La situación de incertidumbre global y el panorama de seguridad inestable están abonando el terreno para los ataques cibernéticos. Esta semana, el protagonista ha sido el buque MSC ANTONIA, un portacontenedores de 304 metros de eslora y con una capacidad de 7.000 TEUS, que se encuentra encallada a una 100 millas de Jeddah (Arabia Saudita). Las primeras investigaciones lo achacan a una interferencia deliberada en el sistema de posicionamiento global, más conocido como ‘spoofing GPS’. Así, la compañía de análisis marítimo Windward considera que el incidente se ha producido por la falsificación de las señales de navegación, haciendo creer al sistema del buque que se encuentra en una ubicación completamente distinta.
La trayectoria del MSC ANTONIA, registrada en plataformas como MarineTraffic, mostró movimientos erráticos poco antes de quedar varado. La información coincide con los patrones de interferencia observados en incidentes previos, como el del STENA IMPERO que en 2019 fue forzado a desviarse hacia aguas iraníes por un ataque similar.
Los daos de Windward muestran que, en el primer trimestre de este año, más de 180 embarcaciones fueron afectadas por interferencias en el Mar Rojo. La distancia media de los ‘errores’ de posicionamiento del sistema AIS (identificación automática de los buques) ha pasado de 600 kilómetros entre septiembre y diciembre de 2024 hasta los 6.300 entre enero y abril de 2025.
Sistemas vulnerables: vuelta a los métodos tradicionales
El Reino Unido, a través de su oficina de Operaciones de Comercio Marítimo (Ukmto), confirmó que varios barcos en la región han sufrido apagones de señal GPS por horas. Esto ha obligado a las tripulaciones a recurrir a métodos tradicionales de navegación para evitar accidentes en una de las rutas marítimas más transitadas del mundo. Remolcadores trabajan desde hace días para reflotar al MSC ANTONIA, que aparece ligeramente escorado en los videos difundidos online.
El incidente del MSC ANTONIA no es un hecho aislado. De hecho, un informe publicado por Thetius, CyberOwl y HFW ya advertía en 2024 que los equipos necesarios para realizar un ‘spoofing básico’ cuestan menos de 100 dólares y que con el respaldo de un Estado, estas acciones podrían escalar a niveles regionales con consecuencias globales.
La industria marítima enfrenta un desafío silencioso pero creciente. A medida que los buques se vuelven más automatizados y dependientes de tecnología satelital, el riesgo de ser víctimas de sabotaje digital se vuelve más real. Lo ocurrido con el MSC ANTONIA debe servir como una llamada de atención: no solo necesitamos tecnología más avanzada, sino también protocolos más robustos y entrenamiento especializado para nuestras tripulaciones.

