todos los sistemas de organización y control de los envíos, teniendo en cuenta que el espacio es un bien finito, evitando así que cualquier mejora en nuestro sistema deba pasar por ampliaciones que cada vez tienen más contestación social.
Hablamos también de mejoras en los sistemas de control de temperaturas, Gps para temas de ‘Cites’, etc. o bien de la gestión de espacios en contenedores, uso de gemelos digitales…
Los sistemas de predicción de la demanda nos van a permitir ajustar y adaptar la oferta, siempre y cuando las navieras se avengan a ello.
Una especial referencia debe hacerse respecto a la declaraciones aduaneras y en general en todos los trámites burocráticos y administrativos, que podrán programarse y ejecutarse sin demoras.
En definitiva: un gran impulso tecnológico que no debería dejar al margen a las Pymes.
Enric Ticó i Buxadós, presidente de Feteia-Oltra

