Hasta donde es posible llegar con las migajas informativas que facilita el Gobierno, es decir Sasemar y la autoridad marítima, la embarrancada del BLUE STAR, un quimiquero de 9.438 toneladas de Peso Muerto, 128,2 metros de eslora y 19,5 metros de manga, no contiene ninguna novedad. El buque procedía de Bilbao y se dirigía a La Coruña, en lastre, cuando tuvo una grave avería en la máquina (algunas informaciones hablan de un incendio), quedando a la deriva. El viento reinante empujó la nave hacia la costa de la Ría de Ares, donde finalmente embarrancó y quedó aprisionado entre las piedras, de modo que no ha sido posible hasta ahora reflotarlo con la acción combinada de grandes remolcadores.
¿Cómo fue posible que el buque llegara hasta las piedras? Hemos de suponer que una vez advertida la avería, mucho más si hubo un incendio, el capitán del buque alertó a las autoridades españolas de la situación. De no haber obrado de esta manera, nos hallaríamos ante una gravísima negligencia del buque. Con el aviso, la obligación de las autoridades españolas era facilitar un remolque de salvamento que impidiera la varada. Una obligación ineludible. Sasemar posee una flota de remolcadores amplia y poderosa, precisamente para actuar en estos casos. Una vez el buque controlado y evaluados los riesgos, se decide con el armador, su seguro y la clasificadora, que hacer con él. ¿Llevarlo a puerto? ¿Fondearlo en condiciones de seguridad? ¿Alijarlo? De modo que la pregunta clave es: ¿a qué hora recibió Sasemar el aviso de que el buque tenía serios problemas?
El servicio de prensa de Sasemar, a la pregunta de NAUCHERglobal, afirma que el aviso vino a las 22.35 horas del viernes 22 de noviembre. Pero añade una frase críptica: “Salido de la Ría de Ares por garrear el ancla en el fondeadero”. Eso quiere decir que el barco, tal vez ante los problemas en la máquina, decidió entrar en el abrigo de Ares (lo cual coincide con la trayectoria del BLUE STAR revelada por el AIS), y, al menos, solicitó permiso para fondear. Es plausible pensar que tuvo que explicar la razón del fondeo. Y en ese caso, la obligación de Sasemar era disponer un remolcador de salvamento al lado del quimiquero para asistirlo si fuera preciso. Parece que nada de eso se hizo y el buque derivó lentamente hacia las piedras.
Hubo un director general de Marina Mercante en los años 80 del pasado siglo, José Antonio Madiedo, que afirma que la embarrancada en Finisterre del CASON, en el que murieron 23 tripulantes, fue propiciada por los intereses de una conocida empresa de remolcadores que esperaba hacer un gran negocio si el barco embarrancaba. En el siniestro del PRESTIGE, la actitud de los remolcadores de esa misma empresa, fue sospechosa y desastrosa. Tenemos pues experiencia en dejar que los mercantes se vayan contra las rocas ante el estupor de los ciudadanos y la indiferencia de las autoridades, que amenazan en un primer momento con investigar y abrir expedientes, pero que pasada la marea se olvidan alegremente. Así pasó con el ministro Alvarez Cascos, gallito él en el Congreso el 11 de diciembre de 2002, a veinte días del naufragio del PRESTIGE, y más tarde, hasta hoy, con amnesia profunda.
LAS DESVIACIONES MEDIÁTICAS
Entre tanto, la información que sirven los medios a los ciudadanos se entretiene en detalles que además trata de forma ignorante. Hablemos de Smit Salvage, la gran empresa de salvamento, posiblemente contratada por el armador registral del quimiquero matriculado en Malta, Cappadocia Shipping Ltd (¿o fue el operador del buque, Team Tankers International Ltd?), para intentar salvar el buque. De forma insidiosa se repite una y otra vez que Smit es la empresa de remolcadores que intervino en el PRESTIGE, desconociendo que Smit no posee remolcadores, contrata los que necesita en función del encargo. Y que en efecto participó en el frustrado salvamento del petrolero bahameño, un fiasco porque sus propuestas de salvamento habían de ser atendidas por un soberbio de escasas luces que ocupaba el cargo de delegado del Gobierno en Galicia, un personaje de una ignorancia oceánica y de un talante chulesco y malencarado. El tal Fernández Mesa, según declaró al tribunal el capitán holandés de salvamento destacado por Smit, ni le escuchó, Out le gritó parapetado tras su mesa.
Lo cierto es que el BLUE STAR no lleva carga y las 55 toneladas de gasóleo y 59 de fuelóleo que lleva en los tanques para consumo no suponen una gran amenaza y podrán ser bombeados con relativa facilidad. Una vez limpio, si la marea no ayuda a zafar la embarrancada, con la tripulación a salvo, el buque podrá ser troceado para chatarra. Una pena. Es un buque moderno, sólo tiene 8 años, todavía podría dar juego. Veremos.

