Han cesado a Benito Núñez Quintanilla, ya ex director general de Marina Mercante, y lo han promovido a secretario general de Transportes Aéreo y Marítimo, y a la vez han colocado a Gustavo Santana Hernández como nuevo director general de Marina Mercante (leer información relacionada). Santana Hernández, nacido en Puerto Rosario en 1973 es ingeniero naval, ocupó el cargo de viceconsejero de Infraestructuras y Transportes del Gobierno canario, y actualmente desempeñaba el puesto de consejero técnico en la DGMM.
Es verdad que cuando se produce un cambio de ministro la mayoría de las veces se renuevan los altos cargos de ese ministerio, porque el nuevo suele traer o conformar su propio equipo, pero en este caso estamos hablando de un ministro de transportes que estudió Derecho y fue alcalde de Valladolid, una ciudad alejada del entorno marítimo. Sorprende, por tanto, la rapidez del cambio y, sobre todo, el desdoblamiento de la Secretaria General de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana en dos secretarías: de una dependerá Marina Mercante, Puertos del Estado, Aviación Civil, AENA y AESA; y de la otra todo lo terrestre: carreteras, ferrocarriles, ADIF, etc. Todo parece indicar que estos cambios ya estaban cocinados antes de la llegada del nuevo ministro, y que Óscar Puente, actual mandatario del Ministerio sigue las indicaciones recibidas, una práctica que no suele traer buenos augurios cuando llegan los problemas, de manera especial en los órganos directivos responsables de Marina Mercante y Aviación Civil.
Benito Núñez Quintanilla ha sido durante los años de su mandato un buen director general, fue riguroso y efectivo en las decisiones que tuvo que tomar y llevó las 30 Capitanías Marítimas y los casi 84 distritos marítimos con personalidad propia obteniendo unos resultados satisfactorios en la operatividad de las mismas. En el sentido legislativo impulsó diversas normas que han facilitado el desarrollo y el mejor funcionamiento de sectores marítimos importantes del país como la náutica de recreo. Supo también moverse con discreción en las procelosas aguas del Ministerio, estanque donde acechan todo tipo de depredadores. A la vez, presidió con buen tino la Sociedad Española de Salvamento y Seguridad Marítima (Sasemar), un ente complejo y complicado de gestionar. Mantuvo la presencia de la DGMM en organismos internacionales, así como a los representantes españoles en la Organización Marítima Internacional que tan buena labor están haciendo; y por último mantuvo cohesionado el motor operativo que mueve la DGMM.

Sin duda, el nuevo cargo constituye una promoción política para Benito Núñez, pero también es cierto que el Ministerio pierde un puntal fundamental a la hora de tomar decisiones operativas en las emergencias marítimas. El cargo de director general de Marina Mercante es fundamental si queremos evitar catástrofes medioambientales como fue el caso del PRESTIGE, ejemplo claro de una gestión desastrosa del siniestro.
Aspecto interesante es la creación de la nueva Secretaría General de Transportes Aéreo y Marítimo. Aunque muy lejos una de otra en lo operativo y en lo legislativo, cierto es que puede constituir una puerta que abra el camino para alcanzar el Ministerio del Mar que el mundo marítimo reivindica desde hace ciento cincuenta años. Confiemos que el nuevo ministro de Transportes y Movilidad Sostenible (ex Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, MITMA) haga todo lo posible para la necesaria creación de un Ministerio que agrupe todas las competencias marítimas.
En referencia al nuevo director general de Marina Mercante, Gustavo Santana Hernández, nada que decir, desearle mucha suerte en el cargo y que tenga en cuenta que la Dirección General con sus Capitanías, Distritos Marítimos y Salvamento Marítimo es un mar tranquilo que se mueve con sus propias pulsaciones, hasta que aparecen los Idus de Marzo y ahí es cuando hay que demostrar el bagaje de conocimientos y el aplomo que conduce a las decisiones acertadas.

