Centrándonos en este punto, la economía de Tarragona es buena, muy buena. Fruto de la intensa actividad que realizan los operadores que trabajan en la instalación y los responsables ejecutivos del propio puerto, han logrado el fruto de una gestión que arroja 56,5 millones en ingresos durante 2018, que si bien son cerca de 900.000 euros menos que en 2017 (-1,5%), sí permiten aflorar la bonanza en materia financiera. Así, destaca el flujo de liquidez (cash flow), con 29,9 millones, o el Ebitda, que ha llegado a los 31,4 millones de euros.
Y es precisamente esta liquidez la que permitirá acometer las inversiones previstas por la autoridad portuaria, no sólo durante el presente año (que sumarán 25 millones de euros), sino para los años venideros, en busca de una diversificación de los tráficos que permita, en suma, ganar competitividad en el corto y medio plazo.
Durante este mismo año, los 25 millones que se prevén servirán, entre otros, para afianzar el compromiso con la intermodalidad: la ejecución del proyecto de terminal Puerto Centro, en Guadalajara, o los accesos viarios a la Zona de Actividades Logísticas (ZAL) son dos buenos ejemplos. También lo es la inversión en la digitalización de los sistemas de recepción de productos agroalimentarios, que agilizará el paso de vehículos por las terminales. Y sí, han leído bien: la ZAL ya avanza (tras muchos años de retrasos burocráticos) y lo hará de forma imparable en el corto plazo, ya que “antes de verano –ha avanzado Cruset- se contará con los permisos para edificarla y ponerla en marcha”, con plena competencia de la autoridad portuaria.
En todo caso, como se explicaba, la relación económica presentada por Cruset, tiene en mente el futuro del puerto: a modo de ejemplo, la terminal de cruceros –provisional- del muelle de Baleares tendrá una inversión, hasta 2021 cuando se ponga en marcha, de 25 millones de euros, uno de los cuales se destinará este año.
En conversación con NAUCHERglobal tras la rueda de prensa, Cruset ha afirmado cómo, desde hace años, el puerto esta provisionando dinero para, en su momento, poder realizar obras de esta magnitud, entre otras, sin la necesidad de acudir a fuentes de financiación externa, como el BEI (entidad con la que han reducido su deuda a largo plazo en 3,2 millones de euros en 2018 gracias al inicio del período de amortizaciones dos años atrás).
Así, si la inversión prevista este año para las diversas actuaciones con intervención directa de la autoridad portuaria es de 25 millones de euros, el próximo año la cifra podría incluso duplicarse sin que por ello se corra riesgo económico derivado. De hecho, hay provisionados entre 45 y 50 millones de euros para no depender de nadie a la hora de ejecutar actuaciones de infraestructura.
En este contexto, volviendo a la terminal de cruceros, la idea del puerto y su presidente es clara: inversión para el reaprovechamiento. A largo plazo, en unos años –quizá- si la esfera política lo permite, el puerto tarraconense dispondrá de un espacio para cruceros en nuevas aguas resguardadas y cercanas a la propia ciudad. Se trata de una inversión de gran calado e inversión multimillonaria porque supone la construcción desde cero de una nueva dársena. Pero tardaremos en verlo.
Pero, ¿qué pasará entonces con la terminal del muelle de Baleares o la siguiente que –en el medio plazo y también de forma provisional- se instalará en el dique dels Prats? Pues que serán redirigidas para la operativa portuaria de mercancías, con el objetivo que el puerto de Tarragona pueda disponer del espacio necesario que haga ineficaz e innecesario que las navieras deriven su actividad a otros enclaves y en dependencia de las necesidades concretas: “superficies multipropósito” ha dicho el presidente. Un planteamiento, sin duda, brillante en pro de esta búsqueda de diversificación y competitividad. El siempre sabio refranero tiene una frase que lo resume: ‘Hay que sembrar para cosechar’. Y en esta tesitura está Tarragona.
Respecto del marco estratégico de los puertos, en su intervención Cruset también ha sido claro: “Plateamos a Puertos del Estado la necesidad de disponer de una mayor autonomía en la gestión de los recursos que generamos. El portuario, no es un entorno administrativo, sino que está en connivencia con la actualidad de los mercados y, por tanto, precisa de autosuficiencia para ganar competitividad; siempre ligado a los controles preceptivos impuestos desde administraciones superiores”. Parece que Ornella Chacón y su equipo están por la labor de acceder a las peticiones de descentralización… aunque con elecciones generales a la vista todo podría cambiar en un abrir y cerrar de ojos.
Respecto a su intervención, Cruset sí ha errado –en nuestra opinión- en su comparación con el puerto de Barcelona (en base a lo aprendido como representante de Gobiernos municipales y locales). No se pueden comparar ambos puertos. Las dimensiones, escala y representatividad son totalmente diferentes. En cifras, por aportación al PIB por habitante, sí puede “ganar” Tarragona, pero no tiene incidencia real, ni es necesario generar batallas. Todo lo contrario: la colaboración de los dos principales puertos catalanes –y también con Ports de la Generalitat- puede generar sinergias positivas para todos y es hacia ese punto donde se debería ir y, de hecho, nos consta que se hace.
Los tráficos descienden de forma coyuntural
Respecto de los tráficos, varias pinceladas: se ha pasado de los 34 millones de toneladas en 2017 a los 32,4 millones en 2018, el 4,8% menos. Sin embargo, no es una cifra que pueda revelar pensamientos de negatividad en el corto plazo. De hecho, respecto a las cifras de 2016 sí se ha crecido el 2,9%. En este descenso también ha intervenido la coyuntura económica. El –tradicionalmente- principal tráfico de Tarragona, el líquido a granel ha descendido en sus dos principales epígrafes: crudo y derivados del petróleo. Este año se prevé una mejora o, al menos, igualar los registros, según la proyección que hemos realizado desde NAUCHERglobal.
En cualquier caso, las cifras de crecimiento de Tarragona guardan relación con lo comentado anteriormente: la inversión en busca de la diversificación y, aquí, el puerto se está moviendo en la dirección correcta: los productos agroalimentarios serán cada vez más importantes, desde los graneles a los propios animales: hace 10 o 15 años apenas existían. También los vehículos, la pasta de papel o los contenedores, que no pueden hacer otra cosa que crecer, máxime con la inversión en Guadalajara. Falta, como siempre, la indefinición en el asunto del Corredor del Mediterráneo. Cuando hay acceso real a los mercados del centro de Europa mediante el ferrocarril, Tarragona crecerá, y mucho… depende de la voluntad de Madrid y de quienes allí gobiernen.
Finalmente, permitan que les hable de la gran relevancia de la autoridad portuaria en la ciudad que la acoge. Tarragona dispondrá, desde el próximo 15 de marzo, de un paseo marítimo nuevo, una vez inaugurada la nueva pasarela que salva las vías y el desnivel, hace pocos meses. La apertura real de la ciudad al mar se trata, sin duda, de una buena noticia, no sólo para los tarraconenses, sino para el conjunto de la sociedad. En esa línea se debe continuar.
* ver Nota de Prensa adjunta

